Advierten que la pérdida de zonas cultivadas en Mendoza es irreparable
Una advertencia había empezado a resonar en Mendoza hace más de trece años, cuando en la provincia comenzaba a instalarse la necesidad de sentar las bases de la ley "madre", que ayudara a avanzar en lograr el equilibrio entre productividad, sustentabilidad y cuidado del medio ambiente. Había expresado el sector científico y técnico de notables organismos, que si no se trazaban las políticas necesarias para frenar el impacto del aumento de la población, complejizado por el avance de la desertificación y el cambio climático, entonces el futuro para las generaciones por estas latitudes, sería hostil. Justamente, había sido el avance de la urbanización en detrimento de las zonas cultivadas, uno de los puntos (aunque no el único) que buscaron ser resueltos en aquél histórico momento de debate.
La Ley de Ordenamiento Territorial y Usos del Suelo (N°8051) se aprobó en la Legislatura Provincial en mayo de 2009, en el marco de un avance histórico para la provincia. Sin embargo hasta hoy, la pérdida de la matriz productiva del territorio no solo continuó, sino que se profundizó. Tal es la preocupación sobre la temática que hoy ya se habla de un deterioro casi irreversible en esa característica identitaria de los mendocinos; en ese sello que supo ser el orgullo de generaciones preocupadas por el buen uso de la tierra y la postulación de Mendoza como una de las "joyas" de la horticultura y la vitivinicultura a nivel nacional.
Hoy, el crecimiento sostenido de la denominada "mancha urbana" -barrios que crecen en tierras que antaño fueron destinadas a cultivos- es una realidad. Lejos de responder a una sola causa, el análisis apunta a factores múltiples que con el pasar de los años se combinaron e intensificaron con un denominador común: una buena parte de los pequeños y medianos productores agotaron sus recursos; la explotación de la tierra con fines agrarios ya no les resulta rentable. Se cansaron de luchar por una productividad que desciende a medida que la sequía, las inclemencias climáticas, la falta de acceso a créditos que fomenten la actividad y la escasez de políticas para hacer más efectiva la distribución del agua que llega a las fincas, se combinan como las amenazas más latentes.
En contrapartida, los terrenos, antaño destinados al cultivo de hortalizas y vegetales verdes, por un lado, y viñedos por el otro, son vendidos en manos de grandes empresas a cargo de ambiciosos proyectos inmobiliarios cuyo mayor fuerte de venta está relacionado a la posibilidad de habitar sitios más tranquilos a los de la ciudad y la pureza del aire libre. Lo cierto es que en una provincia en la que tan solo el 3% de su territorio está irrigado, la problemática se agrava a medida que el cambio climático ya ha dado pruebas del latente riesgo de eventos extremos, como la sequía prolongada y las intensas granizadas.
Daño irreparable
La realidad es que la matriz productiva, aseguran especialistas de distintas áreas y lo comprueban los propios productores, se está perdiendo a pasos cada vez más acelerados. Las consecuencias en este sentido, son graves, profundas e irremediables, advierten. Adriana Bermejillo es ingeniera agrónoma y una de las especialistas que a lo largo de los años ha dedicado sus trabajos al análisis relacionado a la pérdida de zonas cultivadas en Mendoza. Detalla que el impacto del avance de construcciones inmobiliarias a costa de la degradación de suelos fértiles y cultivables, es irreparable.
El nuevo entramado urbano que hoy presentan departamentos como Luján de Cuyo y Maipú, asegura, son un ejemplo. "En grandes zonas donde antes había olivos hoy ya no queda ni la mitad de las fincas. Eran tierras muy fértiles y que fueron ocupadas por emprendimientos privados. La creación de nuevas rutas y la búsqueda de sitios más tranquilos donde vivir han llevado a que el perfil productivo cambie de manera rotunda. En líneas generales, esas tierras ya no volverán a ser productivas", alerta la profesional a cargo de la maestría en Riego Dedicado a la Calidad del Agua, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo.
Desde el punto de vista medioambiental, el crecimiento urbano sin previsión implica, entre otras consecuencias, que las perspectivas no sean buenas. No solo porque se pierden áreas verdes (y con ello la necesaria oxigenación), sino porque la tierra se vuelve mucho menos receptiva a la captación del agua de lluvia.
"Donde antes había plantaciones, hoy hay cemento", alerta Bermejillo a modo de síntesis.
