El Ángel Di María
Ángel Di María, podrías ser, si te convocáramos a un casting para un pesebre navideño, el ángel de la buenas noticias, especialmente para María. Pero te han caracterizado comunicacionalmente con un diminutivo: Angelito. Será por esa fragilidad elástica de bailarín por derecha y por izquierda. Circula ya una leyenda urbana, en la Rosario natal tuya y del canalla Fontanarrosa, que un joven marcador de punta de apellido Koundé, todavía te está buscando como intentando atrapar un mosquito.
Reza tu documento de identidad que tu segundo nombre Fabián, que comienza con la F del apelativo que te pusieron: Fideo. Y ese apodo habla a las claras de mesa familiar con pastas. No habías nacido y en la TV en blanco y negro, años antes de la primera estrella mundialista, se cantaba el estribillo “no hay nada más lindo que la familia unida”. Durante el programa puros enredos y temperamentales peleas, hasta que compartiendo la tallarinada la larga mesa congregaba a Los Campanelli que se reconciliaban hasta la siguiente semana.
Volviste luego del sombrerito en el Maracaná a jugar en nuestra tierra y conmovía hasta las lágrimas el “¡Fideo!, ¡Fideo!” que tronaba en la cancha. Y asimismo conmueve cada corazón que nos dedicás cuando gritás alguno de tus golazos, por cierto siempre tan decisivos. ¡Cómo te ibas a perder esta batalla de Lusail si no habías podido danzar en aquélla final de 2014!. Pero quiero hacer memoria completa, porque después del 1-2 contra Arabia Saudita, y cuando algunos se bajaban de La Scaloneta, vos diste la cara y desdramatizaste: “Ni antes éramos los mejores ni ahora somos los peores…tenemos que trabajar”.
Y en la primera de las seis finalísimas llegó tu asistencia al chutazo de Leo: es emocionante ver la repetición de ese golazo, porque los mexicanos se pasan en la marca al 10, y tu pase hace como un patito antes de que tu compadre rosarino la haga pasar entre varias piernas rumbo al arco defendido por Ochoa. Y en tu último mundial, tal vez, pudiste quedar afuera por una nueva lesión. Angelito de María, ella está al pie de nuestras cruces personales, sean físicas o anímicas; la vi chiquita y discreta en el festejo del vestuario campeón, con sus manitos juntas en señal de oración.
¿Salíamos con línea de 5 o arrancabas vos de entrada?. No podía estar ausente otro corazón tuyo después de tu golazo a Lloris, previa asistencia del “corazón valiente” Mac Allister. Y empieza tu sinfonía de lágrimas, en sintonía con tus corcoveos bailanteros. 3 a 2 La Pulga con la de palo…y con el bueno de Rodrigo el llanto emocionado en el banco…3 a 3 Mbappé!!! y otro llanto con la pechera que no deja de conmover. ¿Se te escapa? ¿Se nos escapa?...Después del Cachetazo abrazá bien fuerte y prolongadamente a tu mamá, saludá uno a uno a tus rivales y confesá tu fe al planeta como lo hiciste: “No tengo palabras para agradecerle a Dios todo lo que me dio”.
“Tarda en llegar y al final hay recompensa" (“Zona de promesas” Gustavo Cerati)
* Adalberto Odstrcil, Sacerdote.