Gabriela Arias Uriburu: “Mis hijos fueron puestos en medio de una guerra cultural y religiosa”
La historia de Gabriela Arias Uriburu sentó un precedente histórico en la jurisprudencia internacional. Pasaron 25 años desde que su ex esposo, Imad Shaban, se llevara a sus hijos a Jordania, mientras la familia residían en Guatemala.
Su lucha por la recuperación de Karim, Zahira y Sharif, fue más allá de una cuestión legal y a pesar de lograr un fallo histórico que le daba la tenencia de los niños, decidió ceder todas las demandas a cambio de poder visitarlos dos veces al año en Jordania, donde residían y de cuyo país ya habían adoptado su cultura e idiosincrasia.
Pasaron los años y hoy Karim y Zahina están casados. En tanto que Gabriela inició un camino de superación que muestra en cada uno de los libros que escribió y que se convirtieron en best sellers.
Hace pocos años, su hermana Marcela la invitó a hacer constelaciones familiares, realizando un abordaje emocional de los conflictos que atravesó y que, descubrió, estaban ligados a la historia que cargaba su abuela paterna, quien también había sido despojada de sus hijos. Este acercamiento la fue llevando a convertirse ella misma en consteladora y en su libro “Vínculos 2” dedica algunos capítulos a esta terapia creada por Bert Hellinger, para sanar “emociones que no nos pertenecen” y que “arrastramos de generaciones anteriores”.
Comunicadora humanitaria y creadora de la Fundación Niños Unidos por el Mundo - primera ONG que aborda la temática de la restitución familiar por los chicos-, Gabriela Arias Uriburu mostró otra manera de llevar adelante la maternidad, que ella misma señala que sigue siendo un proceso “enorme”.
En la actualidad se encuentra recorriendo el país presentando su libro “Vínculos 2”, que llega diez años después de aquel primer “Vínculos” donde se reencontró con su historia desde otro lugar: desde la resiliencia. En su visita a la provincia de Córdoba, Gabriela Arias Uriburu dialogó con MDZ sobre el profundo trabajo espiritual en el que se encuentra.
- ¿En qué consiste este nuevo libro y qué reflexiones mostrás luego de once años desde aquel primer “Vínculos”?
- “Vínculos 2 refleja toda mi profundización respecto a los vínculos, claramente, pero también sobre la enfermedad, la muerte, y la familia. Le dedico además dos o tres capítulos a hablar sobre las constelaciones familiares, porque en todo este proceso que inicié hace 11 años atrás, me formé como consteladora, me convertí en profesora de yoga. O sea, hay muchas otras cosas fueron pasando en mí.
Para mí ´Vínculos´ sigue siendo mi maestría. Yo creo que es uno de los grandes propósitos que ha traído esta historia familiar que hemos vivido y en el que uno se va despejando de distintas capas. Porque uno puede ver la vida con la primera capa, pero hay otras más debajo de ella. Yo leo Vínculos y es increíble porque se convirtió en un best seller. Es impresionante lo que generó. Y el vínculo con otro tiene esto de vida-muerte-vida. Por ejemplo, mudarse de casa o cambiar de trabajo tienen algo de ´muerte´. También las relaciones y la pareja constantemente nos están mostrando ciclos de vida-muerte-vida. ´¿Cómo me miro yo?´ ¿Me sigo mirando como aquella madre que buscaba a sus hijos? No, ya no soy esa. Entonces ¿quién soy hoy? ¿dónde está la mirada? ¿Está en el presente o está en el pasado? Bueno, todo esto trae este nuevo ´Vínculo´. Que además tiene una tapa con un dibujo hermoso que hizo la esposa de Karim, y que muestra como un vacío, una vacuidad, que así me sentí cuando ocurrió todo esto.
- Sorprendió saber sobre tu aproximación a las Constelaciones Familiares. ¿Cómo fue que llegaste a esta terapia y a través de quién?
- Bueno, para el año 2006, me llama mi hermana Marcela una mañana y me dice: ´Me acaba de llamar Francisca´, que su hija (mi sobrina), quien estaba viviendo una situación de desesperación. Ella vive en un país en el extranjero y se iba a divorciar con el marido pero él le dijo que se quería quedar con la hija de ambos. ´Se está repitiendo´, me dijo. ´Todo lo que vos estás haciendo es fantástico, pero se está repitiendo la historia´. Ya hacía un tiempo que había tomado conocimiento sobre la historia mi abuela paterna a quien le habían sacado a los hijos. Entonces me propuso ir a ´constelar´. ´¿Qué es eso?´, fue lo primero que me pregunté. Marcela se tomó un avión para poder conciliar con su hija y su yerno. Es interesante porque a través de mi historia, ella toma todos los recursos para poder llegar al lugar donde estaban ellos y lograr aclarar y conciliar entre ambos. Vuelve después de todo ese periplo y me lleva a constelar. Y para mí la experiencia fue impresionante. Con esto no quiero decir que todos tenemos que constelar. En el sistema o en los miembros de una familia son algunos los que están llamados a hacer las constelaciones, a entrar a constelar, porque traen esa fuerza que el sistema pide.
