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El riesgo de desafiar lo natural

Tener un hijo es algo hermoso. Aún en esta época, en que la natalidad baja a niveles peligrosos, dejar herencia de nuestra sangre en el paso por la tierra sigue siendo el deseo de gran parte de la humanidad.

Quizás uno de los errores más frecuentes de nuestro tiempo sea confundir el deseo con el derecho; y que del deseo de un hijo – razonable y honesto- se derive el “derecho a tener un hijo”, y por lo tanto cualquier proceder se valide con tal de lograr satisfacerlo.
Obviamente, la ciencia hace su aporte y los métodos de fecundación artificial permiten que personas biológicamente imposibilitadas de procrear, puedan hacerlo; que podrán ser, en un continuo, desde aquellos que desempeñarán con eficiencia y amor el rol de padres, hasta los que solo buscan satisfacer el deseo egoísta de perpetuarse en su prole.

Pero no me mueve la intención de juzgar, ni emitir valoración alguna sobre las personas que optan por métodos alternativos para
lograr la paternidad, sino invitar a la reflexión sobre alguno de los riesgos de la manipulación de lo procreativo. Hace pocos días, la justicia cerró el caso de un bebé que por un error médico nació “con los padres equivocados”.

Una clínica de fertilidad realizó una fecundación in vitro homóloga (la pareja solicitante aportó sus propios gametos), pero, a la mujer le fue transferido otro embrión, al que gestó y albergó durante nueve meses como su propio hijo.

Recién luego de nacido, con estudios genéticos de por medio, se supo de este error involuntario. La pareja inició una demanda a la
clínica por los presuntos delitos de supresión de la identidad, estafa y lesiones. La fiscalía desestimó el caso y dio intervención al fuero de familia. Este caso, que es el primero de su tipo en nuestro país, nos enseña una vez más que ninguna decisión humana recae solamente sobre su protagonista. Siempre hay otro u otros involuntariamente implicados.

Más allá de lo que las leyes ordenen, y de los casos particulares, el contexto de procedimientos técnicos médico-biológicos en el inicio de la vida, nos pone en situación de preguntarnos: ¿cuán vulnerado puede quedar el derecho a la identidad del niño? ¿Cómo se tejen los vínculos entre los padres y el hijo ante los posibles errores de identidad? Y finalmente, una cuestión para nada menor, ¿cuántas personas en estado embrionario se han descartado para llegar al nacimiento de un bebé?

* Myriam Mitrece de Ialorenzi es psicóloga y Directora del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina. (M.C.)