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Qué hay detrás del caso de bullying que padece una niña en Tupungato y que conmovió al país

“No quiero ir más a la escuela. Me dicen gorda, chancha. Estoy cansada". Escuchar el relato de esta niña entrecortado por el llanto provoca una tristeza inconmensurable, angustia, identificación y sufrimiento. Sin embargo, es necesario trascender ese dolor inicial y ocuparnos de lo que sucede.

Varias cuestiones acuden a mi mente en simultáneo. Aquí van algunas: Aunque sea con buenas intenciones, ¿es válido exponer el sufrimiento de los chicos en las redes o medios de comunicación? ¿Si no recurriéramos al amarillismo esta noticia tendría la llegada que tuvo? ¿Habita en la mayoría de la gente conciencia de los efectos a largo plazo que genera el acoso verbal y el maltrato psicológico o todavía seguimos pensando que el bullying es cosa de chicos?

Si bien el sentido que conlleva a publicar el sufrimiento de los chicos es reflejar ese dolor para pedir ayuda, ocurre lo que en psicología se llama “revictimización” o victimización secundaria. Cuando este video se replica (el caso de la nena de Tupungato se conoció por la difusión de un video) y el alcance trasciende el ámbito familiar para viralizarse y reproducirse aún en medios de comunicación, se expone a los chicos a un sinnúmero de personas que conocerán ahora su dolor y de alguna manera se favorece (aún sin intención) el deseo de quienes los humillan.

La violencia verbal es estadísticamente la forma más frecuente de hostigamiento en las instituciones escolares

Otro tema en cuestión que invoca mi atención es el tratamiento que se les deparan a este tipo de noticias. ¿Cómo comunicar sin vulnerar? Al respecto opino que es necesario mostrar en los medios de comunicación lo que sucede sin exponer a los propios chicos, lo cuál es posible hablando de la noticia, pero cuidando su identidad, su imagen, poniendo el foco en lo que sucede. Aunque seguramente no produzca la misma emocionalidad, el rol de los medios de comunicación es vital porque tiene consecuencias directas en la vida de los niños. Con el afán de crear conciencia no todo es válido.

En muchas oportunidades se cae en la morbosidad innecesaria vulnerando derechos personalísimos como la intimidad y la imagen. No sólo los medios de comunicación tienen esta responsabilidad: como adultos es nuestro deber proteger a quienes son protagonistas de la noticia. La diferencia entre visibilizar estos temas y caer en el morbo es simplemente el sentido común, qué tratamiento le darías a una noticia como periodista si se tratara de un familiar o de alguien de tus afectos.

La violencia verbal es estadísticamente la forma más frecuente de hostigamiento en las instituciones escolares, también la más invisibilizada porque no ocasiona lesiones físicas, sin embargo, el daño emocional y psicológico produce heridas que a veces se arrastran hasta la edad adulta. Se considera acoso verbal no sólo a los gritos, insultos y amenazas, también a las palabras hirientes, descalificadoras, humillantes. 

El suicidio es la segunda causa de muerte en la infancia y la adolescencia, la tasa se ha triplicado desde la década del 90 a la actualidad en nuestro país

La peor consecuencia de la violencia verbal es cuando la persona a quién se dirige esta agresión comienza a considerarse merecedor/a de esas burlas, cuando cree que estas palabras la definen. La herida más grave que genera el bullying es el daño de la autoestima, que es la percepción que tenemos de nosotros mismos. La autoestima es el vehículo que nos lleva a considerarnos seres capaces de ir por nuestros sueños, por eso es tan importante cuidarla.

A riesgo de sonar alarmista quiero destacar que en algunos casos los chicos suelen caer en cuadros depresivos que conducen a ideaciones suicidas. El suicidio es la segunda causa de muerte en la infancia y la adolescencia, la tasa se ha triplicado desde la década del 90 a la actualidad en nuestro país (Fuente: Unicef Argentina).  Por supuesto que el bullying no es la única causa de suicidio pero actúa como un precipitador por la situación de aislamiento en la que se encuentra la víctima. 

No podemos permitir que los chicos se rindan, necesitamos hacerles saber nadie les debe arrebatar su confianza en si mismos. Que ni el cuerpo, la ropa ni los bienes materiales nos definen sino lo que hacemos de nosotros, nuestras acciones. Detrás de estos casos existen familias desinteresadas, medios de comunicación que promueven estereotipos de belleza que afectan negativamente los patrones de alimentación no sólo de niños y adolescentes.

No bajemos los brazos tampoco los adultos, no debemos rendirnos. Comencemos cada uno de nosotros a corregir los comentarios de las personas que estigmatizan, o discriminan.  Los chicos necesitan nuestro apoyo para crecer en un mundo confiable y menos hostil. 


* Paola Zabala es directora de la Comunidad Antibullying Argentina