Cuatro certezas irrefutables para recuperar lo que más vale
Todos alguna vez hemos bromeado con la muerte. El Cuchi Leguizamón incluso le dedicaba palabras en sus recitales: “Cuando venga la muerte no le ei de poner asiento así se queda de pie y le sirve de escarmiento” decía mostrando la hoja de coca
verdeando sus dientes. Desde el día que abrimos los ojos en este mundo es la única certeza que tenemos: “que algún día vamos a morir”, nos dicen. Sin embargo, quienes han experimentado el proceso y regresan contradicen todo lo que hasta aquí nos han dicho.
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Era verano, el flamante matrimonio F & G tenía la intención de cruzar la cordillera por Mendoza para conocer Chile, pero el hielo en la ruta les jugó una mala pasada. En una curva siguieron de largo y el precipicio se los tragó. Cinco semanas después ella
despertó en una terapia intensiva. “La hemos encontrado sin signos vitales –le dijo el doctor-. Los rescatistas le aplicaron electrochoque y usted volvió. Calculamos que estuvo muerta aproximadamente 20 minutos. Es por eso que hemos decidido dormirla tanto tiempo para estudiar las posibles secuelas.” “Doctor, yo nunca estuve muerta. Vi todo desde arriba, vi mi cuerpo tirado y a mi marido y a mi hija llorando mientras abrazaban mi cuerpo Pero yo no sentía dolor alguno, todo lo contrario, experimenté una paz como nunca antes había sentido y quise seguir esa luz maravillosa e irme más lejos, pero se me apareció mi abuela y me pidió que vuelva ya que mi hija de dos años me necesitaba y por eso decidí regresar y aquí estoy”.
Certeza número uno: la muerte no existe. Quien escribe esta nota no ha experimentado jamás la muerte. Pero por curiosidad he leído cientos de libros y devorado cientos de testimonios al respecto y hoy me pregunto por qué seguimos hablando de la muerte si los que la experimentaron niegan su existencia. No hay muerte, nos dicen, una y otra vez. Sólo dejamos este plano terrenal y nos vamos a otro plano donde todo es espiritual.
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Certeza número dos: no nos llevamos nada. La madre Teresa de Calcuta tenía una frase: “Todo lo que das lo ganamos para siempre. Lo que no dimos lo perdemos para siempre”. Me costó mucho tiempo entenderla. Mi mente pequeña decía: Esta mujer está confundida. Si yo doy algo lo pierdo y así lo creía. Si tengo una pelota y la ofrezco como regalo a alguien que no tiene una pelota yo la perdí, dejé de tenerla y el otro la ganó. Eso es lo que yo creía. Hasta que pude comprender la profundidad desde la cual ella transmitía ese pensamiento. Ella estaba hablando desde la certeza del otro plano espiritual y eterno.
Certeza número tres: nuestro gran tesoro es el tiempo. El otro día veía un documental de mega fábricas. Vi una fábrica capaz de generar un millón de bosas de suero fisiológico por día toda automatizada. Casi sin ningún empleado. Eso hacía a sus dueños muy ricos renegando muy poco supongo. Hemos aprendido a generar riqueza y robots que trabajan para nosotros así mientras dormimos seguimos generando riqueza. Pero no somos capaces de fabricar el tiempo. Es por eso que quienes logran reconocer al tiempo como el gran tesoro cambian su cosmovisión. Dejan de vivir para el dinero y pasan a dedicar su paso por esta tierra en lo que sí se puede llevar uno al más allá que son las buenas obras.
Según un estudio del CEMA, un empleado de comercio en argentina debe trabajar 33 minutos para poder comprar una botella de aceite de girasol y 49 minutos para un kilo de carne con hueso y 14 años promedio sin comer ni gastar en otra cosa para comprar una casa. Dedicamos todo nuestro tiempo a algo que no nos vamos a llevar. Ucranianos defendiendo una tierra que no se va a llevar. Rusos invadiendo un territorio que tampoco va a entrar dentro del sarcófago. En el más allá no hay fronteras y para llegar aseguran que el pasaporte que piden son las buenas acciones, el amor que dimos a otros.
Certeza número cuatro; Cuando yo me vaya el mundo va a seguir. Hace poco vino una amiga y me regaló un lindo abrigo. "Era de mi papá -me dijo- a vos te va a quedar bien" y yo me lo puse contento. Salí a la calle pensando en que tenía el abrigo de un muerto. Aproveché para rezar por él. Para que le vaya bien en la otra vida y en que algún día, tal vez, alguien más va a disfrutar de mi nuevo abrigo. Mi amiga sufrió la muerte de su padre. Estuvo triste un tiempo. Pero pude ver que su vida continuó sin su padre y el mundo siguió girando. La cátedra que él dictaba fue ocupada por otro jefe de cátedra que se siente importante en el nuevo puesto.
Muchos van a ir a tu velorio y van a decir que eras buen tipo. A tu casa la van a vender los herederos. Con ese dinero se van a ir de viaje y pagar deudas. Tu historia habrá terminado en este plano para muchos. Ahora sabemos que en realidad ahí comienza
tu verdadera historia en tu nueva realidad. En tu vida después de la muerte. Esa vida a la que te mudaste para toda la eternidad y a la que no has podido llevar tu auto, tu casa, tu perro, tu collar de oro. Allí vas a descubrir que todo aquello a lo que le dabas un valor ya no lo tiene más. Te vas a reír de las veces que te diste vuelta a sacarle foto a una Ferrari.
Desaparece la tarjeta de banco, los títulos, los honores, el diploma. En tu nueva vida lo único que tendremos será nuestro espíritu y su valor dependerá de lo que nosotros le asignamos en este plano. Esa será la única fortuna con la que contaremos en el más allá. Esa fortuna se amasa aquí dando nuestro tiempo por el bien de los demás. El tiempo que dedicamos a nosotros mismos no va a contar absolutamente en nada. Tampoco vamos a poder llamar a nuestros contactos para que nos ayuden. No sólo eso, sino que los otros que ya están en el otro plano podrán atravesarnos con la mirada. Sabrán todo lo que hicimos, todo lo que no hicimos, ya no hay posibilidad alguna de aparentar, ni de mentir. Se va a saber todo.
Se amasa una fortuna cuando vivimos en paz en este plano, contagiando optimismo, brindando oportunidades a los que menos tienen. El amor, el sacrificio y el valor habrán sido nuestros mejores aliados. El resto pura espuma. Por eso, CARPE DIEM.
* Patricio Mainoli Coordinador de Relaciones Institucionales en gobierno de Jujuy

