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A 41 años de la guerra de Malvinas: de submarinos, torpedos y persecuciones

Se cumplen 41 años de la gesta de Malvinas. Alejandro Signorelli, investigador de la guerra del Atlántico, escribe en MDZ sobre aquellos días de 1982.

El Teniente de Fragata Alejandro Maegli estaba terminando su guardia, él era el Oficial de Comunicaciones del submarino ARA San Luis y eran casi las 8 de la mañana del sábado 1ero de mayo. Cansado, solo quería entregar su guardia e irse a dormir, pero el sonarista logró cambiar sus planes drásticamente: “Señor, tengo un rumor hidrofónico”. Eso quiere decir que quien está a cargo del sonar acaba de detectar un ruido en el mar producido por un posible enemigo.

Inmediatamente fue a despertar a su Comandante, el Capitán de Fragata Fernando María Azcueta, quién sin dudar dio la orden de cubrir puestos de combate. Todos sabían que esto no era un ejercicio, y que aquello para lo que se habían preparado toda su vida estaba a segundos de ocurrir.

El ARA San Luis S-32 emergiendo Foto: irizar.org

Para el año 1982, la Armada Argentina contaba con una fuerza de submarinos activa y entrenada. Sus naves eran el ARA San Luis, el ARA Salta, el ARA Santiago del Estero, y el ARA Santa Fe. De estas cuatro unidades, el ARA Santiago del Estero (S-22) se encontraba prácticamente retirado y era fuente de repuestos (su sonar, por ejemplo) para el Santa Fe, y el ARA Salta (S-31) presentaba diferentes problemas, por lo que estaba en mantenimiento. 

El ARA Santa Fe (S-21) era un submarino clase Balao modernizado a Guppy II, ex USS Catfish (SS-339) botado en 1945 y estaba en servicio en la Armada Argentina desde 1971, y el ARA San Luis (S-32) era tipo 209/1200 construido en Alemania y ensamblado en el astillero Tandanor. Fue incorporado en 1974. 

El ARA Santa Fe S-21 – Ex USS Catfish (SS-339).
Foto: Histarmar.com.ar

Para el 2 de abril, día de la recuperación de nuestras islas, el ARA Santa Fe, al mando del Capitán de Corbeta Horacio Bicain, tuvo un papel muy relevante, ya que fue parte protagónica de la Fuerza de Tareas 40 (FT 40.4.1) y el jueves 1 de abril por la noche, emergió en las proximidades de Stanley y comprobó que todas sus luces estaban apagadas, por lo que confirmó información que ya manejaban: no contarían con el factor sorpresa. Algunas horas después, ya en el viernes 2 de abril, volvió a superficie al norte de Stanley, para que los Buzos Tácticos y Comandos Anfibios del CCCN Alfredo Cufré desembarcaran en silencio y oscuridad, a fin de marcar las playas para que el posterior desembarco principal a las 6h de la mañana contara con la señalización adecuada, cosa que ocurrió como estaba previsto. 

Esquema de la Operación Rosario del 2 de abril de 1982.
Foto: gacetamarinera.com.ar

Luego de su participación en la Operación Rosario del 2 de abril, el ARA Santa Fe regresó a puerto para ser enviado rápidamente hacia las Georgias, en donde otros acontecimientos requerían de su presencia, pero esa es otra historia, de la que el ARA Santa Fe no volvería. 

El ARA San Luis en cambio, no fue parte de la Operación Rosario, y por esos días estaba participando de una etapa de navegación junto a otras unidades de superficie. Unos días antes del 2 de abril recibió inusuales órdenes de abandonar inmediatamente sus operaciones y volver a su base en Mar del Plata (donde se encuentra la base de submarinos). Al llegar, su tripulación notó que el ARA Santa Fe se alistaba para zarpar y percibieron cierto hermetismo en sus camaradas. No tuvieron mucho tiempo para investigar ya que recibieron órdenes de alistarse para navegar en el menor tiempo posible, cosa que finalmente ocurrió el 11 de abril.

