Los nuevos vientos de la juventud villera: cumbiera y ‘L-Gante’
Me interesa reflexionar sobre las nuevas formas en que se ha comenzado a expresar lo que conocimos en nuestro país, como cumbia villera. Renovados aires traen hoy las y los jóvenes que desde la villa reinventan/inventan el “RKT”, el reggaetón argentino más bailado y escuchado en este momento, siendo uno de sus indiscutidos referentes L-Gante.
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¿Qué nos propone este nuevo hijo de la cumbia villera de los ‘90? ¿Y qué nos vienen a contar las letras escritas en los márgenes de la ciudad, de la sociedad?
A varios días de la trascendencia mediática por los cruces de palabras entre el músico argentino L-gante y una polémica conductora de TV, luego del recital en Tecnópolis. Vale la pena enfocarnos en la figura de este artista veinteañero que realizó su show ante 45 mil personas, durante más de dos horas.
Es sabido que entre el 2017 y 2018 comenzaron a sonar las primeras canciones que dieron a conocer a Elián Ángel Valenzuela (hoy L-Gante). En setiembre de 2021 el principal streaming de audio a nivel mundial, indico que L-Gante se encuentra entre las y los músicos que encabezaban el ranking de escucha en el país en los últimos 6 meses.
Según esta importante plataforma, el 30% de la música que se escucha en Argentina es música nacional: reguetón, trap, cumbia y rock. Esta nueva figura de la música popular de las generaciones jóvenes, ha trascendido mundialmente y reivindica su origen social (la villa) convencido de que ya está dejando su huella en el universo musical.
¿Quién es Elián Ángel?
Esta carrera meteórica, encarnada por L-Gante, de 22 años y hoy flamante padre, tuvo su trascendencia mediática en agosto del 2021, cuando el presidente Alberto Fernández y su esposa se encontraron con él en una entrevista informal junto al músico y su familia.
En una entrevista realizada por Caja Negra en marzo del 2021 Elián relata con orgullo sus comienzos, de forma autodidacta, que se remontan a las grabaciones que comenzó a realizar, a los 13 años de edad con una netbook del Programa Conectar Igualdad y el micrófono de su webcam: "Yo me quería dedicar a algo que me guste", afirmó en esa entrevista. También, se define como “cumbiero” y confiesa que su sueño es “hacer algo propio de acá, que el reggaetón suene como la cumbia de acá”. Con 20 años hace su aporte al RKT, al que define como el reggaetón argentino.
Cuenta que creció en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, en una familia encabezada por su mamá y tres hermanos (uno fallecido) y con dos padres ausentes a cuenta. Ya a los 11 años andaba en la calle y desobedecía las reglas maternas. En numerosas entrevistas, relata que dedicarse a la música no fue tarea fácil para alguien que trabajaba en una fábrica de 6 de la mañana a 3 de la tarde.
Elián relata que pudo realizar su primer video clip vendiendo barbijos de manera ambulante, que él mismo había diseñado (llamados cumbia 4.20). De esa manera reúne 5 mil pesos y logra realizar el tan ansiado video.
Con una gran sonrisa, cuenta a Caja Negra como realiza el “Villa Tour 2021”, para difundir su música: “Caemos a los barrios y llevamos mercadería, yo les corté el pelo a más de 50 pibes del barrio”.
Juventudes villeras/cumbieras
Días atrás andaba por mi barrio y en la esquina había dos chicas sentadas en el cordón de la vereda y en un celular sonaba música de L-Gante, a pocos metros de allí un grupo de chicos conversaba sobre la calle y tomaban unas cervezas, como telón de fondo patrullaba lentamente la policía por la esquina siguiente.
La referencia a la música, la banda de sonido de estos grupos estaba al alcance de todos, persistente, en el barrio, en la calle. Me preguntaba por la cumbia villera y estas nuevas figuras, como L-Gante, que vienen a sintonizar con las nuevas generaciones. ¿Cuál es la clave de esa sintonía? ¿Qué se hace visible/audible entre el lenguaje musical y las generaciones jóvenes actuales? Pues la pobreza, la segregación, la persecución a las juventudes en los barrios/villas… Veamos.
Recordemos cómo el fenómeno juvenil se configuró conflictivamente, en las sociedades industriales europeas luego de la Segunda Guerra Mundial. Eran reconocidos como tales, las masas de poblaciones que no serían ya enrolados en el ejército, pero que serán incorporados en novedosos espacios exclusivos para jóvenes: grupos de jóvenes de iglesias, los boy-scout, agrupaciones políticas, escuelas secundarias, universidades, etcétera.
Estas masas de jóvenes estaban atravesados por tener su tiempo sujeto/suspendido a la `preparación’ para ingresar al mundo adulto, promesa que se distribuía y distribuye de manera desigual. Es así como este fenómeno histórico cultural, adquiere formas diferentes según el género, la clase social y la etnia, llegando a Latinoamérica décadas más tarde favorecida por las industrias culturales. De esta manera, la juventud como signo-moda-producto se reproduce como tal en las artes, el cine, la moda y la música. Esta emergencia del fenómeno juvenil fue resistida por la generación adulta, sumado a los agitados procesos de movilización juvenil de los años ‘60 y ‘70, iniciados con el Mayo Francés, los movimientos de insurgencia en Latinoamérica, África y Asia.
Ser joven comienza a adquirir diversos estigmas, y la juventud va configurando otras identidades juveniles que se alejan de ese modelo occidental, moderno, capitalista. Van quedando fuera de este modelo las juventudes obreras, campesinas, indígenas, siendo reciente su estudio y conocimiento.
En la década de los 90, en plena expansión de la globalización neoliberal, se pusieron en marcha fuertes políticas de ajuste estructural (llamadas también ‘cirugía mayor) que impactaron en el deterioro de nuestras condiciones de vida y la de los sectores más postergados. Fue en este contexto en que surge la cumbia villera, como expresión de la crisis social. Esta nueva rama de la cumbia, es popularizada por Pablo Lescano y sus letras cuentan y hacen pública la dura vida de la villa. Por otro lado, los jóvenes de las periferias de las ciudades, emergen con un nuevo signo de peligrosidad y segregación, pasando a ser el foco de la persecución-represión policial y de la desatención estatal en nombre de la inseguridad. De esta manera, la cumbia villera posibilita, a sus jóvenes músicos, un reconocimiento social que otros escenarios sociales obturan, llevan las historias negadas de la villa a rincones impensados, denunciando/cantando una realidad velada.
Las juventudes villeras irrumpen como un nuevo fenómeno para ser parte del consumo cultural argentino: ser caretas o cumbieros: esa es la cuestión. La cumbia villera/trapera o través del hip-hop conquistan un escenario que los visibiliza, donde las y los jóvenes pueden decir: aquí estoy, vivo, sobreviví al hambre, la falta de educación y la bala policial. Tengo un objetivo, quiero vivir de lo que me gusta, como decía L-Gante en sus entrevistas. Y 45 mil personas fueron a escucharlo. La renovación de la cumbia villera ha llegado y vino para quedarse.
* Por: Carla Daniela Rosales, licenciada en Trabajo Social, doctora en Estudios Sociales Agrarios e integrante de grupos de trabajo de infancias y juventudes de CLACSO.