Matriz productiva en retroceso
Fueron generaciones enteras las que a lo largo de más de un siglo y medio empujaron a esta tierra de desierto y aridez a ser una de las provincias preferidas sobre las cuales el país puso sus ojos por años a la hora de buscar vegetales frescos y de alta calidad. Con un trabajo pormenorizado y conjunto; se logró irrigar las tierras y hacerlas fértiles. Fueron esas las bases de un perfil productivo que hasta la actualidad se busca promocionar puertas afuera del territorio. Una trama, que en el interior mutó. Facundo Martín, ingeniero agrónomo especializado en sociología rural y ecología política, asegura que el avance urbano sobre las tierras cultivables es a esta altura "indetenible".
Explica que toda la zona conocida como "cinturón verde", es decir, el área que circunda a la ciudad y cuya finalidad ha sido desde hace más de 150 años la de ser el sector destinado al cultivo de hojas verdes (acelga, lechuga) y hortalizas, está sufriendo de una retracción preocupante. La zona, tradicionalmente irrigada a través de la planificación de hijuelas para el riego, está integrada por una parte de los departamentos Maipú, Guaymallén y Lavalle, en un circuito que arranca en Kilómetro 8. 
Justamente, los incendios que se propagaron debajo de la tierra en campos de este distrito a principio de agosto, son un claro ejemplo del impacto negativo que trae aparejado el abandono de las tierras fértiles para destinarlo al sector inmobiliario. "Los incendios subterráneos son un claro ejemplo de las consecuencias del avance sobre las tierras cultivables. Son suelos que tienen un alto contenido de materia vegetal, son oscuros, con materia orgánica que en procesos de sequía pueden entrar en combustión", explica el investigador del Instituto de Ciencias Sociales, Ambientales y Humanas (Incihusa) del Conicet-CCT Mendoza.
Modelo urbano "masificado"
Martín también advierte que en departamentos como Luján de Cuyo y Maipú, hoy los "anfitriones" de nuevos emprendimientos inmobiliarios de alta gama (countrys y barrios cerrados con imponentes vistas panorámicas), el retroceso de las zonas de cultivos se aceleró en los últimos años al punto tal que las pérdidas en materia de infraestructura y patrimonio provincial son extremadamente altas.
"Existe toda una puesta en marcha del sistema de riego y toda una planificación de décadas que de este modo queda inutilizada", explica el ingeniero agrónomo.
Otra consecuencia es que los nuevos propietarios de esos inmuebles, por ejemplo, están en tierras con derecho de riego. Esto provoca que les llegue a sus jardines un exceso de agua que antaño sería destinada al regadío de cultivos para obtener alimentos. Nicolás Vicchi, subgerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Acovi), aporta en este sentido que en la actualidad existen miles de barrios privados y barrios cerrados cuyo acceso al agua es garantizado gracias a las importantes inversiones previas que realizaron los propios productores. El resultado es que el agua que llega a esas nuevas urbanizaciones sigue teniendo una estructura armada para el regadío de cultivos, con un uso meramente domiciliario. Es decir, la infraestructura invertida queda obsoleta con altos volúmenes de recurso desperdiciado.
Pero además, desde el sector aseguran que las oportunidades para las nuevas generaciones de productores y horticultores corren con profundas desventajas en materia de rentabilidad y oportunidades. Los hechos repetidos relacionados con la inseguridad en las zonas de campo se suman a los factores que empujan a vender tierras.
Potencial que se pierde
¿Por qué no se detiene este cambio estructural en la matriz productiva de Mendoza? La ecuación, para buena parte de los municipios, también deja un saldo favorable. Explica Martín que de hecho, hoy a las comunas les resulta más conveniente económicamente, atraer capitales inmobiliarios antes que gestionar el mantenimiento de las zonas de campo. Urbanizar las zonas rurales, implica, en definitiva, mayores ingresos fiscales que llegan de la mano de las nuevas poblaciones con poder adquisitivo medio-alto que se afincan en estas zonas. El mayor movimiento, además trae consigo nuevas inversiones relacionadas a grandes centros de compras y servicios.
La situación ha llegado a un punto tal que incluso hay estudios que indican que en el mapa nacional Mendoza es la provincia que tiene la mayor cantidad de barrios privados en el país: el 10% de la superficie del Gran Mendoza. "El salto de la renta urbana en Mendoza ha sido fatal; a esta altura el avance urbano es indetenible. Se ha producido una masificación hacia este formato de urbanización", analiza Martín.
Martín explica que entre las consecuencias de no generar nuevas trazas productivas que reemplacen a las que se han perdido, figura la pérdida del paisaje rural típico de Mendoza. Pero además, se afecta gravemente el potencial productivo, se producen menos alimentos al punto tal de generar el grave riesgo de agotar este recurso. "Se pierde también la infraestructura para el riego que tanto costó a las generaciones pasadas y se achica cada vez más el modelo turístico de la provincia", advierte el investigador.

