La hipocresía de celebrar datos en un país que no respeta la infancia
Mientras el mundo estaba en vilo con la llegada de un virus desconocido en los primeros meses de 2020, el universo de Valeria (34) tenía otro color a pesar de las dificultades. Con 32 semanas de embarazo y su cuerpo casi listo para amamantar, ella soñaba con el momento en que al fin sus pequeños pudieran conocer a su hermanito, Alejo. Fue en los primeros días de abril cuando un malestar la llevó de urgencia al centro de salud más cercano a su casa. La atendió una doctora, la revisó, le hizo tacto y la mandó de vuelta con la indicación para que hiciera reposo. "Cuando fui ese día me dijo la persona que me recibió que por qué iba si yo tenía el turno en dos días. Yo le expliqué que no me sentía bien y que por eso había ido. Cuando volví a casa sentí que me salía líquido, tenia miedo de haber roto bolsa. Así que volví al centro de salud. Cuando llegué me dijeron: "¿Hasta cuándo vas a venir seguir viniendo? Andá a tu casa".
Valeria jamás podrá borrar de su memoria y de su corazón ese martes. "Seguía perdiendo líquido y por eso me fui de urgencia al hospital con mi esposo. Cuando llegamos, me dijo una doctora que habíamos perdido mucho tiempo y que no deberían haberme hecho tacto, que con ese procedimiento rompieron la bolsa y mi bebé estaba en peligro", expresa en su relato. Ya pasaron casi tres años. La mujer recuerda cada uno de los detalles de esos instantes en los que vulnerable y dolorida sintió la esperanza derrumbarse. Todos los controles a lo largo de la gestación habían salido bien. Alejo nació a la fuerza, el 8 de abril de 2020.
"Está seco, no te tendrían que haber roto bolsa antes de tiempo; demoraron en mandarte para acá. No sabemos si va a vivir", le dijeron cuando ella aún no lograba sentir calma ante el dolor. Dolor de cuerpo y dolor de alma. Alejo estuvo internado en el área de neo de una las maternidades estatales más importantes del país. Murió a los veinte días, después de afrontar una operación y dos infecciones.
Valeria y su esposo pudieron verlo tan solo cinco minutos por día, detrás del vidrio de la incubadora. Debían cumplir el protocolo por la pandemia de covid. "Cuando murió nos llamaron y nos dijeron que se había descompensado. Cuando fuimos a buscarlo ya hacía varias horas que había fallecido. Nos lo entregaron y solo nos dijeron: vayan por aquél pasillo, ahí pueden hacer el trámite. Ni a lo animales los tratan así", comparte la mamá que decidió hacer público su caso. No hizo denuncias formales. "Estábamos destrozados; ya no teníamos fuerza para revivir todo y hacer denuncias en la policía. Intentamos reconstruir nuestra vida por nuestros otros hijos y seguir adelante a pesar de todo", aclara consciente de que por más denuncias que hiciese, nada ni nadie le devolvería a su pequeño. La cuna quedó vacía; a sus otros hijos pequeños Valeria debió explicarles que simplemente, su hermanito no llegaría a casa.
Su sentimiento es y será de impotencia. Aunque busque respuestas, nunca las tendrá. En realidad, las situaciones que vivió Valeria tienen nombre: violencia obstétrica, imposibilidad del sistema de salud para responder de la manera adecuada ante las urgencias y vulnerabilidad. Ella, además de pertenecer a la mitad de las familias pobres de Argentina, vive en un asentamiento. Cuando fue al centro de salud en la emergencia, hubo dilaciones innecesarias en la atención y un procedimiento inadecuado. Pero desde el Gobierno Nacional y también en varias provincias, las autoridades sanitarias celebran que los números sobre mortalidad infantil hayan bajado.
En 2021 se registraron en el país ocho bebés nacidos vivos (por cada mil) que murieron en el país antes del año de vida. Una tasa -aseguró la ministra de salud Carla Vizzotti este lunes- considerada "histórica" con 4.238 decesos de bebés, un 6% menos en comparación a los ocurridos en 2020. Los informes, oficiales indican además, que las causas de los fallecimientos están ligadas a causas perinatales (problemas durante el parto), bajo peso al nacer y prematurez.
¿Ninguna de esas más de 4 mil muertes de bebés se pudo evitar? El dato que no está presente en esas estadísticas tiene que ver, precisamente, con las falencias propias de un sistema de salud que no siempre responde en tiempo y forma. Un sistema en el que la atención primaria adolece de especialistas que hagan frente a la demanda creciente de atención y que en 2022, en todas las jurisdicciones quitó la entrega de leche en los centros de salud a cambio de sumar 800 pesos más en la cuenta de planes sociales. Una decisión que cayó como un balde de agua fría en miles de familias cuyos bebés necesitaban de esa leche de fórmula.
Las madres más pobres, aquellas que no hallan posibilidades ante la crisis, otra vez, se llevaron la peor parte. Porque claro está, que no es posible contar con leche materna de calidad sin la alimentación adecuada. La mala nutrición por déficit de nutrientes durante el embarazo, el parto y la lactancia es otra realidad que causa justamente, bajo peso al nacer y prematurez. Tampoco está presente en las estadísticas que explican las causas de la mortalidad de bebés.
Valeria, al igual que miles de mujeres pobres en Argentina se quedó sin respuestas. Y sin Alejo. Mientras tanto, las estadísticas se seguirán ajustando a una realidad paralela y tergiversada, alejada del sentir de miles que siguen pidiendo a gritos soluciones eficientes y ante todo, buen trato.