Quién fue Procesa, la hermana alborotadora de Sarmiento
“El Loco” le decían. Ese era Domingo Faustino Sarmiento, el “cuyano alborotador”. Tuvo cuatro hermanas: Francisca Paula, Bienvenida Vicenta, María del Rosario y Procesa del Carmen. Ellas por añadidura serán: “las locas Sarmiento”.
Seguramente el apelativo, munido de recelos, enconos y broncas intestinas acarreadas de aquellos tiempos, fue una exageración de la época impuesto por los enemigos que Domingo Faustino se había sabido ganar. Lo que sí podemos confirmar leyendo las historias de esas cuatro muchachas, fue que tuvieron “luz propia”, talento y coraje para sostener intransigentemente posiciones personales e ideológicas en encrucijadas muy complejas. Fueron corajudas para transgredir las normas y tuvieron que hacerse cargo de portar un apellido. Eran “Sarmiento”, en momentos en que sí alguien no pasaba inadvertido indefectiblemente era su hermano.
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La precursora que rompió el molde
En esta nota presentaremos una semblanza de la vida de una de ellas: Procesa del Carmen (1818 – 1899). Fue la hija menor del matrimonio de José Clemente Cecilio Sarmiento y Paula Zoila Albarracín (una curiosidad de época: Paula fue cuatro años mayor que su marido). Tuvo 15 hermanos. Muchos murieron tempranamente sin llegar siquiera a ser bautizados y cuesta encontrar registros de todos ellos.
Procesa fue “la consentida”, “la chiquita”, “la regalona”, y a quien Domingo Faustino estimulará constantemente. Había nacido en el seno de una familia donde de política y guerras se hablaba diariamente. Su padre fue soldado de San Martín en la gesta emancipadora. Peleó heroicamente como Capitán en Chacabuco. Don José, ya viejito en su exilio francés se lo recordará muy conceptuosamente a Domingo Faustino (“joven con enorme proyección”, según Las Heras) ante la visita del sanjuanino a Grand Bourg, meses antes que el libertador se mudará a Boulogne Sur Mer. Mientras tanto su madre, Doña Paula, será inmortalizada por la iconográfica historia argentina tejiendo en su telar bajo la higuera. Injusto. Paula Albarracín Irrazábal fue muchísimo más que esa imagen.
Por supuesto en ese hogar sanjuanino también se hablaba mucho de arte y educación. Dos de las hermanas de Procesa (Bienvenida y Rosario) fueron destacadas maestra y la mayor (Francisca, “la santa” para la familia) siguió los pasos de su madre destacándose en el arte de la costura, los telares y la enseñanza de esa disciplina.
Pero volviendo a Procesa sostendremos que será una precursora de la pintura argentina. “Rompió el molde”. Algo novedoso para su tiempo, donde tanto la guerra como las artes plásticas eran patrimonios casi excluyentes de los hombres. Se casó “grande”, otra curiosidad para la época. Tenía 32 años en el momento del casamiento.
Su marido fue el ingeniero francés Jean-Michel Benjamín Lenoir. Un intelectual formidable. Amigo de Domingo Faustino, quien lo recomendará a las autoridades nacionales y también al gobernador mendocino Carlos González Pinto para que se haga cargo de la catástrofe educativa que había producido el terremoto de 1861. Lenoir será nombrado Inspector General de Escuelas en 1865 realizando una tarea descomunal, convirtiéndose en uno de los artífices de la reconstrucción de la nueva Mendoza. Fue en el tiempo de la estadía mendocina, junto al nombrado marido, donde fundó una escuela de artes plásticas y enseñó pintura en el Colegio Superior de Señoritas dejando una huella en las futuras generaciones mendocinas.
Sarmiento, tenías que ser
Algunos dicen que era la que más lo peleaba a Domingo Faustino. Esa provocación será quizás lo que hizo que Sarmiento vislumbrara en ella un talento particular y un temple especial. Era brava “la Procesa”. Eso hizo que junto a sus hermanas y su madre (“las Sarmiento”) tuvieran que emigrar a Chile.
El propio Sarmiento le enseñó a “la chiquita” las primeras letras y con él dio las iniciales pinceladas que la introdujeron en el dibujo y la pintura. Y fue el mismo hermano quien años después le pagó sus primeras clases con el pintor y músico francés Amadeo Gras (1805 – 1871).
Pero habíamos comentado que perseguidas por el rosismo sanjuanino (Nazario Benavidez) tuvieron que partir a Chile. Fue en 1842; eso no hizo mella en ella. En San Felipe fundó con su hermana Bienvenida el “Colegio San Juan y Santa María”, que hoy aún lo recuerdan como “el colegio de las Sarmiento”. Al año siguiente se mudará a Santiago donde comenzará a tomar clases de pintura con el destacado francés Raymond Auguste Quinsac Monvoisin (1794 – 1870). El encuentro con el maestro europeo producirá un cambio paradigmático y artístico en su obra. Fue cuando (como dicen en la jerga) Procesa “explotó”. Su obra creció y no paró hasta convertirse para muchos especialistas en la primera pintora argentina. En Chile también su reconocimiento fue enorme, donde tuvo de compañero de estudio en las clases particulares brindadas por Monvoisin al gran pintor mendocino Gregorio Torres (1819 – 1879), otro precursor del arte cuyano y uno de los pintores más renombrados del arte posrrosista.
Su obra y su legado
Junto a su marido fundará escuelas en Santiago y en Copiapó. Retratará a personalidades como al presidente chileno Manuel Montt, Juan María Gutiérrez, Gregorio de Las Heras, a su maestro Raymond Monvoisin, Vicente Fidel López, al pintor Mauricio Rugendas, entre otros. Uno de sus últimos cuadros fue “La Virgen del Perpetuo Socorro” venerada en la Iglesia de Santo Domingo de San Juan.
Falleció el 15 de septiembre de 1899 a los 81 años, en la misma casa del barrio Carrascal que la vio nacer. Se peleaba con su hermano por temas religiosos. Ella era una ferviente católica; Domingo un agnóstico. El presidente Sarmiento le ponderaba sus licores y dulces, aunque siempre terminaban peleando por ese tema. Ella le reclamaba su apasionado desvelo por las mujeres. Él le decía que esa pasión lo mantenía vivo. Pero, sobre todo, Domingo Faustino percibió lo que el tiempo corroboró: fue una adelantada que abrió la puerta a cientos de mujeres en un campo sin tradición, ni antecedentes femeninos. Ella fue la primera. Procesa, “Sarmiento tenía que ser”.