“El Tropero” Sosa como el primer descamisado mendocino y que viva San Perón
Para algunos fueron egipcios los primeros en plantar parras hace 7.000 años atrás; jeroglíficos y dibujos que muestran esclavos pisando uvas en una cesta lo demostrarían. Pero hay también quienes sostuvieron que fue en Sumeria el lugar de las primeras cosechas, sobre las fértiles zonas mesopotámicas del Éufrates y Tigris. Otros hablan que fue en Georgia. Hasta algunos dicen: Armenia. Mientras que un grupo de arqueólogos aseguraron que el primero de los indicios de la existencia de vino fue hallado en la zona de los montes Zagros, poblado de Hajji Firuz Trepe (Irán), donde encontraron vasijas de barro con residuos rojizos, determinando que se trataba de ácido tartárico y que databa de 5400 a C.
Pero además si exponemos sobre orígenes del vino no podremos obviar la antiquísima leyenda escandinava que hace referencia al pueblo de Vinlandia en América del Norte descubierto por los vikingos sobre siglo IX, denominada “tierra del vino” ante la cantidad de viñas que había en la zona. Finalmente, el mito griego de Dionisio, dios de la fertilidad, el teatro y el éxtasis, quien se convertirá en el protector de la agricultura promoviendo el desarrollo de la industria vitivinícola para que nunca faltara vino en ninguna “farra”.
Baco desde Roma trasformará al vino en sinónimo de locura. El cristianismo lo convertirá en sangre. Y será así que la vendimia cursará entre las épocas y traspasará las paredes de las bodegas. Anidará en burdeles y capillas hasta convertirse en mito, religión, arte, ciencia y celebración popular. Tal combinación merecía una fiesta de la vendimia que con el tiempo nacerá en Mendoza.
Historias de las vendimias mendocinas
En esta nota saltaremos el desenvolvimiento cronológico sobre el nacimiento de la fiesta desde sus albores durante el siglo XIX con las “Fiestas de las Chinas” o con el antecedente directo de 1913 cuando Mendoza fue elegida sede del “Segundo Congreso Nacional de la Industria y el Comercio” y dicho evento se terminó cerrando con una celebración. La idea de una fiesta quedó picando. Años después llegará el Decreto Provincial Nº 87 que institucionalizó la primera fiesta vendimial en 1936. Pero todo eso será otra historia. Hoy nos detendremos en la edición 1947 de la Fiesta de la Vendimia cuando llegaron a Mendoza el presidente electo un año atrás: Juan Perón y su esposa Eva Perón.
Un poquito de historia política mendocina
El contexto socio político en Mendoza por ese momento estaba confuso. Los obreros vitivinícolas habían sostenido una fuerte huelga de la cual salieron airosos, enfrentándose hasta con el mismo ejecutivo provincial conducido por Faustino Picallo (aliado de Perón con la Junta Renovadora – UCR que se impuso a Bautista Gargantini de la UCR, a Ricardo Videla del PD que salió tercero, a Benito Marianetti del comunismo y a los lencinistas).
A Picallo los militantes obreros le “achacaban” su pasado radical y jugar tibiamente en el enfrentamiento gremial favoreciendo a sus adversarios de siempre: “los patrones gansos”.
La situación mostraba claramente una distancia entre dos facciones oficialistas. Por un lado, “los radicales renovadores” desprendidos del histórico tronco radical, y por otro, los sindicalistas - obreros que se sentían identificados y representados exclusivamente por las políticas sociales del peronismo. A tal punto llegaron las diferencias que éste sector sindical conformó para las elecciones municipales y legislativas mendocinas (realizadas dos días antes de la misma vendimia de 1947) el Partido Peronista Laborista obteniendo auspiciosos resultados bajo la bandera de ser “los verdaderos representantes del General Perón”.
Vamos a la fiesta. Manifestación popular y política
La estación ferroviaria Pacífico (Belgrano y Las Heras) era una fiesta. La jornada del martes 8 de abril había sido establecida como feriado provincial para recibir a Perón y Evita. Una alfombra roja fue el protocolar sendero que condujo al presidente y Eva desde el tren a un auto descapotado. Los acompañaba el Gobernador Picallo. Por el aire volaban fotos del presidente, mientras los Granaderos a Caballo hacían sonar la diana. El recorrido presidencial ante la multitud por las céntricas calles Las Heras, San Martín y Sarmiento terminó en un acto sobre Plaza Independencia.

