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Este es el partido más importante que Australia ya le ganó a Argentina

Australia se cruzará en el camino futbolístico de la Argentina. Las diferencias entre los dos países son grandes. Es un dato histórico. También es abismal en lo económico, pero a la inversa. Sin embargo, hasta hace algunos años no era así. Qué hizo Australia para ser una potencia mundial.

El sábado se enfrentan dos potencias: una futbolística y otra económica. Argentina y Australia tienen realidades bien diferenciadas. En lo deportivo, en relación al partido que jugarán en Qatar, la superioridad albiceleste es un hecho que no ha cambiado con el tiempo. En cuanto al desarrollo como país, la balanza favorece a la nación oceánica. Pero no siempre fue así. Hasta hace poco más de 40 años competían en igualdad de condiciones.

Durante las primeros años del siglo pasado, el PBI de ambos países era similar, consecuencia de dos estructuras económicas y demográficas parecidas. Una actividad centrada en la producción agrícola ganadera, un territorio amplio lleno de recursos naturales y una densidad poblacional baja.

Con esta paridad fueron conviviendo entre 1900 y 1960, con una ligera ventaja para Australia. Incluso, a fines de 1800, la Argentina era más desarrollada.

Sin embargo, desde mediados de los 70, los caminos se bifurcan y la Argentina comenzó un declive económico, mientras que del otro lado del mundo empieza un proceso de expansión que lleva a que hoy el PBI argentino sea menos de la mitad que el australiano.

Hasta ese momento, además de las similitudes estructurales mencionadas, llegaban con un modelo productivo de características similares con una economía cerrada que sólo sobrevivía con el mercado interno y sin crecimiento. La tasa de desempleo de Australia rozaba los dígitos y la inflación rondaba el 17% anual. Niveles que para el país eran una señalan de alarma. Fue entonces que en ese país se iniciaron una serie de reformas a largo plazo que le permitieron, por ejemplo, alcanzar el récord de 28 años sin conocer la recesión.

Entre los años 80 y los 90, hubo un cambio profundo que hizo que adoptaran una nueva filosofía económica. De ese esquema protegido, como el que tenía la Argentina, se decidió dejar todo eso atrás. Los dos partidos principales (Laborista y Liberal) estuvieron de acuerdo, por lo que hubo un consenso a nivel nacional. Ese fue un factor imprescindible. 

El segundo factor importante fue explicar a la gente el porqué de las reformas, dónde se quería llegar, cuál era el proceso y cuánto tiempo llevaría. Además, hubo que explicar qué tipo de protección social se iba a dar en el proceso de cambio. Muchos sectores desaparecieron. Se creó una comisión nacional que evaluaba en que rubros podían ser competitivos y se dejaron de subsidiar a otros. Algunos, en el que eran bastante fuertes como el textil y el automotor, debieron cerrar.

Se bajaron o eliminaron aranceles, se quitaron subsidios a los sectores no competitivos, se decidió dejar flotar el dólar australiano, hubo desregulaciones para hacer al país más atractivo a las inversiones extranjeras, acuerdos con los sindicatos, el sector privado y el Gobierno para limitar aumentos de salarios a cambio de programas más fuertes de protección social.

Fue un proceso largo que tenía una particularidad: el primer ministro de aquellos tiempos, en los años 80, era del partido Laborista y había sido jefe de la central obrera. Eso fue clave para sentar a los sindicatos a la mesa de negociación. Al principio había temor a abrirse. Hubo gente que perdió su trabajo, pero fue un proceso de transición que se basaba en una lógica simple. Era un país cerrado, que no dejaba ingresar productos por la protección arancelaria, con menos de 20 millones de habitantes y que producía caro por lo que no podía exportar. Del otro lado del mar estaba Asia.

Fueron negociando acuerdos de libre comercio con Japón, Corea, China, con todos los países del sudeste asiático, porque eso les daba una entrada privilegiada a un mercado de 4.000 millones de bocas que necesitan comida.

Se eligieron sectores en los que podían desarrollarse y generar riqueza. Los principales fueron la minería, el turismo, alimentos, servicios financieros y  la educación, que es la tercera fuente de ingreso del Estado. En una población hoy de 24 millones, hay 624.000 estudiantes extranjeros que pagan la universidad. No son tarifas altas como Estados Unidos y Europa, pero se pagan. También los australianos pagan. Hay que considerar que cada uno de estos 624.000 estudiantes son consumidores. Alquilan departamentos, van al supermercado, tienen un efecto multiplicador importante. Somos un país pragmático. La mayoría lo paga mediante un sistema de préstamos que da el gobierno a una tasa de interés mínima, menos de 1%.

El proceso de transformación fue largo y se estableció un sistema de ayuda social para los desempleados. La mayoría se fueron capacitando para reconvertirse en los nuevos rubros que empezaban a crecer. 

La ayuda social a los desempleados dependía de varios factores. Para los jóvenes, por ejemplo, hubo un período que reciben un monto máximo, con el compromiso de encontrar trabajo. El Gobierno los ayudó a buscarlo. Después de cierto tiempo, baja la protección y entran en programas obligatorios de capacitación para ayudarlos a conseguir trabajo. De lo contrario, sería infinito.

Era protección social, pero con condiciones. Las personas de mayor edad tuvieron otro tratamiento, pero como el esquema fue a largo plazo, muchos se fueron jubilando.

Todo eso se acompañó con una reforma política de descentralización estatal y un riguroso control de los gastos. Los funcionarios – nacionales, provinciales o municipales – no pueden decidir sobre los gastos. Para eso hay instituciones independiente del Gobierno que, en base a datos, determina el uso de fondos.

“La mayor diferencia política con la Argentina es la independencia en Australia entre el Estado y el Gobierno. El Estado es muy profesional y se maneja con datos concretos. El Gobierno y los legisladores impulsan cambios basados en evidencias que preparan las diferentes instituciones independientes. La clave es el sistema político diferente”, dijo a MDZ el empresario argentino Diego Berazategui, radicado desde hace años en Australia, director de Akrom y co-fundador de ArCham.

Con todas estas reformas, Australia pasó a ser, desde mediados de los 70, un país en crisis económica, similar  a la Argentina de aquellos tiempos, a una potencia mundial, con uno de los niveles de ingresos per cápita más alto y demandante de mano de obra. En este aspecto, Australia ya le ganó a la Argentina el partido más importante.