¿Existió realmente el cacique Guaymallén que le da nombre al famoso canal de Mendoza?
El canal más conocido de Mendoza lleva 75 años honrando a un cacique que tiene una historia fascinante.
El Zanjón Cacique Guaymallén atraviesa la ciudad entera, pero cuál fue la historia del cacique al que homenajea.
ALF PONCE MERCADO / MDZEl Canal Cacique Guaymallén es parte del paisaje cotidiano de Mendoza. Cualquier mendocino lo cruza en auto, lo ve desde el colectivo, aparece en conversaciones o indicaciones para saber cómo llegar a algún lugar. Es el canal que nace en el río Mendoza y atraviesa Luján de Cuyo, Godoy Cruz, Guaymallén, Capital y Las Heras, y que lleva más de 456 años siendo el eje hídrico del oasis mendocino. Pero son pocas las personas que se detienen a preguntarse: ¿quién fue el cacique Guaymallén?
La respuesta es incómoda y, a la vez, fascinante. Ese cacique nunca existió. No hay registro histórico de ningún líder de los pueblos originarios que haya llevado ese nombre. Lo que sí existe, en cambio, es una historia mucho más rica y mucho más antigua que la que terminó imponiéndose en el nombre del zanjón.
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Un nombre que nació en el siglo XX
En octubre de 1950, el Honorable Concejo Deliberante de Guaymallén aprobó una iniciativa para bautizar al canal con el nombre de "Canal Zanjón Cacique Guaymallén". Los diarios La Palabra y Los Andes lo registraron en sus páginas, sin mayores detalles sobre los fundamentos de la decisión. Nadie en ese momento se cuestionó por el nombre.
Lo que probablemente no sabían los ediles de entonces es que cuatro años más tarde, en 1954, el historiador chileno Juan Luis Espejo publicaría un documento colonial que cambiaba por completo la historia del canal. Ese documento, conocido como el Acta de los Caciques Comarcanos, estaba fechado originalmente el 1 de septiembre de 1574, se había perdido en tiempos coloniales y fue reconstruido en otro escrito del 5 de junio de 1696, conservado hoy en el Archivo Nacional de Chile. En ese acta figuraba el verdadero nombre del canal.
El nombre era Goazap Mayu. En lengua quechua significa "río del cacique Goazap". Y el cacique Goazap, a diferencia del supuesto cacique Guaymallén, sí existió. Era un líder huarpe de gran importancia, al punto de que toda la genealogía indígena del asentamiento mendocino parece estar conectada con él. Para cuando llegaron los españoles, ya había muerto. Pero su nombre había quedado grabado en el canal que él mismo había poseído.
El río que cruzaba el oasis antes que la ciudad
Antes de que Pedro del Castillo fundara Mendoza en 1561, el valle de Huentata ya era habitado por la cultura huarpe, que había transformado ese territorio árido en un oasis productivo gracias a una red de canales y acequias. El Goazap Mayu nacía en lo que se conoce como la Toma del Inca y era el eje central de ese sistema: desde ahí se ramificaba en varias acequias menores, cada una con el nombre del cacique cuyas tierras irrigaba.
Esa lógica no era caprichosa. Para los huarpes, el cacique era el dueño del agua y de las tierras que esa agua hacía fértiles, y las derivaciones de la acequia principal se llamaban hijuelas: los canales de los hijos del cacique. El agua como linaje, el canal como árbol genealógico. Cuando los españoles llegaron, encontraron al menos cuatro de esas acequias activas: la Allayme, la Tabal, la que pasaba por el pucará y la Guaimaién.
El Acta de los Caciques Comarcanos de 1574 dejó registro de cómo funcionaba ese sistema. En ese documento, los propios caciques declaran que Goazap había sido el propietario original del canal, y que sus tierras y su acequia habían pasado de mano en mano por compras y trueques. El cacique Pelectay, por ejemplo, le compró la acequia al propio Goazap. Y el joven cacique Goaymaye la heredó de su padre, mientras que por parte de su madre recibió tierras llamadas de Anancat, obtenidas a cambio de una llama. No eran una sociedad sin instituciones: tenían caciques con nombres, territorios con límites y acuerdos con valor real.
