NFT: El metaverso en el mercado de arte
Seguramente, como ocurre con todas las técnicas, en el arte digital aparecerán obras maravillosas que trascenderán en el tiempo y otras (la inmensa mayoría) que navegaran en un limbo digital cada vez más expandido y a la vez más efímero. La difusión le dará fama a las primeras, las hará codiciables y les asegurará un mercado.
El interrogante se abre sobre el resto.
De acuerdo a fuentes especializadas en el seguimiento de los distintos mercados virtuales donde se negocian NFT, en OpenSea -el principal de estos mercados- desde los inicios en 2017 se concertaron ventas por más de 20 mil millones de dólares. Looksrare, su competencia inmediata, reporta operaciones por casi 15 mil millones en el mismo período. Otros analistas estiman que el mercado de NFT movió solo el año pasado más de 40 mil millones.
Estas cifras resultan aún más impresionantes si se contrastan con las del mercado de arte convencional.
De las grandes casas de subastas, Sotheby’s -la que tuvo mejor desempeño durante 2021- martilló 4,4 mil millones, seguida por Christie’s con 4 mil millones y Phillips con apenas algo más de 500 millones. Las dos grandes corporaciones chinas (Poly Auction y China Guardian) sumaron sólo 1.500 millones de dólares.
Es cierto que en el cripto-mercado no solo se vende arte. Hay videos, música, fotografía, juegos y coleccionables de todo tipo. En general de poco precio. Pero la sumatoria es apabullante. Tanto, que la Reserva Federal Americana acaba de plantear un alerta sobre el lavado de dinero en el mercado de los NFT. También las casas de remate entraron en alerta. Ya vimos en la nota anterior como se armó el récord de la obra de Beeple.
En Seattle (USA) se inaugura el primer museo de NFT del mundo.
El British Museum, por su parte, acaba de anunciar que ha minado y pone a la venta dos series limitadas de NFT reproduciendo obras de Turner y Hokusai de su colección. Cuatro museos italianos hacen otro tanto, en combinación con una galería de Londres, con obras de Caravaggio, Leonardo y Modigliani.

Miles -o tal vez millones- de jóvenes cibernautas en todo el mundo agudizan su ingenio a fin de generar una creación virtual atractiva para que en un mercado también virtual alguien ofrezca alguna suma de dinero virtual por la misma.
El eventual comprador recibirá en su billetera virtual el NFT, o sea, un código criptográfico que garantiza la autenticidad de la autoría por parte del joven cibernauta, la propiedad por parte del comprador y la posibilidad de revenderla en el mundo virtual.
El inversor Warren Buffett, que algo de mercados entiende, prevé que todo esto se desplomará como un castillo de naipes. O tal vez no. Lo que seguramente ocurra es que el collage de Beeple que fue récord quede registrado en la historia del arte como en su momento lo fue el mingitorio de Duchamp.
Y que además el arte digital nos legue alguna obra maravillosa aunque solo exista en el metaverso de la virtualidad.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte
