A 23 años de la tragedia de Lapa: "Me bajé del avión envuelta en llamas"
Soy Marisa Beiro, sobreviviente de la tragedia del avión de LAPA de 1999. El martes 31 de agosto de aquel año, llovía en la Ciudad de Buenos Aires. Mis 7 compañeras y yo volvíamos a la ciudad de Córdoba luego de haber estado 10 días en capacitaciones laborales. Todas felices por haber logrado los objetivos y regresar a ver a nuestras familias. Teníamos el vuelo número 3142 de la empresa LAPA para las 20:45hs Por charlar tanto con compañeras de trabajo de otras provincias, que también habían estado en la capacitación, casi perdemos nuestro vuelo. Fuimos las ultimas en abordar al avión.
Nos acomodamos en nuestros asientos, en las filas 2 y 4 del lado derecho e izquierdo del avión. Yo estaba en la fila 3 del lado de la ventanilla comentando con mis amigas sobre una revista de la farándula y lo bien que nos había ido en nuestra estadía en Buenos Aires. Entonces, el comandante nos dio la bienvenida por el altavoz e informó que teníamos una hora y diez minutos de vuelo y que el clima es Córdoba estaba estable. Unos minutos después él mismo presentó a la tripulación y avisó que el vuelo estaba demorado 15 minutos debido a que la pista estaba ocupada por otros aterrizajes.
Pasados los 15 minutos, nos pidieron que nos abrocháramos los cinturones y que la tripulación ocupara sus lugares. Ajusté un poco más el cinturón y miré por la ventanilla para ver cómo el avión avanzaba y se posicionaba en punta de pista, listo para despegar.
De repente, el avión empezó su carreteo, comenzaron a escucharse ruidos de la nave, como si estuviera por desarmarse, cada vez más rápido y más fuerte. Y cuando se sentía que el avión iba a desprenderse del suelo en su velocidad final, sentí un golpe y un fuerte estruendo. Empecé a mirar lo que sucedía dentro del avión y vi a mis compañeras asustadas y agarrándose del apoya cabezas. A lo que me llevó a poner mi cabeza entre mis piernas.
A partir de ese momento, todo fue silencio, lo único que podía escuchar era mi grito. Todo estaba oscuro, me encontraba atrapada entre los asientos y no podía soltarme el cinturón. Recuerdo haber gritado por mis hijos y sentir el fuego en mi piel. La fuerza se me acababa y seguía sin poder liberarme del cinturón. Ya rendida, pero con mucha paz, pensé: me muero por mis hijos. Al instante de tener ese pensamiento, sentí que algo muy suave -hasta el día de hoy recuerdo esa sensación- me soltaba el cinturón y me decía: "Salí". No sé si fue Dios o qué, pero es lo que me dijo.
A partir de este momento, no recuerdo nada hasta que me encontré apagando el fuego de mi ropa y se me acercó una persona que me dio la mano y me llevó a un banco de cemento donde había más personas. Lo único que se veía era fuego, un césped
blanco y pelotas blancas. Yo no comprendía nada, solo llamaba a mis hijos, que no habían viajado conmigo.
Luego, apareció una ambulancia para atendernos. Querían sacarme las botas que llevaba puestas y no se podía por que el caucho se había derretido en mis pies. Me subieron a la ambulancia y un señor me dijo: "Hija, ¿sabés rezar?". Y me fui rezando el padre nuestro fuerte hasta llegar al Hospital Municipal de Quemados.
Ahí comenzó la otra parte de mi historia. La lucha de casi un año de estar internada, de tener que ir al quirófano tres veces a la semana, de cuidarme para no infectarme y de estar inmóvil. Fue una larga y dura lucha. Tuve que volver a aprender a caminar, comer, mover las manos, ir al baño sola... Todo lo que una persona aprende en sus primeros años de vida, pero a mis 30 años.
Pasaron 23 años, hoy tengo 52 años, 5 hermosos hijos y 4 nietas bellas. Y acá estoy, viviendo la vida de escalón en escalón. Todos los días me acuerdo de aquel día por las limitaciones que me dejó. Todos los días me pregunto: "¿Por qué yo y mis 7
compañeras no?, si todos teníamos las mismas probabilidad". No hay día que no agradezca a Dios de estar viva. Esa es mi historia y mi fortuna.
* Marisa Beiro es sobreviviente de la tragedia de LAPA 31 de Agosto de 1999