El enredo de tres nombres distintos
El arquitecto e historiador mendocino Jorge Ricardo Ponte lleva años investigando este tema y señalando el error. "Guaymallén quiere decir tierra de ciénagas", dijo Ponte a MDZ en una entrevista. "No era el nombre de ninguna persona. Era el nombre del lugar." Y tiene razón en lo que dicen los registros: el vocablo Guaymallén viene de la lengua huarpe milcayac, donde "guay" significa lugar y "mallén" o "mallín" refiere a ciénaga, bañado o vega. Así lo documentó Juan Isidro Maza en su libro Toponimia, tradiciones y leyendas mendocinas, publicado en 1990. Guaymallén era el nombre del territorio, no de ningún ser humano.
Ahora bien, hay una razón por la que la confusión de 1950 no fue del todo descabellada. El cacique Hernando Goaymaye, cuyo nombre suena parecido al de Guaymallén, habitaba precisamente esa zona: los actuales distritos de Dorrego y Pedro Molina. Es decir, un cacique llamado Goaymaye vivía en el lugar llamado Guaymallén. Pero que viviera ahí no lo convierte en el cacique del lugar.
En 1950 se fusionaron sin querer tres cosas distintas: el cacique Goazap, dueño real del canal; el cacique Goaymaye, que vivía en la zona pero era otra persona; y Guaymallén, que era el nombre del lugar. El resultado fue un cacique del cual aún no se ha conocido un documento histórico que compruebe su existencia.
Goaymaye, el cacique que sí participó en la fundación
Mientras el error de 1950 borró a dos caciques: Goazap y Goaymaye. Cuando Pedro del Castillo llegó al valle en 1561, Goaymaye era uno de los caciques con quienes el fundador había concertado acuerdos para instalarse. No fue un testigo pasivo de la fundación: era un líder con tierras, con acequia propia y con peso político real en ese momento.
Su acequia, la Guaimaién, que llevaba su nombre, sigue activa hasta hoy. Es uno de los testimonios más concretos de que ese sistema hídrico prehispánico no desapareció con la conquista: sobrevivió, se adaptó y todavía funciona cuatro siglos y medio después. Que la memoria de Goaymaye haya quedado aplastada bajo el nombre de un cacique que nadie puede ubicar en ningún archivo es, en cierta medida, una ironía cruel.
La propuesta de cambio y la resistencia del hábito
Ponte lleva años proponiendo que se corrija el error y que el canal vuelva a llamarse Goazap Mayu. "La gente está acostumbrada", dice Ponte con cierta resignación.
Esa resistencia es comprensible. Los nombres con los que crecemos se vuelven parte de cómo entendemos el mundo. Cambiar el nombre del canal más conocido de la provincia no es solo una decisión administrativa: es pedirle a la gente que actualice un dato que lleva grabado desde la infancia.
Pero el propio Ponte tiene un argumento poderoso a favor del cambio: en el valle de Huentata hay caciques reales esperando ser reconocidos. Tabalqué, Tantayquén, Peypolonta, Esteme, Goaymaye. Todos existieron, todos tuvieron tierras y acequias, todos fueron despojados por la conquista y luego olvidados por la historiografía local. El cacique Goazap era el fundador de toda esa genealogía, el más antiguo, el que da nombre al canal que hoy recorre cinco departamentos. Que se lo recuerde por su nombre real no parece un pedido exagerado.
Un nombre que dispara una historia
Más allá de que probablemente quienes decidieron colocar el nombre de "Cacique Guaymallén" al canal allá por 1950 lo hicieron mezclando un poco de cada historia, la del lugar (Guaymallén) y la de un cacique que habitaba la zona (Goaymaye), hay algo que el propio Ponte señala con precisión: los nombres en el espacio urbano no son decoración. Son anclas de memoria. Cuando un canal, una calle o una plaza lleva el nombre de alguien, ese nombre invita a preguntar quién fue esa persona. Si el canal se llamara Goazap Mayu, alguien preguntaría "¿quién fue Goazap?" Y esa pregunta abriría la puerta a toda la historia huarpe del valle.
El propio Ponte lo sintetizó en una frase que vale la pena destacar: "Valga la paradoja: el cacique más famoso de Mendoza ni era cacique ni se llamaba Guaymallén."




