La enfermera mendocina que salvó soldados durante la Guerra: "Lo haría de vuelta"
Marisa Peiró es mendocina. Más precisamente de General Alvear. Cuando todavía estaba estudiando para ser enfermera le tocó estar en el Hospital Naval de Puerto Belgrano a recibir y asistir a los soldados heridos durante toda la Guerra de Mavinas. El hecho tiene una explicación: al terminar el secundario Peiró comenzó a estudiar medicina naval en la Armada Argentina. Recuerda que entraban apenas 45 de las 1.500 aspirantes que rendían en el país.
La mendocina obtuvo el mejor promedio de su clase y, finalmente, ingresó a la Base Naval de Puerto Belgrano en 1980. Tanto a ella como a las otras estudiantes que seguían allí en 1982 les tocó vivir el conflicto bélico sin siquiera haber llegado a terminar la carrera. "Cuando comenzaba a hablarse de la guerra empezamos a preparar el buque hospital. No entendíamos nada. Ni imaginábamos lo que era o iba a ser. Estábamos recibiendo a todos los heridos, a partir del 2 de abril en la base naval del puerto, con nuestras compañeras", comenta y sigue: "Fue muy difícil y muy duro. Hasta el día de hoy esa herida queda abierta: sangra y duele porque uno no lo puede puede olvidar".
Marisa aclara una y otra vez que ni ella ni sus compañeras estuvieron en Malvinas pero al mismo tiempo confiesa que vivieron la guerra con mucho dolor, gritos, angustia y sufrimiento. Describió múltiples situaciones que les tocaban a la hora de recibir hombres que llegaban quemados o heridos por esquirlas además de casos de pie de trinchera o congelados, entre tatos otros casos. Esos soldados eran tan jóvenes como ellas. muchos no llegaban a los 18 años. Peiró recuerda que solían establecer un fuerte vínculo con los soldados (de quienes también destaca su valentía): "Fuimos sus mamás, sus novias, sus amigas, sus hermanas. Nosotras mismas escribíamos cartitas para ellos (que no recibían de su familia) para alentarlos y cuidarlos como si nosotros fuéramos la familia. Los bañábamos, afeitábamos, todo lo que puedas imaginar".
La instrucción militar que Marisa recibió en la Armada fue la misma que recibieron los varones. Según ella, le dio fuerza y valor que hoy le permiten asegurar que "no le tiene miedo a nada". Es por eso que ya estaba preparada para reaccionar rápido ante una situación adversa como esta sin dudarlo. Comenta que esta actitud llevó a muchos en esa época a actuar sin ser del todo conscientes de lo que estaban haciendo y viviendo. En el caso de la mendocina, comenzó a darse cuenta de lo vivido con el paso del tiempo.
Si bien continuó la carrera después de Malvinas (varias de sus compañeras lograron incluso terminarla hasta jubilarse) y trabajó en distintos hospitales, pasó varios años en los que "bloqueó la cabeza" y no habló del tema, queriendo olvidarlo. Explicó que, después de haberse casado y tenido hijos, recién les contó su historia a ellos cuando ya eran mayores de edad. También contó que por muchos años perdió contacto con las personas con las que compartió esa experiencia de la Guerra y que con el auge de las redes sociales eso cambió.
Gracias a ello pudieron reencontrarse a partir de 2013 y empezar a verse todos los años, aunque sin tocar mucho el tema de la Guerra en sí. Aún así, los medios de comunicación le dieron a Marisa la oportunidad de volver a ver a Ernesto Urbina, el primer soldado que recibieron en aquel entonces.
"Siempre digo que nosotros no la perdimos la guerra. No la perdimos. Un minuto más que nosotros hubiésemos resistido y yo creo que se doblegaban por la resistencia y el valor que tuvieron -y que tuvimos- para hacer lo que se pudo hacer. Nosotros con los heridos desde lejos y los soldados batallando a más no poder. Eso no se olvida", reflexiona a 40 años de Malvinas.
Enseguida dice convencida que si tuviera que volver a hacerlo, iría sin dudarlo. "Si me llamaran de vuelta hoy, con mis 60 años, iría de vuelta. Sin pensarlo iría a cumplir mi función de enfermera y dando mi vida por completo en esa situación. Pienso que si todavía no estoy muy vieja y vuelven, voy a volver atrás de ellos".
En cuanto al reconocimiento de parte de Argentina, la mendocina señala que aquellas mujeres enfermeras militares fueron olvidadas. Nunca se las reconoció como merecían ni se les brindó el resarcimiento económico que les correspondía. Así se invisibilizó durante años a personas que salvaron muchísimas vidas. En aquel momento la Marina lo justificó diciendo que "no estaban tocando agua", una postura que Peiró encuentra "ridícula e ilógica". Se pregunta, incluso, "si todos estamos tocando agua, ¿quién recibe a los heridos?"
Es por eso hace 40 años las mujeres están luchando por el reconocimiento que deberían tener. Y, en ese contexto, la diputada nacional Pamela Verasay presentó un proyecto de ley para cumplir con este objetivo. Peiró espera que se pueda aprobar pronto ya que a esta altura afirma no entender el motivo por el cual todavía no se hace.
Mientras tanto, se queda con el reconocimiento de la sociedad. Todos los años en su ciudad tiene su ceremonia y su homenaje. Cuenta que habitualmente la gente pasa a saludarla cuando está ahí y le agradece por sus servicios. "Una chica me llamó ayer y me dijo 'Gracias Marisa, mi hermano falleció en el crucero pero agradezco todo lo que ustedes hicieron por ellos'. Otra vez, en el Congreso, una persona amputada corrió con una muleta a decirle 'gracias a ustedes estoy vivo'. Todo eso te llena el alma". Para Marisa, el cariño de la gente es su reconocimiento.
Antes de terminar su entrevista y para que no queden dudas de su amor por su tierra, volvió a resaltar su predisposición: "Si tuviera que volver a Malvinas, vuelvo". Y, como no podía ser de otra manera, finalizó exclamando: "¡Viva la patria!"