La misión imposible de vivir con el salario mínimo
Argentina pasa por un proceso inflacionario de devaluación y crisis económica general que tiene pocos precedentes en lo que fuera el "granero del mundo” hace un siglo atrás. Hace 100 años la moneda nacional competía entre las más poderosas del mundo y nuestro país era prestamista de las grandes potencias.
El Comercio, histórico diario peruano, publicó en 1919: “La República Argentina es el orgullo de América del Sur por muchos motivos, pero sobre todo por su creciente riqueza. El peso argentino se ha convertido en la unidad monetaria de mayor valor entre todos los países del mundo. Actualmente se cotiza para las transacciones por telégrafo, con un premio más alto que la peseta española. Desde que terminó la guerra, Argentina ha sido el país exportador por excelencia, teniendo como resultado que la mayor parte de las naciones son actualmente sus deudoras, incluso Estados Unidos”. Hoy la situación es absolutamente distinta.
Esta crisis económica, como todas en el mundo, comienza comprimiendo la pirámide social desde abajo, afectando a las clases menos poderosas en primer lugar y generando problemas también sobre las que están arriba.
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Entre los que se encuentran en la parte más baja de esta pirámide, están quienes perciben el Salario Mínimo Vital y Móvil, que en agosto ascendió a la suma de $47.850 por mes. Este se define según la Ley Nacional de Empleo (24.013) como “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión".
También explica la ley que "todo trabajador mayor de dieciocho años tendrá derecho a percibir una remuneración no inferior al salario mínimo, vital y móvil que se establezca, conforme a la ley y por los organismos respectivos".
El alquiler se volvió inaccesible
Pero una pregunta que suele surgir ante esta remuneración es: “¿Para que alcanza el salario mínimo?”. Para mucho menos de lo que debería.
En primer lugar, el salario mínimo esta lejos de alcanzar el costo de vida de un trabajador. Según el sitio dedicado a la compra-venta y alquiler de inmuebles “Zonaprop”, un arrendamiento mensual de un monoambiente promedia los $60.000 en la Ciudad de Buenos Aires. Tan solo ese número supera holgadamente la percepción salarial mínima.
La alimentación, otro de los costos inaccesibles
La canasta básica es otra de las grandes preocupaciones del consumidor. En este aspecto, según lo que indica la estadística realizada por preciosmundi.com con base a costos recabados de las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, La Plata, San Miguel de Tucumán, Mar del Plata, Salta, Lanús, Santa Fe y Corrientes, el promedio de gastos será de $4.105.
Este dato, que no es concluyente porque solo se refiere a productos de demanda común, sirve como pantallazo de la situación que deben enfrentar los asalariados:
- Un litro de cerveza por $400;
- Una botella de vino $390;
- Un litro y medio de agua embotellada $113;
- Una lechuga $128;
- Un kilo de cebollas $99;
- Un kilo de papas $86;
- Un kilo de tomates $183;
- Un kilo de naranjas $122;
- Un kilo de bananas $161;
- Un kilo de manzanas $189;
- Un kilo de carne de vaca $860;
- Un kilo queso fresco $830;
- Una docena de huevos $185;
- Un kilo de arroz $120;
- Un kilo de pan $134;
- Un litro de leche $103.
Vale recordar que estos precios son promediados y actualizados al mes de agosto. Posiblemente sean diferentes a lo que se pueda encontrar en las góndolas.
La vestimenta básica llega casi al salario mínimo
En lo que respecta a vestimenta, la inflación superaría el 100% para finales de este año. Esto significaría, si se calcula con respecto a los precios de principios de año, que una remera, un pantalón de jean y un calzado costaría alrededor de $40.000 para fines de este 2022, si las proyecciones del sector textil son correctas.
En resumen, una persona que percibe el Salario Mínimo no podría cubrir el gasto del alquiler para un monoambiente solo pero sí los gastos de consumo básicos de alimentación. La vestimenta debería distribuirla en gastos mensuales pero tendría muy complicada la posibilidad de completar un conjunto de tres prendas en un mes.
Otros costos que habría que tener en cuenta son los de servicios como electricidad, gas, agua, expensas, entretenimiento y demás que engrosarían aún más la cuenta y, como puede imaginarse, es aún mas inalcanzable para los trabajadores que perciben la mínima.
Para paliar estas situaciones, algo que empieza a verse en varios lugares, es la convivencia para coparticipar gastos y así mantener cierta autonomía. Igualmente aún es una práctica poco común que muchas veces se emparenta con estudiantes que van a una gran ciudad para llevar adelante sus estudios.