La ciencia también es cosa de niñas (y mujeres)
El 11 de febrero de cada año se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia para promover su participación en un campo en el que están subrepresentadas. Esta situación tiene lugar debido a la persistencia de estereotipos de género, que en distintas etapas de la vida obstaculizan su desarrollo como científicas. Desde Grow- género y trabajo nos proponemos visibilizar para transformar.
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Barreras a derribar
En la infancia y la adolescencia las niñas reciben estímulos diferenciales según los sesgos de las personas de su entorno. Aunque con cambios en los últimos años, históricamente los juguetes y juegos destinados a ellas han estado vinculados a tareas del hogar y de cuidados, y en mucha menor medida al descubrimiento, la aventura y la ciencia, opciones ofrecidas mayoritariamente a los niños.
De igual manera, durante el proceso de escolarización, suelen recibir estímulos diferenciados. Según una encuesta realizada por Chicos.net, Aula Abierta y Grow- género y trabajo (2019), el 48% de los/as docentes de nivel inicial, primario y secundario consideraban que existe diferencia en el rendimiento escolar según el género y sostenían que los varones tenían mayor facilidad en matemática, física y tecnología, mientras que las mujeres eran mejores en artes y literatura.
Además de las diferentes expectativas, son pocas las mujeres científicas conocidas que las niñas pueden encontrar como referentes o modelos a seguir. Asimismo, cuando crecen y eligen carreras asociadas a la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, la situación no mejora.
En este sentido, “tuberías rotas” es la metáfora que suele utilizarse para explicar las dificultades que enfrentan las mujeres a lo largo de su recorrido educativo y profesional cuando se dedican a la ciencia. Visualmente implica que en el proceso, debido a distintas dificultades, muchas van quedando en el camino. Los ambientes de estudio y de trabajo masculinizados, la discriminación y los prejuicios, las escasas oportunidades laborales, la brecha salarial y las responsabilidades de cuidado que recaen sobre ellas, suelen ser obstáculos difíciles de derribar.
Ser la regla y no la excepción
Posiblemente quienes leen esta nota saben quién fue Marie Curie (física y química, pionera en el campo de la radiactividad, primera y única persona en recibir dos premios Nobel en distintas especialidades científicas). Menos conocerán a Hedy Lamarr (Ingeniera de telecomunicaciones, inventó la técnica de transmisión en la que se basan todas las tecnologías inalámbricas que usamos actualmente). Ambas tienen en común haberse destacado lo suficiente para ser recordadas. No obstante, su éxito en el mundo de la ciencia fue una excepción. Aún hoy, la participación de las mujeres –y personas de identidades no cisnormativas– en este campo es muy bajo.
Según datos del Banco Mundial (2022), las mujeres representan sólo el 28% de quienes obtienen licenciaturas en ingeniería y el 40% en informática, y en campos como la inteligencia artificial sólo 1 de cada 5 profesionales es mujer. Ahora bien, ¿por qué es importante aumentar su participación en estas áreas?
Según ONU Mujeres (2022) para 2050 el 75% de los trabajos estará relacionado con las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés). Es decir que, para lograr la igualdad de géneros, resulta fundamental garantizar que las mujeres y personas de identidades no cisnormativas puedan acceder y desarrollarse dentro de estas carreras, lo que contribuirá también al desarrollo económico de nuestras sociedades.
Promover la inclusión y el desarrollo
Desde Grow- género y trabajo consideramos que para revertir la situación actual se necesitan soluciones integrales y sostenidas en el tiempo. En nuestra experiencia acompañando a distintos tipos de organizaciones, incluidas aquellas más masculinizadas, el proceso de transformación cultural requiere del compromiso de todas las personas, pero especialmente de las personas en cargos de liderazgo, que pueden ser motor de cambio.
Si bien es necesario aumentar la participación equitativa en el mundo de la ciencia, las políticas y programas a implementar deben considerar un enfoque de género interseccional, que tenga en cuenta las distintas desigualdades estructurales que se entrecruzan –racialidad, género, nivel educativo, discapacidad, entre otras– y dificultan el acceso y el desarrollo de las personas en estas áreas estratégicas para el desarrollo individual, pero también social.
En este sentido, es fundamental el compromiso del Estado, las organizaciones empleadoras y la sociedad civil para desarrollar acciones que estimulen la participación de las niñas en las áreas STEM, que eliminen las barreras para la contratación de mujeres e identidades no cisnormativas y que fomenten la permanencia en esos espacios a través de estrategias como los esquemas flexibles de trabajo, el apoyo al cuidado de los/as hijos/as, las licencias parentales extendidas, entre otras posibles.
A lo largo de los años que llevamos asesorando a instituciones tanto en Argentina como en el resto de América Latina, en Grow- género y trabajo hemos visto cómo la implementación de planes para la inclusión laboral con perspectiva de géneros, los espacios de sensibilización sobre las desigualdades sociales existentes, las acciones de comunicación que interpelen a nuevos públicos y trabajadores/as, los protocolos para garantizar espacios de trabajo inclusivos y libres de violencia, pueden hacer la diferencia.
* Marisol Andrés integra el equipo de comunicación de Grow- género y trabajo

