La dura visión de argentinos que emigraron sobre la actualidad del país
La Argentina está, otra vez, en medio de una crisis de final incierto. Son días difíciles. Inflación desbordada, salarios deprimidos, falta de dólares, pobreza en alza, inseguridad, tensión política. Una historia que se repite cíclicamente. Para quienes viven en el país, la incertidumbre es permanente. Es imposible abstraerse de semejante contexto. Pero también hay otros argentinos que, a la distancia, no pueden escapar de esta realidad. Son los emigrados. A pesar de la lejanía, hay lazos que no se rompen ni aún con el paso del tiempo. Vínculos familiares, amistades y el sentimiento de pertenencia a un origen común mantienen viva esa conexión con el concepto intangible de patria.
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Pese a los kilómetros que los separan, lo que sucede en la Argentina no les es indiferente. Una muestra son estos testimonios recogidos por MDZ de argentinos emigrados para saber cómo viven desde el exterior la situación actual del país.
Fabián emigró en 1998. Después de diez años en Estados Unidos, se radicó en Noruega, donde formó una familia. Periodista, sociólogo, profesor: “Veo que hay varias maneras de enfrentar lo que sucede en la Argentina. Hay argentinos que toman distancia, que se adaptan a otras realidades y hay una especie de relación mítica con la Argentina. En mi caso es un poco distinto porque como sociólogo y profesor en la universidad, trabajo sobre América Latina. Quizás pertenezco a ese grupo de argentinos viviendo afuera que está bastante enterado sobre lo que sucede. Incluso, hasta puede ser perjudicial para la salud. Escucho distintas radios argentinas, leo diarios de diferentes espectros, desde oficialistas hasta opositores. La conexión es cotidiana con la diferencia de que no estoy ahí. Ahora hay un cambio en la manera de vivir afuera. No es como en los ochenta o noventa, en la era preinternet, donde había que esperar en Europa que lleguen los diarios argentinos. Y lo que pasa hoy lo vivo con preocupación, a veces con angustia. Sobre todo temas que tiene que ver con la inseguridad y la violencia porque tengo familia en la Argentina. También pago cosas en la Argentina, así que sé cuánto cuestan las cosas, estoy al tanto de los aumentos. Vuelvo casi todos los años. Por eso, lo vivo de una manera bastante cercana".
Roberto es cordobés, se dedica a la informática y hace cinco años está radicado con su familia en Nueva Zelanda: “Lo vivo con mucho dolor. Emigré hace cinco años y volví por primera vez el último verano. Desde que me subí al último avión, no he vuelto a leer noticias. Cuento días y voy ochenta y cinco. Para mí Argentina es como un país en guerra, viendo las discusiones y cómo reaccionan distintos referentes, no encuentro señales que me generen esperanza. Antes lo sufría más, al punto que comenzó a afectarme la salud y me tuve que ir. Ahora me focalizo en los familiares y amigos y sí, me preocupa mucho.”
Mariángel, junto a su marido, dejaron el país en julio del 2021. Hoy están instalados en Italia: “Tengo una versión holística de lo que me pasa. Hace unas tres semanas estuve en Bueno Aires por segunda vez desde que nos fuimos y la verdad es que me sentí muy diferente a la primera vez que fui. La primera fui con miedo, me movía por la calle con mucho miedo. Esta segunda vez fui más como con la impunidad del turista. Me sentí un poco más tranquila. No segura, tranquila. La verdad es que la Argentina es un país para ir de turista porque para vivir, durante los quince días en los que estuve, el único tema del que se hablaba era de política, de los cortes de luz, de la inseguridad, de que no se llaga a fin de mes. Son las mismas cosas que se hablan desde hace años, muchos años. Sólo que, ahora, estando afuera, es mucho más evidente cómo están todos metidos en algo que es extremadamente tóxico", explicó.
