Quién fue Juan Sin Ropa, el mendocino que "derrotó" en el balotaje al gaucho Santos Vega
Había una vez, un famosísimo payador criollo del cual se desconocía casi todo, excepto aquella leyenda que dio origen a uno de los duelos poéticos y musicales más famosos de la historia argentina. Ese gaucho popular, e idolatrado en “tuitas” las pulperías bonaerenses, era Santos Vega, quien fuera derrotado por un desconocido forastero. Un tal “Juan Sin Ropa”, oriundo de Mendoza, y cuyo verdadero nombre fue: Juan Gualberto Godoy (1793 – 1864); un enviado del mismísimo “Mandinga” (el diablo) según lo relata la mítica tradición campera nacional.
¿Quién fue Santos Vega?
“El payador invencible”, le decían. Muchos sostienen que Santos Vega, le debería su legendario nacimiento a la pluma de Bartolomé Mitre (1821 – 1906), quien fuera el primero que rescató a través de la tradición oral, las hazañas que el imaginario popular trasladó por años sobre aquel payador histórico. Lo cierto fue, que siendo un niño y de visita por “los pagos” del Tuyú, el luego famoso militar, historiador, escritor y presidente argentino, no pudo sustraerse, ni olvidar, las aventuras y proezas que se escuchaban sobre el idolatrado Vega. Será así que con los años plasmará en uno de los tomos de “Rimas” (1854) las primeras gloriosas notas sobre el inolvidable Santos Vega.
Después de Mitre fueron muchos los que también ocuparon su prosa para resaltar la vida del payador bonaerense: Miguel Cané, Ricardo Gutiérrez, Hilario Ascasubi, Guido Spano, Aristóbulo del Valle. Pero será el reconocido poema de Rafael Obligado (1851-1920), “Santos Vega” (1885), considerado entre las obras cumbres de la literatura argentina, quien le dará una enorme popularidad al “invencible de Tuyú”. El poema de Obligado estuvo inspirado en la obra costumbrista de Eduardo Gutiérrez, quien ya en 1880 había escrito en distintos folletines, la historia de Santos Vegas y su amigo Carmona, cuando ambos (según Gutiérrez) escapaban de la justicia. De ahí tomará Obligado la inspiración para componer su trascendental obra (cabal representante del romanticismo literario argentino de la época) en cuatro cantos: 1) El alma del payador. 2) La prenda del payador. 3) El himno del payador. 4) La muerte del payador.
En el “Santos Vega” de Obligado, lo mítico y lo real conviven simultáneamente. Fantasmas, la idolatría, la pampa, la noche oscura, el nacionalismo criollo manifestado en Mayo de 1810, el diablo, los juegos tradicionales reflejado en un partido de pato (histórico deporte argentino), y por supuesto: el desafío, representado en aquella batalla convertida en canto, a la usanza de un debate contemporáneo, donde el centenario arte de payar, envuelto en los acordes de una guitarra, enfrenta artísticamente la voz creativa de dos inspirados e ingeniosos contendientes, exponiendo una costumbre muy arraigada de nuestra identidad cultural y una de las síntesis más puras de la tradición argentina: la payada.
“Beso este suelo querido / que a mis caricias se entrega / mientras de orgullo me anega / la convicción de que es mía /la patria de Echeverría / la tierra de Santos Vega” (extracto de “El alma del payador” de Obligado). Y sí. Después de tamaña popularidad brindada por la literatura y la leyenda, hasta resultaría inútil componer una biografía de Vega y poner en tela de juicio si el glorioso “payador del sur” existió o no. En el fondo, Santos Vega es inmortal en el corazón y la tradición argentina.
Sí estaría confirmada la existencia del payador Santos Vega a partir de la investigación del doctor Roberto Lehmann Nietsche en 1917, que habría descubierto los presuntos restos de Vega bajo unos viejos talas en el paraje denominado “Las Tijeras”, actual partido de General Lavalle, a pocos kilómetros de San Clemente del Tuyú, donde se levantó un monumento a Santos Vega, obra de Luis Perlotti. Dicho monumento fue trasladado posteriormente en 1982 al pueblo de General Lavalle.