La Armada había determinado una serie de zonas alrededor de las islas con sus respectivos nombres para ordenar la actividad de patrullaje submarino. Se sospechaba fuertemente sobre la presencia de al menos un submarino de propulsión nuclear británico en la zona. 

Diesel vs nuclear 

Me parece oportuno dedicar unas palabras a este tema porque suele haber mucha confusión. Cuando se habla de submarinos nucleares, lo primero que imaginamos es a un submarino que contiene misiles con ojivas nucleares, disparando sumergido a objetivos a cientos o miles de kilómetros. Si bien eso existe, no era el caso de las unidades que la Royal Navy envió al sur en
1982. 

Los submarinos nucleares que viajaron al sur fueron submarinos de propulsión nuclear, no con armamento nuclear. Ellos fueron el HMS Conqueror (que atacó y hundió al Crucero ARA General Belgrano), HMS Splendid, HMS Spartan y HMS Valiant. Y el HMS Onyx que no era nuclear, sino de propulsión diesel. 

Submarino de propulsión nuclear brintánico HMS Conqueror S-48 Foto: seaforces.org

Debajo del agua, las emisiones de los radares no son efectivas, por lo que el dispositivo de detección más usado es el sonar, utilizado no solo por submarinos, sino también por buques de superficie, que suelen alojarlo en la parte inferior de sus cascos. De la misma forma que un radarista adquiere habilidades para identificar en la pantalla de su radar a diferentes tipos de aeronaves o barcos en la superficie, un sonarista adquiere habilidades para interpretar los sonidos que oye en su sonar, y a partir de ellos, identificar distintas “cosas” que se mueven en las profundidades o sobre la superficie. Un sonarista busca poder detectar y diferenciar a un barco mercante, una fragata, un destructor o un portaviones en superficie, y si la escucha proviene de las profundidades, poder diferenciar a otro submarino o a un torpedo acercándose, de un cardumen o una ballena.

Alguna vez escuché al Capitán Azcueta definir a un submarino como a un francotirador. Un arma furtiva, que actúa en soledad, y con alto poder de daño, pero que, si llega a ser descubierta, debe lidiar con un factor de vulnerabilidad importante. Además de su capacidad para desplazarse silenciosamente y así evitar su detección, otra característica clave de los submarinos para su supervivencia es su autonomía para permanecer sumergidos. 

Estas dos características están íntimamente relacionadas con su sistema de propulsión, ya que son sus motores las mayores fuentes de ruido, y tienen que ver con su autonomía sumergidos.

Tanto los submarinos diesel, como los de propulsión nuclear dan vida a sus motores de propulsión con energía eléctrica. ¿Entonces por qué se les llama diesel o nuclear y no eléctricos? Porque los primeros utilizan combustible diesel para poner a funcionar el generador que carga sus baterías con energía eléctrica, y los segundos utilizan un pequeño reactor nuclear con el mismo fin. 

Los submarinos diesel son más pequeños y silenciosos, aptos para moverse en zonas de baja profundidad, cerca de la costa si lo necesitan, pero deben subir a superficie más seguido que los nucleares para poner en funcionamiento su generador diesel, que requiere de aire para lograr su combustión y evacuar gases de la misma, o utilizan lo que se denomina esnórquel para hacerlo sin salir a superficie. De cualquiera de las dos maneras se vuelven vulnerables mientras lo hacen, no solo por el ruido del motor, sino porque son mas detectables al salir a superficie o desplegar su esnórquel. 

Un submarino de propulsión diesel haciendo esnórquel.
Foto: elsnorkel.com

Los submarinos nucleares en cambio, son más grandes y pesados, por lo tanto, más detectables, y los que saben dicen que son más ruidosos, pero se desempeñan mejor en grandes profundidades, desarrollan mayores velocidades, y pueden permanecer sumergidos por largos períodos. 

El ARA San Luis entra en combate 

El Capitán de Fragata Fernando María Azcueta era el comandante del submarino ARA San Luis, y tenía a su cargo a una tripulación de 35 marinos submarinistas

El día 11 de abril zarpó de la base de submarinos de Mar del Plata con su tripulación completa a bordo. Hasta el día 19 de ese mes se realizaron tareas de práctica y adiestramiento de combate en alta mar en un área geográfica denominada Enriqueta. Durante esos días tuvieron la novedad de que su computadora de control de tiro presentaba una falla y no podría utilizarse. 

Informaron la novedad a su comando, pero lejos de recibir la orden de volver para repararla, se les indicó permanecer y continuar con su patrulla. Con su computadora de control de tiro fuera de servicio, solo podían disparar de a un torpedo por vez, ya que debían realizar todos los cálculos para el tiro de manera manual. Con la computadora operando, esta tarea se hacía más rápido y podían disparar hasta tres torpedos simultáneamente. Estos temas se vieron interrumpidos el 27 de abril ante la llegada de una orden que lo destinó a un área de patrulla ofensiva denominada María, al norte de la Isla Soledad, en donde se le ordenaba considerar a cualquier contacto como enemigo, y atacarlo hasta hundirlo. 

El sábado 1º de mayo, poco antes de las 8h, el sonarista del San Luis advirtió rumores hidrofónicos que identificó como de naves de guerra. A las 8h de la mañana, el Comandante ordenó cubrir puestos de combate. Con una buena propagación del sonido, el San Luis fue adoptando la posición relativa favorable de disparo con la mayor discreción. A las 10:44h se efectuó el lanzamiento de un torpedo filoguiado SST-4 sobre un blanco clasificado como un destructor, ubicado según los cálculos a unas 10.000 yardas (9.000 metros aprox.). Los torpedos filoguiados se guían desde el submarino por medio de su cable hasta que se activa su sonar y adquiere el blanco. Tres o cuatro minutos más tarde el submarino pierde prematuramente el contacto con el torpedo por corte de cable, y no se escucha explosión alguna. El ataque no había sido exitoso, por falla del torpedo. 

Esquema de las diferentes áreas de patrulla.
Foto: blog fdra-naval

Si bien la ausencia de explosión hizo presumir que el ataque no había tenido éxito, las posibilidades de que el enemigo hubiera detectado el ataque eran altas, y su réplica no se hizo esperar. El sonarista identificó sonidos compatibles con aspas de helicópteros, por lo que presumieron que tres helicópteros en configuración antisubmarina estaban buscando al originante de ese torpedo fallido. Al menos uno de esos helicópteros seguramente sumergía un sonar, y otro u otros lanzaban cargas de profundidad, cuyas explosiones, aunque lejanas, eran escuchadas. Pocos minutos después el sonarista gritó “Splash de torpedo en el agua”,
estaban bajo ataque. El Comandante ordenó máxima velocidad, maniobras de evasión, con cambios de rumbo y de profundidad, y el lanzamiento de dos cápsulas generadoras de falsos blancos. El sonarista fue avisando su progresivo acercamiento, hasta que en determinado momento gritó que el torpedo había superado la popa, por lo que el peligro inminente había pasado. 

El San Luis maniobró hacia la costa malvinense y a las 16:00 hs encontró un fondo pedregoso y allí se posó. Durante varias horas el enemigo continuó buscándolo y lanzando cargas de profundidad que explotaban a diferentes distancias.  A las 20h, las emisiones del enemigo parecieron alejarse. A las 21h, preocupado porque la cercanía de la costa le podría quitar libertad de maniobra, el Comandante decidió buscar aguas abiertas. Cuarenta minutos tardó el submarino para despegar del fondo marino. 

Ese día 1ro de mayo la Task Force británica comenzó las hostilidades con el bombardeo aéreo de la pista de Puerto Argentino y la BAM Cóndor en Darwin, y un grupo de naves de guerra se separó del grueso de la flota para acercase a Puerto Argentino y realizar bombardeo naval de hostigamiento. Luego del fin de la guerra, se pudo saber que fueron los buques HMS Brilliant y HMS Yarmouth con el apoyo de tres helicópteros Sea King quienes los estuvieron buscando sin éxito. 

Fragata tipo 22 HMS Brilliant.
Foto: seaforces.org

El día 5 de mayo fue detectado un rumor hidrofónico en popa, proveniente de un blanco submarino, con características no bien definidas, al que se le apreciaba movimientos inteligentes y en acercamiento. 

Ante la posibilidad de ser detectado desde atrás, el comandante ordenó el lanzamiento de señuelos para luego iniciar las maniobras propias de aproximación. A las 21:42h, se lanzó un torpedo antisubmarino MK-37 graduado para una distancia de 2400 metros. 

El mismo explotó a las 21:58 hs. No se pudo determinar si la detonación fue producto de un impacto contra la nave enemiga, o por haber encontrado la cabeza buscadora del arma un denso banco de krill, o haber interrumpido su corrida contra el fondo. El día 11 de mayo, estando en su área de patrulla al norte de la Isla Soledad, el San Luis puso rumbo para interceptar la trayectoria de un buque enemigo cuyo rumor se clasificó como destructor, detectado gracias a la buena propagación de sonido. Este posible blanco se desplazaba a gran velocidad de este a oeste, por lo que no era posible alcanzarlo, ni poder tomar posición para atacar. El Capitán no intentó perseguirlo, ya que la flota británica tenía su zona “segura” hacia el este, por lo que tarde o temprano ese buque seguramente volvería en rumbo contrario. 

Algunas horas después esa estimación pasó a ser realidad, pero esta vez fueron dos los buques que salían del Estrecho San Carlos por su boca norte, y ponían rumbo este en cercanías de la costa de la Isla Soledad. 

Esquema de las posiciones del día 11 de mayo

Mediante diferentes maniobras de aproximación, el ARA San Luis se posicionó en medio de las trayectorias de estos dos blancos.
Si hubiera contado con la computadora de control de tiro, podría haber disparado simultáneamente a ambos buques, pero esto no fue posible, por lo que el Capitán Azcueta eligió al buque que se aproximaba por la banda de babor, ya que al quedar su trayectoria entre el submarino y la costa, los cálculos para direccionar el torpedo contaban con mayor cantidad de puntos de referencia.

A la 1:40 hs del 11 de mayo y a corta distancia del blanco, el San Luis disparó nuevamente un torpedo SST-4 filoguiado de origen alemán, y este, nuevamente reportó a los tres minutos el cortado de su cable, y a los 6 minutos un ruido fuerte y metálico, pero que no correspondía a la explosión del torpedo. Casi al mismo tiempo, el sonarista reportó lo que parecía el sonido de un torpedo enemigo, por lo que se adoptaron inmediatas maniobras de evasión. Un instante después se entendió que el proceso de inundación de uno de los tubos lanzatorpedos había interferido al sonar con su ruido y el supuesto torpedo enemigo fue una falsa alarma. Esto por un lado fue una buena noticia, pero al mismo tiempo hizo perder la oportunidad de reposicionar al submarino para intentar disparar contra el buque a estribor. Para ese momento ambos buques continuaban con su alejamiento a gran velocidad, por lo que ya era inútil tratar de alcanzarlos. 

Torpedo filoguiado de fabricación alemana SST 4.
Foto: armedconflicts.com

Luego de la guerra supieron que los barcos detectados y atacados fueron el HMS Alacrity, y el HMS Arrow que estaban cumpliendo con una misión de reconocimiento del Estrecho San Carlos y de la Bahía San Carlos en particular, para verificar la posible presencia de minado submarino, a fin de despejar ese peligro para la Operación Sutton, el desembarco británico en las islas que se produciría el 21 de mayo en tres playas diferentes en la Bahía San Carlos. El HMS Alacrity en particular, había ingresado al Estrecho por su boca sur, y en su recorrido hacia el norte, encontró al buque argentino Isla de los Estados que se encontraba en misión de reabastecimiento a posiciones argentinas, por lo que inmediatamente procedió a atacarlo con su artillería y lo hundió en cercanías de la Isla Cisne. 

