Un nuevo desafío para grandes y chicos

Un nuevo desafío para grandes y chicos

La vuelta al cole suele generar en las familias una revolución: ajustar horarios, revisar listas de útiles, armar pools para el traslado al colegio. Entre tantas cuestiones los adultos a veces podemos olvidarnos de volver la mirada hacia los más chicos, que son los verdaderos protagonistas.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

De a poco va arrancando el ciclo lectivo en los distintos colegios, y como padres, un poco ansiosos porque “vuelva la normalidad”, podemos funcionar en piloto automático y perdernos entre las tareas pendientes, dejando de lado los sentimientos de nuestros hijos. 

Algunos siguen en el mismo colegio, otros arrancan jardín, primaria o secundaria. Unos cuántos están felices de reencontrarse con sus amigos, y otros tantos no tienen nada de ganas de volver porque se sienten más a gusto en casa, o porque les cuesta socializar, o no están dispuestos a levantarse cuando todavía no asomó el sol. 

Lo cierto es que la escolaridad atraviesa la vida de cada chico y de su familia de una manera muy especial. 

María está jugando en el living mientras oye a sus padres comentar cuánto les va a costar madrugar el próximo lunes para llevarla al colegio. Estas últimas semanas los escuchó nerviosos porque no habían encargado a tiempo los libros de texto que pidieron en el cole, que ahora están agotados y también fue testigo de sus quejas sobre cuánto había aumentado la lista de útiles desde el año pasado. 

Esta escena cotidiana puede ocurrir en cualquiera de nuestras casas, y es esperable que las cuestiones logísticas nos apabullen un poco. El inicio del ciclo lectivo implica cambios muy profundos en la rutina familiar, a la que todos de a poco nos tenemos que acomodar.  

La llegada de la pandemia también tuvo su impacto en el ámbito escolar, y los que dábamos por obvio y por sentado que los chicos concurrieran a clase, nos sorprendimos con los edificios de las escuelas cerrados y las nuevas modalidades de clases virtuales. 

Dicen que le damos verdadero valor a algo cuando no lo tenemos. Y con la educación, sin duda, ocurrió algo de eso. Qué importante inculcarles a los más chicos el estar agradecidos por tener una escuela a la que asistir, una maestra dispuesta a enseñarles y una oportunidad para aprender. 

Cuando los adultos rememoramos nuestros tiempos de escuela, solemos acordarnos de las anécdotas divertidas, o de las materias que nos hacían sufrir en los exámenes. Que bueno sería si pudiéramos también conectar con aquellas emociones que sentíamos en ese momento. Cuál era la vivencia de cada uno de nosotros, siendo ese chico o esa chica en medio de la inmensidad del patio en un recreo. 

La empatía es una habilidad que queremos que los chicos incorporen para el resto de su vida y enseñárselas en casa y más con nuestro ejemplo, es la mejor receta.

Ponernos en el lugar del otro nos cuesta un poco cuando vemos esa realidad como muy lejana. “Que agradezca que lo único que hace es ir al colegio, yo estoy agotado de mi trabajo”. “Que fáciles que son las cosas que estudian ahora”, “Cómo puede ser que no juegue, si está lleno de compañeros”. Pero si logramos atravesar el túnel del tiempo, vamos a sorprendernos. 

Que este tiempo de inicio de clases sea una excelente ocasión para dialogar con nuestros hijos, de aquello que les da nervios y también de lo que los pone contentos. Desde los más chiquititos que expectantes esperan comenzar el jardín de infantes, hasta los grandulones que terminan la secundaria, todos tienen algo para compartir. Fomentemos como adultos estos espacios, intentando olvidarnos por un rato de lo operativo y dándoles lugar para que expresen sus sentimientos y propósitos.

Un nuevo año escolar se inicia, y con él una nueva oportunidad para nosotros los padres de ser testigos privilegiados de verlos crecer.

Excelente comienzo para todos.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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