El “viva Perón”, “viva Eva” era estruendoso. La plaza explotaba. Todo concluyó abruptamente cuando el gobernador Picallo tomó el micrófono para dirigirse a la multitud. Una silbatina tapó su voz. La interna peronista se manifestaba claramente. Perón miró para otro costado y tomando el micrófono actuó como si nada hubiera ocurrido. Será en esa XI edición de la fiesta cuando por primera vez un escenario vendimial expondrá el clima político de Mendoza.
La escena de la silbatina se repetirá también en el acto central cuando fue anunciado el gobernador y hasta “la ligó de arriba” la representante vendimial de su departamento natal: San Rafael, cuya reina tuvo que soportar una rechifla “por añadidura”. La agenda continuará con la inauguración del histórico Hospital Ferroviario.
Al día siguiente habrá un acto en el Cerro de la Gloria con homenajes al General San Martín. Posteriormente el tradicional almuerzo de las “fuerzas vivas”. Por la tarde la Bendición de los Frutos en el prado del Parque San Martín y el Carrusel por avenida de Los Plátanos, para luego trasladarse todos al “Baile de las Reinas” en el emblemático gimnasio del “Boxing Club Babilonia”.
La mañana del tercer día de la visita presidencial estuvo circunscripta al ámbito castrense. Desfile militar por calle Sarmiento y por la tarde una recepción con jefes y oficiales del Regimiento Militar Nº 16.
En tanto Eva se concentró en actividades de la “Campaña de Ayuda Social”, antecedente de la “Fundación Eva Perón”. En el marco de esas reuniones por una propuesta de “compañeras y compañeros” se dispuso que el mítico “tropero” Pedro Sosa que tanto ayudó a San Martín en la campaña libertadora fuera consagrado “post mortem” como “el primer descamisado de Mendoza” al grito: “si el tropero viviera sería de Perón”.
Noche de vendimia
La Rotonda del Parque fue el escenario central de la “Vendimia del Canto y el Trabajo”. Recordemos que recién desde 1963 se efectuará el acto central en el Teatro Griego Frank Romero Day.
Una curiosidad: la fiesta central fue un día jueves. La escenografía hacía alegoría a “Las mil y una noches”. Fue dirigida por León Alberti. Los coreógrafos fueron Olga Enhart y Jesús Vera Arena con la actuación del ballet de Elina Molina Estrella. (Ariel y Fabián Sevila: “La vendimia para ver”. Ediciones Culturales. 2006)
Siguiendo con la liturgia vendimial “y peronista”, el locutor anunció al público que las soberanas departamentales habían dispuesto que “la verdadera reina de la vendimia está ya elegida por propia gravitación y genuina voluntad popular. Y es Evita Perón, la abanderada de los humildes”. (textual Juan José Piñeyro, maestro de ceremonia de la fiesta). A continuación, Eva abandonará su lugar en la platea y renunciará a la distinción dirigiéndose brevemente a los presentes que la ovacionaron acaloradamente. Será ese también, y en una vendimia mendocina, el primer renunciamiento histórico de Evita (aunque éste con consecuencias infinitamente menores a aquellos momentos de agosto de 1951).
La noche terminará con la consagración de la representante de Tunuyán, Nélida Morsucci, quien será coronada por Eva, mientras una salva de fuegos artificiales cubría la noche.
“Mañana es San Perón”
“Se acabó / El Sol nos dice que llegó el final / Por una noche se olvidó / Que cada uno es cada cual. / Vamos bajando la cuesta /Que arriba en mi calle /Se acabó la fiesta”, cantará Serrat.
Y así fue. En la mañana siguiente del 11 de abril de 1947, bien tempranito, el General abandonó el Hotel Plaza tras tres noches de vendimia, mientras que ese viernes en Mendoza, aunque terminada la fiesta también fue decretado “San Perón”.


