Presenta:

Julio Cortázar, una entrevista única a 38 años de su muerte

A 38 años de la muerte de Julio Cortázar, te invitamos a conocerlo mejor con una entrevista interactiva.
Foto: Archivo MDZ
Foto: Archivo MDZ

Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984. Como homenaje, en el aniversario de su fallecimiento presentamos esta entrevista interactiva ficcionada. En este formato podés elegir qué preguntas le harías y, como en su famoso libro Rayuela, armar tu propio camino de la lectura. Las respuestas están basadas en la investigación de la vida, obra y pensamiento del escritor. 

 

B- En algunos reportajes ha dicho que su infancia fue un periodo triste. ¿Por qué?

  • La vida de Cortázar como docente y escritor

A- Hay una parte de su vida, antes de consagrarse como escritor, que no se conoce mucho. Sus años como maestro rural, ¿Cómo llega a dar clases?

B- ¿Cuál es para usted el rol del docente, cuál debería ser su función?

C- ¿Qué les diría a los docentes actuales que se enfrentan a desafíos novedosos y a una revolución tecnológica?

  • Rayuela, su gran obra

A- Rayuela, su obra más famosa acerca de la vida de Horacio Oliveira y su relación con La Maga en París y en Buenos Aires, marcó un antes y un después en la literatura. ¿Qué es lo que la hace tan especial?  

B- ¿Qué es lo que le propone al lector en Rayuela?

C- Rayuela suena muy actual, como un germen de los juegos interactivos o las películas en las que se puede elegir qué camino debe seguir el protagonista…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En un reportaje que me hicieron una vez, dije que “mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia”, porque mi padre era funcionario de la Embajada argentina en Bélgica y, como estaba recién casado, se llevó a mi madre a Bruselas. Cuando yo nací, el 26 de agosto de 1914, la ciudad estaba ocupada por alemanes. Esos fueron años movidos para mis padres, que primero lograron cruzar a Suiza, donde nació mi hermana Ofelia, luego a Barcelona y, cuando terminaba la guerra, pudimos volver a Buenos Aires. Yo tenía cuatro años y mi hermana Ofelia, tres. Los dos hablábamos francés, del que nos quedó esa manera de pronunciar la “r”. Cuando llegamos nos instalamos en Banfield, que todavía era un suburbio poco poblado, de quintas, árboles, gatos, perros.

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Así lucia Julio Cortázar

 

 

 

 

 

 

A poco de llegar a Banfield mi padre nos abandonó y eso marcó mi infancia. Nos mudamos a vivir con mi abuela materna y con mi tía. Yo era extremadamente sensible, solía estar triste y también enfermo, en cama con asma o brazos rotos. Durante esos largos períodos de reposo empecé a leer sin parar a autores como Julio Verne y Edgar Allan Poe. Leía tanto que mi madre se preocupó y consultó al médico, que le dijo que sería mejor alejarme un tiempo de los libros.

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Yo me recibí en el Normal de Profesores Mariano Acosta y eso me permitía ejercer como maestro. Cuando egresé, empecé a estudiar la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires pero las dificultades económicas hicieron que dejara la carrera y empezara a trabajar de maestro para ayudar a mi mamá. Fui maestro rural en Bolívar, Saladillo y Chivilcoy. Daba Educación Cívica y Lengua. Esos fueron años de mucha soledad y, a veces de aburrimiento que me sirvieron para leer mucho: ¡Hasta llegué a leer las obras completas de Sigmund Freud! Luego, a pesar de no tener el título formal, me ofrecieron una cátedra en la Universidad de Cuyo, en la que di Literatura Francesa. 

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Julio Cortázar

 

 

 

En 1939 salió un artículo mío titulado “Esencia y Misión del Maestro” en la Revista Argentina. Lo que sostenía entonces, creo que lo sostengo ahora. Ser maestro implica una gran responsabilidad. Ser maestro es construir en los niños una imagen de la cultura y la civilización que les permita entender su mundo social contemporáneo. Pero también es cultivar lo que haya de aspiración y de belleza en el alma infantil. De ahí el difícil trabajo de los maestros y su largo camino de capacitación y formación.

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Como decía en aquel discurso, la Escuela Normal da elementos, crea la noción del deber y descubre horizontes, pero a los horizontes hay que conquistarlos. La revolución tecnológica descubre nuevos modos de hacer las cosas y que se puede aprovechar para personalizar las experiencias y contribuir a la expresión del potencial de cada niño.

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Julio Cortázar, autor de Rayuela, entre otros tantos títulos imperdibles

 

 

 

Escribí Rayuela -que originalmente iba a llamarse “Mandala”- buscando una experiencia distinta en el lector. La historia ahonda en la psicología de los personajes, se disgrega en discusiones sobre arte, música, literatura, temas que a mí me interesaban, y también relata la historia entre Horacio Oliveira y Lucía, una uruguaya de menor vuelo intelectual que él. Lo que hice fue abrir posibilidades de lectura: además de ser un libro que se lee de principio a fin, el lector podía optar por elegir el orden de los capítulos o seguir un orden sugerido por mí. A mi me gustaba llamarla “contranovela”, porque quise romper con la idea tradicional. De algún modo fue también una experiencia novedosa para mí como autor porque me alejé de los cuentos fantásticos.

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Yo quería invocar al lector, sacarlo de su lugar pasivo e invitarlo a tener un rol más activo, como si pudiera elegir su aventura. Por eso la novela proponía distintas formas de lectura, se podía leer secuencialmente, de principio a fin, o bien siguiendo mis sugerencias o también según el deseo del lector. Era una propuesta arriesgada, pero me gustaba la idea de personalizar la experiencia y abrir posibles lecturas.

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Claro, y creo que podemos tomar ese rol activo al que invita la novela, esa polémica que despierta entre el autor y el lector, para pensar también el rol de las tecnologías, para entender qué lugar ocupa o tiene el lector o espectador, puede ser activo y co-creativo.

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