La guerra: triste e incomprensible para grandes y chicos

La guerra: triste e incomprensible para grandes y chicos

Las noticias de la guerra en primera plana nos entristecieron y sorprendieron a todos. Quienes somos padres, en medio del desconcierto, nos preguntamos cómo manejar el tema con los más chicos, inmersos en un bombardeo de información e imágenes que llegan por todos lados.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Cuando suceden este tipo de acontecimientos en el mundo se sacude toda nuestra existencia. No podemos mirar para otro lado. En medio de esto, cerca nuestro, aparecen nuestros hijos con preguntas curiosas y una simpleza que nos conmueve. “¿Por qué no arreglan las cosas hablando mamá?”, comenta curioso Ezequiel mientras en la sala de espera del médico el noticiero muestra imágenes de tanques, explosiones y personas llorando desesperadas. Aunque justo les tocó pasar al consultorio, la mamá sabía que más tarde debería retomar esa conversación.

Los adultos tampoco entendemos por qué suceden estas cosas, después de tantos años, tantas guerras, la pandemia, nos resulta insólito que no hayamos aprendido a vivir en paz y resolver las cosas de un modo diferente. Muchas veces, cuando no tenemos las respuestas, evadimos la conversación ya que nos cuesta no poder despejar los interrogantes de nuestros hijos. Sin embargo, siempre es bueno dialogar con ellos, permitirles que expresen lo que los moviliza, sus inquietudes y compartir con ellos nuestro asombro y también nuestra falta de respuestas

Los niños tienen una sensibilidad especial por el sufrimiento ajeno, dejémoslos empatizar con aquellas personas que más están sufriendo la guerra viviéndola de cerca, en sus pueblos, en sus ciudades. Y si bien es cierto que materialmente no pueden por ahí acercarles su ayuda, podemos incentivarlos a conectar con ellos, con pensamientos positivos, o desde la oración los creyentes, y desde luego, buscando también a su alrededor personas concretas que sufren, a lo mejor no a causa de la guerra, pero sí por otras cosas. Vemos muchas necesidades en nuestro metro cuadrado.

El comienzo de clases trajo consigo las listas sábanas de útiles para algunos, y la preocupación por no tener ni un lápiz para otros. En medio de las turbulencias del mundo, vuelve a aparecer una ocasión para transmitirles a los chicos el valor de la solidaridad, donando, reciclando, ayudando. Por suerte muchas entidades nos facilitan la logística, así que solo es cuestión de averiguar y ponernos en acción.

Retomando la tristísima realidad de la guerra, quisiéramos hacer una especial mención de los niños más pequeños. Sabemos que las imágenes y noticias pueden ser muy difíciles de procesar para ellos. Por eso, en la medida de lo posible, intentemos preservarlos. Internet, las redes sociales, los carteles en la vía pública, es cierto que puede resultarnos muy complejo. Tratemos de no encender los noticieros, cuidar nuestras conversaciones adultas, en definitiva, ser sus filtros. No para mantenerlos al margen, sino para cuidarlos. 

Cuando hablamos de violencia, no podemos dejar de mencionar la cotidianeidad que lamentablemente muchos niños y adolescentes tienen con ella, a partir de su interacción en juegos y plataformas virtuales. Es cierto que se trata de una ficción, sin embargo, normalizar agresiones, muertes violentas, escenas sangrientas y ataques, tiene sus consecuencias en el mundo real. En la cabecita de niños y adolescentes (porque ellos también aún están desarrollando su cerebro y su gestión emocional), cuesta procesar la violencia, y deja huellas imborrables mas grandes de las que podemos imaginar. Es nuestra responsabilidad como adultos, establecer límites en este sentido, aunque rememos contra corriente, aunque todos lo hagan, y aunque esas armas de juguete estén en todas las vidrieras, cuidemos a nuestros hijos, e intentemos que no naturalicen estos comportamientos. Presentemos otras opciones, y sobre todo, conversemos mucho con ellos sobre esto. 

Para terminar, sabemos que nuestra tarea como padres empieza en nuestro propio hogar, y que somos escuela para que nuestros hijos desarrollen habilidades que los acompañarán por el resto de su vida. La resolución pacífica y positiva de los conflictos es una de ellas, y se aprende primero en casa, observando cómo podemos dialogar, acordando en nuestras diferencias, dejando de lado agresiones verbales y por supuesto físicas. Un buen clima familiar es la primera semilla de la paz que los padres sembramos en el corazón de nuestros hijos. No se trata de ser de esas familias de publicidad, donde no vemos ninguna pelea, o discusión, pero sí de que reine siempre el respeto mutuo, y las ganas de encontrar en esas dificultades una oportunidad para crecer, cuidándonos siempre unos a otros. 

Ojalá pronto las noticias vayan transformándose y los líderes mundiales comprendan que las guerras solo traen más sufrimiento a los pueblos. Mientras tanto, cada uno de nosotros desde nuestro lugar, sigamos trabajando por la paz, empezando por la de nuestros hijos.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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