ver más

Cuentos clásicos infantiles: fantasías de ayer y de hoy

La Literatura Infantil siempre se actualiza. Existen historias infantiles que han nacido en distintas regiones del planeta y que resultan cosmovisiones, instrumentos de la cultura y son ideales hegemónicos de un tiempo y un pueblo determinado.

 En el Teatro Auditorio de Belgrano, con libro y dirección de Pepe Cibrián Campoy se puede ver la comedia “Princesas. 50 años después…”. Marta González, Esmeralda Mitre y el mismo Pepe interpretan a Caperucita Roja, Blancanieves y Cenicienta respectivamente. Las princesas están hoy reunidas en una especie de club donde una gran corona reina desde lo alto del escenario. La madrastra de todas ellas la interpreta Graciela Borges desde un off en el que se reconoce la característica voz de la gran actriz. Todos se lucen con sus interpretaciones y la puesta resulta divertida con un vestuario de Alfredo Miranda correcto.

Esmeralda Mitre se divierte con su Blancanieves devenida en una CEO de la corporación Disney, su contrapunto es Pepe Cibrián Campoy en la piel de una Cenicienta que -después de las 12 de la noche- se quedó sin nada y vive como una homeless. Al cuello le cuelga el zapatito de cristal que jamás se pudo poner. Su príncipe,  resultó un verdadero fiasco. Marta González actúa su Caperucita Roja quejándose de lo huérfana que quedó pero también destacando que la historia de ella se fue divulgando de modo oral. Y tiene razón: el cuento de Caperucita circulaba en forma oral hasta que Charles Perrault lo puso por escrito en 1697 con la intención de moralizar a las jóvenes que asistían a las tertulias de la aristocracia francesa en tiempos de Luis XIV. Después de Perrault, el relato fue recreado por los hermanos Grimm quienes le dieron un final feliz, con leñador y revancha para Caperucita y la abuela. 

Desde un punto de vista superficial, Cenicienta es aparentemente tan simple como la historia de Caperucita, con la cual comparte una enorme popularidad. Pepe Cibrián Campoy exprime con maestría esta relación, haciendo gala de ser un gran conocedor de los cuentos infantiles. La puesta teatral es absolutamente recomendable y quienes decidan ir a verla pasaran un buen momento, quizás recordando luego que todos nosotros estamos siempre convocados a narrar un cuento.

"Contame más" y “había una vez” son algunas de las grandes exigencias sociales para un niño. Pero un niño, como dice Jacques Lacan, es un hombre: un niño se convierte en alguien cuando sea grande. Al igual que Blancanieves, cada niño debe repetir en su desarrollo, la historia de la humanidad, en la realidad o en la imaginación.

En un determinado momento, nos vemos arrojados del paraíso original de la infancia, donde todos nuestros deseos parecían realizarse sin ningún esfuerzo por nuestra parte. Al ir adquiriendo sabiduría diferenciando las cosas que nos rodean, parecen disociar nuestra personalidad en dos elementos, de acuerdo al relato: el rojo caos de emociones desenfrenadas versus la blanca pureza de nuestra conciencia.

A medida que vamos creciendo, oscilamos entre ser vencidos por la confusión o por la rigidez y llegamos a la edad adulta cuando las contradicciones internas se resuelven y logran un despertar de la conciencia, donde lo rojo y lo blanco, metafóricamente hablando, logren coexistir en armonía.

Cenicienta guía a los pequeños desde sus peores sufrimientos (desilusión edípica, angustia de castración, mala opinión de sí mismo debido a la creencia de la mala opinión que los otros tienen de él o de ella), hacia el desarrollo de la autonomía y capacidad de trabajo, ayudándole a alcanzar una identidad positiva por sí solo.

Todo relato infantil es un espejo mágico que refleja aspectos de nuestro mundo interno y de las etapas necesarias para pasar de la inmadurez a la madurez. Hoy existen, seguramente, otros relatos alimentados por una imagen inquieta de la época que intenta visualizar una sociedad atrapada por la prisa y la incertidumbre de cada día, aquí o en cualquier parte del mundo.

Lo importante del cuento infantil no es sólo la historia que relata, sino el "entre dos" de las mismas. La existencia de alguien que escuche y otro quien hable (o viceversa) provocará nuestro lazo social que será una de las mayores verdades que los cuentos infantiles en general, revelan. Esas palabras que hemos escuchado de pequeños y que pueden guiar nuestras vidas y que resultan tan válidas como cuando alguien pronunciaba “había una vez” y uno replicaba con “contame más”.

 

*Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.