Y agregó: "Reafirmé que Argentina me sigue doliendo un montón. Ahora tengo otra realidad para comparar, otro lugar donde vivimos y veo cómo se hacen las cosas y me da mucha pena. Veo como mi familia, mis amigos, mis seres queridos que quedaron allá tienen que estar soportando todo lo que pasa. Tengo una amiga que me dice cómo se va perdiendo la posibilidad de verme, de viajar, de venir a visitarme. Parece un problema menor, pero es muy triste y es absurdo. Pienso que las vacaciones grandes las voy a tener que hacer en la Argentina porque va a ser la única forma que vea a la gente que quiero. Cada día les es más difícil salir del país, darse gustos, viajar o disponer de su plata como quieran. Todo lo que pasa no me afecta como cuando vivía en Argentina. Yo me fui porque me afectaba muchísimo la situación del país. Me despertaba enojada, con bronca, despotricando contra todos y ahora gané salud mental, pero veo a todo lo que están sometidos los que quedaron en el país y me da tristeza y bronca. Es tan fácil, entre comillas, lo que hay que hacer para que Argentina esté bien y nos seguimos tropezando con la misma piedra. Seguimos con las mismas discusiones que hace treinta años o sesenta, cien y es doloroso. No por nada Tato Bores sigue estando tan vigente porque los problemas son los mismos. Honestamente, perdí toda esperanza. Por eso es que me fui”.

Eduardo se fue hace poco más de un año a Israel con su mujer. La particularidad es que lo hizo con 61 años y después de luchar muchos años contra la realidad argentina: “Estoy siguiendo las noticias continuamente ya que no puedo desentenderme de lo que pasa allá después de más de 60 años. La sensación es que coyunturalmente ya se está llegando a un punto de inflexión donde todo lo que pase después, va a ser para mejor porque se está cerca del fondo del pozo. Pero para tocar fondo van a pasar varios meses mucho más duros que lo que pasa ahora y hay gente que no va a poder soportarlo. Y ahí va a depender de quién gane las elecciones para lograr pasar ese mal trago que inevitablemente sucederá. Ese futuro presidente va a tener que prometer sangre sudor y lágrimas y no esperanzas vacías, para poder superarlo. No sé si hay algún político que pueda hacerlo, y que la gente lo vote por ser sincero. Ahora, si se revierte la situación, pasarán varios años hasta estar como antes de la pandemia que tampoco era un mar de rosas. Y con tanta pobreza, falta de educación y falta de cultura del trabajo ya creo que serán décadas para poder llegar a ser un país medianamente normal. Y ni que hablar de la inseguridad y el narcotráfico que hay hoy en día. Después de quince meses viviendo en el primer mundo y viendo que las cosas se pueden hacer de otra manera, no tengo muchas esperanzas de grandes cambios en Argentina. Seguirá con vaivenes de repunte y caídas como en los últimos 50 u 80 años, pero peor, porque el punto de partida de cada ciclo es más abajo que el anterior, en cuanto a pobreza y seguridad. Espero equivocarme por el bien de mi familia y amigos que están allá, y por todos los argentinos que se rompen el lomo todos los días para sobrevivir. Y por último una cosa de la que pocos hablan. La falta de proteínas en chicos de 0 a 3 años, es lo que el próximo gobierno tiene que priorizar, o esos chicos, el día de mañana, cuando haya trabajo, no puedan trabajar por falta de capacidad cognitiva. Algo que ya está sucediendo como consecuencia de los últimos 20 años de miseria”.
Cristian es médico y, desde hace más de 10 años, vive fuera del país. Hoy está radicado en Suecia: “Estoy muy preocupado. Preocupado por mi mamá, por mi hermana, por mi hermano, que tiene un hijo de cuatro años. Estoy muy preocupado por ellos que viven en la Argentina. En estos días, lo que hago es escuchar los noticieros, ver lo que pasa, seguir el día a día, aunque esté viviendo en Suecia. Lo que pude hacer ahora es el trámite para votar. Desde que emigré, en el 2011, no podía votar en la Argentina, pero ahora me decidí a ir a votar porque Argentina tiene que dar un cambio rotundo. Todo lo que está pasando me angustia".