El Capitán Azcueta rompió finalmente su silencio radial e informó a su comando sobre los lanzamientos anti superficie fallidos y la falta de confiabilidad del sistema de armas. Se le ordenó entonces retornar a Puerto Belgrano. El 19 de mayo ingresó a puerto, luego de casi 40 días de patrulla y 864 horas de inmersión. El comandante del San Luis esperaba poder reparar la computadora de control de tiro, reabastecerse con torpedos revisados y regresar al combate. Sin embargo, el 14 de junio, día del fin de las hostilidades, encontró al San Luis sin concluir con sus reparaciones. 

El valiente y decidido accionar de la tripulación del ARA San Luis sirve para poner en dimensión la importancia del arma submarina, tanto por su poder disuasivo en la paz, como por su poder de ataque en la guerra. Al mismo tiempo, la falta de recursos para llevar adelante prácticas intensivas que hubieran permitido verificar la condición de los torpedos, conspiraron contra la efectividad de sus ataques. 

El ARA San Luis abrió fuego en tres oportunidades. En la primera (1/5) y en la tercera (11/5), los contactos con el enemigo fueron verificados en el momento, y luego de la guerra. Si sus torpedos hubieran alcanzado objetivos el 1 de mayo, el curso de la guerra seguramente hubiera sido diferente. Y si el encuentro del 11 de mayo y el impacto efectivo en el HMS Alacrity se hubiera dado, es altamente probable que el desembarco del 21 de mayo se hubiera visto seriamente afectado también, y el Isla de los Estados hubiera sido vengado. 

Por aquellos días el rol de la Royal Navy en la OTAN se estaba redefiniendo, y pasaría a ser la fuerza especializada en guerra submarina. Este era uno de los principales motivos por los que uno de sus portaaviones (HMS Invincible) se encontraba vendido a Australia, y varias de sus unidades de superficie se desprogramarían o venderían también. Sin embargo, y a pesar del grado de sofisticación y adiestramiento de sus hombres, la armada británica nunca detectó al San Luis, y cuando lo hicieron e intentaron atacarlo, fue en reacción a su ataque, no pudiendo localizarlo y ni siquiera averiarlo. 

La Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina comenzó sus actividades en 1927 con la adquisición de tres sumergibles italianos conocidos como los Tarantinos. Y a lo largo de todo el siglo XX ha ido renovando progresivamente sus unidades, incorporando de origen estadounidense primero, y alemán después. El año 2017 marcó un hito desgraciado con la pérdida del ARA San Juan. Para ese año la Armada contaba con tres unidades, pero solo el ARA San Juan en operaciones. El ARA Salta (gemelo del San Luis) y el ARA Santa Cruz (gemelo del San Juan) no estaban operativos, y no han vuelto a estarlo hasta la actualidad, por lo que hoy la Fuerza de Submarinos solo esta compuesta por la Agrupación de Buzos Tácticos y la Escuela de Submarinos, pero no cuenta con unidades operativas. 

Mucho se ha hablado sobre este tema, incluso al final del gobierno de Mauricio Macri, se hizo un convenio con Brasil mediante el cual este país cedería a la Argentina 4 unidades de su flota que serían reemplazadas, pero el cambio de gobierno y de orientación política en ambos países conspiró para que este acuerdo no se lleve a cabo, al menos hasta hoy. 

Una vez más el valor y profesionalismo de quienes ofrecieron sus vidas durante la guerra nos hace recordar que tenemos una enorme superficie en la cual hacer valer nuestra soberanía, tanto en tierra, como en aire y mar, en el continente americano, y en el antártico. Tenemos a los hombres y mujeres dispuestos a hacerlo, solo necesitan del equipamiento adecuado. 

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.