Hoy me pasó que en un mensaje en Instagram una psicóloga que hacía mucho que no hablábamos, me dijo: ´yo no estoy tan de acuerdo con las constelaciones familiares, y no las recomiendo´. Creo que en eso hay que respetar los paradigmas de cada uno. En mi caso, creo que la historia me ha llamado a hacer muchas cosas en distintos ámbitos terapéuticos. Soy una persona que reúne conceptos y no solamente de occidente sino también de oriente.
- Pasaron 25 años desde que iniciaste tu lucha por la recuperación de tus hijos, de obtener un fallo favorable y sin embargo renunciar a la tenencia. ¿Cómo ves tu historia a la luz de lo vivido, en especial en esta época donde el feminismo se expresa con más fuerza?
- Yo inicié este camino en el año 1997. Lo pongo en ese contexto de época porque era otro mundo. Yo podría haber luchado y haber ido por los derechos de la mujer, pero la historia me convocó a luchar por los derechos de los niños. Yo inicié todo un camino nuevo por los derechos de los niños en toda circunstancia. Una forma de mirar al niño es entrar en un estado de superioridad, pero no propio: al niño hay que cuidarlo, hay que protegerlo, hay que proveerle todo lo que necesita para su crecimiento.
Como mamá no tenía que luchar por mis derechos, sino restituirle vida a mis hijos. Ellos habían sido puestos en medio de una guerra cultural, religiosa, de derecho; en una pelea entre padres. Y mi labor fue decir: “Hay que reconstruir acá. No hay que seguir generando más guerra en el hijo”. Por eso hoy, cuando los padres o las madres vienen a hacerme una consulta, yo lo que les digo es que el niño necesita que alguno de los adultos debe empezar a resolver, y no generarle más daño. Ese niño no les pertenece, no le pertenece a nadie. El niño necesita del crecimiento de los dos.
En mi caso, fue un acto muy grande desde mi maternidad, pero para mis hijos era necesario. Era lo que había que hacer para ellos. Por supuesto que hay mucha gente que no coincide con ese acto, que me cuestionaron la forma de ejercer esa maternidad. Pero hay algo que entender y es que en la concepción cuando el espermatozoide llega al óvulo, éste lo ´apropia´, para concebir, para gestar y para dar a luz. Sería bueno que aquellas mamás que nos están escuchando o leyendo vean qué hacen con su hijo. Si se lo apropian o lo dan a la vida. Porque cuando nace, el hijo nace a la vida. Y ahora voy a un punto mayor. Ese hijo que nació es mitad mamá y mitad papá. Y hoy ocurre en muchísimas familias que tratan de sacarle ´ese porcentual´ a ese hijo.
También he tenido muchas consultas de chicos o de mujeres y hombres que han sido abandonados por alguno de sus papás. Y en la situación de abandono, hay otras cosas que aparecen. Pero en la situación donde el padre o la madre empiezan a luchar queriendo arrancar una de las partes que conforman la unidad del hijo, l e genera a ese niño es muchísima perpetración. Y va con esa perpetración por la vida que después, en la adolescencia, esto se muestra sin anestesia.
El otro día también me escribió una mujer que el exmarido se había llevado al hijo. Y le expliqué que debía aprender a ver el enorme dolor que él tenía. Le dije que no lo tomara como una cuestión personal. Muchas veces los padres o las madres toman a los hijos para saciar ese dolor que está muy en el inconsciente. Por eso, ahí empiezo a mirar lo que hay detrás de él, qué pasó con la historia de su papá y mamá y con su propia historia.
Bert Hellinger, en las constelaciones familiares, dice que cuando ese hombre y esa mujer siendo destinos separados se unen, conforman una unidad de destinos. En esa comunidad de destinos que conformamos Imad y yo, por ejemplo, se vino a mostrar una situación que había vivido mi abuela paterna, y que necesitaba resolverse en mí, en mis hijos. De alguna forma, en las historias donde la familia se fue separando, hay alguien de las generaciones siguientes que van a tener el propósito de reunir eso. Pero no para hacernos más daño, sino para redimir, para reconciliar. En algún momento el hombre y la mujer van a tener que encontrarse en esa reconciliación.
- ¿Cómo vos pudiste hacerlo con Imad, el padre de tus hijos, con quien tuviste que retomar el vínculo para acceder a tus hijos?
- Bueno, es que fue toda una tarea y que sigue siendo una tarea para mí y para él, porque somos Occidente y Oriente. Siempre estamos en una escala de oposición enorme. Fuimos creados y nacimos en culturas diferentes. Quizás alguien que puede estar leyéndonos o escuchando diga: “Bueno, y ella ¿para qué se juntó con una persona de otra cultura?”. ¡Pero si ahora estamos en una humanidad donde estamos todos unidos!. Cuando vos estás en tu red social abriendo tu Instagram vos estás en el mundo, estás relacionándote con el mundo.
- ¿Podrías resumir el camino recorrido en una palabra?
- No, no lo puedo resumir con una palabra. Te podría decir amor, resiliencia o paz, pero lo cierto es que vivo un proceso continuo de transformación y de conciencia. A mí me ha tocado vivir algo que me llevó por todos los rectores de la vida y que me llevó a una maternidad impensada. Sigo en un viaje y en una maternidad enorme, donde hoy desde las acciones que están haciendo mis hijos, veo cosas que nunca pensé que iba a ver en ellos.