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El punto fotográfico “de película” que no te podés perder si vas a Cafayate

El paisaje que bordea la sinuosa RN 68 es un festival de formas y colores. Recorrerla desde la ciudad capital hacia la tierra de los viñedos, es una maravillosa experiencia. Pero hay un lugar, donde no todas las excursiones se detienen, que es el deleite de los cinéfilos y vale la pena descubrirlo.
Relatos Salvajes En la RN68 hay un punto fotográfico imperdible que se convirtió en atracción turística para cinéfilos. Foto: Gabriela Yalangozian
Relatos Salvajes En la RN68 hay un punto fotográfico imperdible que se convirtió en atracción turística para cinéfilos. Foto: Gabriela Yalangozian

Uno de los puntos de visitas obligados que tienen los turistas que visitan la provincia de Salta, es recorrer la ruta nacional 68 para llegar a la tierra de los viñedos y las bodegas: Cafayate.

La travesía en si misma es maravillosa, por el camino sinuoso, las altas formaciones de rocas con variadas morfologías y esa tierra roja que se recorta en el cielo nuboso al atardecer arrojando distintos colores y siendo un espectáculo para la vista.

En la excursión pueden observarse formaciones con nombres especiales como “El Sapo” o “El Titanic”. Pero es imperdonable no detenerse en la reserva natural “Quebrada de las Conchas”, que es patrimonio cultural y un sitio sagrado de la comunidad indígena Suri Diaguita Kalchakí. Además, un cartel en el ingreso de la grieta que conduce a “El Anfiteatro” asegura que, además de ser un centro de estudios de la cosmovisión diaguita, es “una puerta al Supramundo”. 

La "Garganta del diablo" una de las atracciones de la Quebrada de las Conchas, en el camino a Cafayate.

A pocos metros, se encuentra la “Garganta del diablo”, una secuencia de rocas sedimentaria, compuesta por materiales que se acumularon con el paso del tiempo,  por la erosión del viento o el agua, con es este caso, moldeando y desgastando las rocas que se originaron hace 500 millones de años.

Pero hay un punto fotográfico que no todas las excursiones realizan y que es el deleite de los cinéfilos. Es que no siempre se tiene la oportunidad de poder sacarse una selfie en una reserva natural que fue escenario de una película argentina premiada en todo el mundo.

A escasos kilómetros de estas últimas dos formaciones rocosas, se puede observar hacia la mano contraria un viejo puente de hierro. A pocos metros, un automóvil incendiado y un cartel escrito a mano con una pintura blanca que reza “Relato Salvaje ”.

Una de las imágenes del filme de Szifrón, "Relatos Salvajes".

“El más fuerte”

Es en ese preciso kilómetro 60 de la Ruta Nacional 68 donde se produce el desenlace de una de las historias que componen la película escrita y dirigida por Damián Szifron, y estrenada en agosto de 2014 en Argentina.

“Relatos Salvajes” es una antología compuesta por seis historias, todas ellas con un clima de tensión que mantiene en vilo al espectador de principio al final. Es en el Puente Morales se filmaron las últimas secuencias de “El más fuerte”, el tercero de los relatos, que protagonizan Leonardo Sbaraglia y Walter Donado. 

Quién vio el filme recuerda ese cruce entre dos conductores de clases sociales distintas, que va creciendo en grado de violencia hasta límites insospechados. Allí, Sbaraglia es Diego Iturralde un empresario millonario que viaja por la Ruta 68 en un auto de alta gama (Audi), y se cruza con un viejo automóvil (un Peugeot 504) que le impide avanzar. Al intentar rebasarlo, el otro con malicia le bloquea el paso. Esto ocurre en la Quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy, a la altura de Bárcena. 

Cuando Diego logra dejar atrás al Peugeot, y le dirig un fuerte insulto al automovilista, ya varios kilómetros más adelante y en territorio de la provincia de Salta, se le revienta un neumático, lo que lo obliga a parar en la banquina. Allí logra alcanzarlo el conductor de quien se había mofado cuando lo sobrepasó.

Un cartel escrito a mano señala como un mojón el vehículo incinerado de una de las historias de "Relatos Salvajos". 

Mojón de un “relato salvaje”

Todas las escenas que se producen después, fueron filmadas en ese puente de hierro salteño e incluyen un desquiciado enfrentamiento. Como mojón de que ese es el punto de referencia para este “relato salvaje ”, quedó en el camino el Peugeot carbonizado y el cartel alusivo. No todos los guías de turismo se detienen en el lugar, pero vale la pena hacerlo porque el escenario es ideal para las mejores selfies, con el fondo de la Quebrada de las Conchas por detrás. En especial cuando se regresa casi al atardecer a la ciudad de salta y el sol juega con los colores de las formaciones rocosas y las nubes en el cielo.

Toda una curiosidad que encierran los cerros de los Valles Calchaquíes. Y que desde el estreno mismo de la película se convirtió en una atracción turística por sí misma.