¿Cómo seguir escondiendo el elefante del suicidio adolescente?
Un joven de 28 años escribe lo siguiente: "Solo hay un problema filosófico verdaderamente serio, y es el suicidio…si la vida es o no digna de ser vivida…la pregunta fundamental de la filosofía. Todo lo demás…viene después”. El planteo de este joven era que la vida tiene que tener un sentido, sino todo lo demás, las especulaciones o búsquedas filosóficas eran absurdas, a tal punto que el párrafo anterior es el comienzo de una obra que gira alrededor del mito de un personaje: Sísifo.
Albert Camus, de él se trata, entendía en la línea de los pensadores, escritores, filósofos dedicados a indagar sobre las profundidad del alma humana como Nietzsche, Dostoyevski, que todo giraba alrededor del sentido de la existencia. Quizás por los planteos de Camus, muchos piensan que su vida terminó con un suicidio, sin embargo fallece a los 46 años en un accidente de tránsito. La “cuestión del suicidio” implica entender, repensar todo el sentido de la existencia, sin embargo, quizás por la magnitud que implica sigue siendo algo negado, que solo reaparece a nivel mediático cuando por las características del hecho tiene ribetes que pueden convertirlo en noticia a ser replicada.
En estos días, un hecho con esas características ocurrió y ameritó que superara el interés, a todos los otros que ocurrieron en el mundo ese mismo día, a razón de uno cada 40 segundos, es decir, más de 2.000 personas por día. Muchos de esos casos son adolescentes y jóvenes, siendo una de las causas de muerte más frecuentes en esa franja de edad. Tal como Camus planteaba, el suicidio no es algo simple y con respuestas lineales, sino que implica integrar todos los aspectos de la vida.
Sin embargo, el suicidio lleva a negaciones (el “de esto no se habla” que tantas veces me han planteado), a reduccionismos, para evitar a toda costa indagar sobre algo que nos pueda cuestionar sobre nuestra existencia. Es más fácil pensar en una causa que explique todo y especialmente permite encajonar de nuevo el tema, y pasar rápidamente a otro. Como ejemplo, los suicidios se han incrementado, en la pandemia y especialmente en la postpandemia, sin embargo, cómo no recodar a un “experto”, especialista en infancia, diciendo repetidamente que “a los chicos no les iba a pasar nada”.
Sin embargo, en un lugar de España, en Cataluña, vieron crecer significativamente los intentos de suicidios (un estudio habla de un incremento del 22% de las tentativas en el último año en esa región), y eso nos lleva al hecho. En estos días dos hermanas gemelas argentinas viviendo en Cataluña, de tan solo 12 años, es decir, de 9 al inicio de la pandemia, se arrojan desde un edificio. Inmediatamente quizás la tiranía de los titulares, los medios hablan de bullying, transfobia, hasta discriminación y porque no racismo.
Esos etiquetados sirven para marcar límites a un tema y así limitar nuestra angustia y ya estando en el terreno de una definición abocarnos a ella y no mirar nada más. En este caso, en cuanto a esas consideraciones, el acoso aparentemente existía, especulan por su acento, por ser argentinas y además una de las dos hermanas se encontraba en el medio de un proceso de transición de género y pedía ser llamada Ivan, lo cual habría generado diversos inconvenientes con sus compañeros de la misma edad.
¿Se preparó a todos estos niños para estos procesos de mudanza, ambos con profundo sentido psicológico, o simplemente se les
habló del bullying y de la doctrina de género? Sin embargo abordar estos temas implica líneas abiertas en continua transformación, donde el contexto, la “cuestión central”, sigue siendo lo multifactorial de la vida, del sentido o no de la misma y quizás en consecuencia de la muerte. ¿Qué es ser adolescente en el mundo hoy, qué riegos implica y en definitiva que no estamos queriendo escuchar?
En una sociedad en transformación casi impredecible, colocar los temas en un cerrado cajón conceptual, genera alivio en quienes quieren respuestas rápidas y así evitar las incomodidades que plantea la realidad. Es reasegurante y hasta sirve para posturas ideológicas, hablar de acoso, transfobia o lo que fuera, pero tal como planteaba Camus, hasta que no se aborde sin autoengaños el tema, todo lo demás será solo un juego de niños…a los cuales no estamos protegiendo, sino solo cuidando nuestro propia imagen en el espejo colgado del muro detrás del cual hemos escondido al elefante de la incómoda realidad.
* Enrique De Rosa Alabaster es psiquiatra forense médico legista MN 63406
Presidente Asociación Argentina de Victimología
@enriquederosa
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