Es seguro también que Santos Vega se desenvolvía en la extensa zona del Tuyú, pero lejos estuvo de caer abatido por el mismo “Mandinga”, el diablo que tras vencerlo se transformó en serpiente. Si fue vencido en una velada popular con el creativo arte de payar por un hombre de carne y hueso: Juan Gualberto Godoy, un culto poeta cuyano.
¿Quién fue Juan Gualberto Godoy?
“Ni aun cenizas en el suelo / De Santos Vega quedaron (…) /Aquel que vivió cantando /el diablo ya lo venció” (Rafael Obligado).
El diablo hecho serpiente, según Obligado, era Juan Gualberto Godoy Villanueva; oriundo de Mendoza. Había nacido en el actual Guaymallén, un 12 de julio de 1793. Político unitario. Hijo de Jacinto Godoy (oficial sanmartiniano que actuó bajo las ordenes de Mariano Necochea) y de Trinidad Villanueva, ambos pertenecientes a tradicionales familias de Mendoza.
Lejos de Cuyo se ganó la vida vendiendo poesías y escritos por las pulperías de distintos pueblos bonaerenses. Y siempre luciéndose con su incomparable arte de payador.
“Vivió primero en Dolores, y en el Tuyú, después, regreso a su Mendoza natal para exiliarse luego en Chile por mostrarse en desacuerdo con el régimen de Rosas. Se dice que el final de Santos Vega se produce en una payada y ante Juan Sin Ropa (el mendocino Juan Gualberto Godoy, reencarnación del Progreso y el Diablo). Un forastero, retratado como magistral compositor de piezas jamás oídas (tristes y cielitos,) que confundieron a Santos Vega y asombraron a los testigos de aquella payada memorable. Es entonces, donde Santos Vega, el payador, dice aceptar la derrota a manos del mendocino Godoy. La poesía de Rafael Obligado permite inferir que Vega se esfumó de la faz de la tierra, no quedando siquiera rastros de sus cenizas”. (“Un mendocino de leyenda. Juan Gualberto Godoy”. Texto del distinguido cultor mendocino Gregorio “Goyo” Torcetta).
Ese era Godoy. El famoso “Juan Sin Nombre”. Cantor cuyano en las pampas bonaerenses. “El Mandinga” de Rafael Obligado en aquella payada histórica de 1824 en Tuyú.
Escolta del mismo José de San Martín, cuando éste recién llegaba como gobernador a Mendoza. Ferviente defensor de la industria vitivinícola. Periodista y redactor incisivo: “El Iris Argentino”, “El Huracán” y “El Coracero”, lo demostraron. Su obra más conocida se tituló: “El Corro”.
Indudablemente, fue el primer gran poeta mendocino, y tras la figura de San Martín fue además el primer ídolo popular de Mendoza. Amigo de las tonadas y las cuecas. Guitarrero, compositor, cantor, el mejor payador. Siempre desafiante. Un provocador. Un artista. Aunque como escribió Juan Pablo López en 1970: “las historias y las antologías lo saltearon con injusticia”. Para muchos, otro ilustre desconocido.
Y como el mismo Godoy declarara: “Mi inclinación predilecta es hacer versos burlescos contra todo lo que me parece mal”. El poder le tenía pánico, a tal punto que “El Huracán”, ese diario que había creado, y cuyas noticias estaban redactadas en verso, fue clausurado en su primer y único número por el gobernador Juan Corvalán, según decreto del 22 de mayo de 1927, por ser un pasquín que alteraba el orden público.
“Juan sin ropa había nacido en los viñedos del sol / era un diablo provinciano, unitario y criticón / le decían Juan Sin Ropa a Juan Gualberto Godoy”. (“Los Duendes del Agua y la Piedra” de Gregorio Torcetta - 1998). Murió el 16 de mayo de 1864. “Guardaba un grillo por corazón, con su linaje de duende cascabelero”. Cuyano de buena cepa; rebelde y payador.