Los fieles de Santi Maratea, entre la revancha y la rebelión 2.0
En estos últimos días, la millonaria colecta propulsada por Santi Maratea para colaborar con la extinción de los incendios en Corrientes, cobró una dimensión que excede la del aporte solidario en tiempos de cultura digital, para transformarse en una llamativa manifestación de una sociedad que salió a tomar la web.
Si en acciones benéficas anteriores Maratea había sido visto por muchos como un influencer con pose de compromiso social, aquí el joven se consagró como una suerte de paladín justiciero que vino a humillar al poder político con una acción tan concreta como eficaz. Está claro que su intención no es la de imponerse como alternativa frente a la inoperancia del Estado, sino la de proponer, tal como dijo en uno de sus vivos en Instagram, la noción de que somos ciudadanos no sólo para emitir votos; sino también para construir una sociedad mejor con las herramientas que tengamos a mano.
Más allá de que el líder de La Mancha de Rolando acuse a Santi Maratea de fomentar la antipolítica entre los jóvenes, la colecta que el gurú de las redes encabeza para Corrientes tiene un carácter marcadamente político, con el plus de no agitar ningún tipo de bandera partidaria, gesto que para una sociedad desencantada como la nuestra resulta clave en términos de credibilidad.
Sin embargo, el fenómeno detrás de la millonaria colecta ostenta un fuerte subtexto que es mucho más importante que el mismísimo Santi Maratea, y tiene que ver con una parte de la sociedad que empodera las herramientas digitales para manifestarse. Ya no hace falta tomar la calle, cuando se puede copar la web con una acción que detrás de su voluntad de solidaridad, tiene un gesto de revancha contra un sistema que no da respuestas, y un guiño de rebelión 2.0 en la que no hace falta la afiliación a un partido para ser sujetos políticos con conciencia cívica.
Otra punta interesante que se desprende del arrasador éxito de la iniciativa de Maratea, es que para llevar adelante una acción pragmática no hace falta un eterno debate ideológico, sino estar con ánimo de hacer unos clics desde la computadora o el celular para ayudar a quien más lo necesite. Obviamente, en este caso la actitud no alcanza si el poder político no se dispone a darle a la Ley de Humedales el tratamiento que merece. Pero es un buen grano de arena para apurar a los siempre remolones engranajes del Estado.
En tiempos en que la figura del influencer generalmente es tomada con cierto desdén, lo de Santi Maratea es una muestra de que las figuras más populares en las redes sociales son los verdaderos herederos de aquel cuarto poder que antes estaba en manos del periodismo. No se trata de canonizar a estos astros de la era digital que generalmente tienen como meta ser trending topic, ni tampoco de crucificarlos por su aura de superficialidad, sino simplemente entender que hoy un influencer puede ser más eficaz que un puñado de encuestas para transparentar el ánimo de un sector de la sociedad, y también comprender que ese mundo 2.0 al que tanto se le cuelga el cartel de banal; puede deparar más de una sorpresa en medio de su vorágine.

