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Quién era el "Niño del Aconcagua" y por qué hay cautela para su traslado

Desde 1985, el cuerpo del pequeño de origen Inca es conservado dentro de un freezer en una de las dependencias del Conicet. Aseguran que es clave contar con las voces de los científicos a cargo antes de decidir cambios sobre su destino. Otras tres momias halladas en Salta son el hallazgo homólogo.

Como soñando. Inmortalizando un mensaje dirigido a la naturaleza, envuelto en mantas, el niño permaneció en el helado cerro por cientos de años, como quien atesora los secretos más profundos de la inmensidad de la cordillera; del eco eterno de laderas bendecidas y de silencios quebrados solo, por el intermitente zumbido del viento. Allí, a 5.300 metros sobre el nivel del mar, custodiado por generaciones de cóndores que sobrevolaron su morada, el pequeño de ocho años fue hallado en el cerro Pirámide (contrafuerte del Aconcagua) por un grupo de cinco andinistas el 8 de enero de 1985.

Fue la primera parte de una historia que situó a Mendoza frente al país y al mundo, en el centro de la escena desde el punto de vista arqueológico, pero que también, inclusive 38 años después, no ha logrado ser resuelta en el plano histórico, simbólico y cultural de las comunidades originarias que hasta hoy, solicitan su reintegro a la cuna que determinaron los ancestros incas: la cordillera de Los Andes.

El hallazgo impactó de manera rotunda en el escenario científico. Fue nada menos que la antesala para avanzar en investigaciones que luego abrieron el abanico a un mayor conocimiento en relación a las culturas que habitaban estas tierras antes de la conquista de América. Se comprobó por ejemplo, que el entregar el cuerpo de un niño a la naturaleza para sellar el pacto de unión con ella, era un ritual sagrado para los pueblos originarios. De acuerdo a la información citada en la página web "Pueblos Originarios", en base a los datos recabados por los equipos de expertos que a lo largo de décadas han investigado el cuerpo del niño momificado, conocido como "Niño del Aconcagua", entre sus pertenencias, el pequeño portaba un par de pequeñas sandalias y dos bolsitas de fibras vegetales.

El ajuar para acompañar "el viaje"

Pero además, en el espacio limitado por pircas, los arqueólogos que participaron de las investigaciones inmediatas al hallazgo, descubrieron que los ancestros habían colocado en el nicho semicircular del cerro, seis estatuillas, tres de ellas con forma humana de oro laminado, plata con aleación de cobre y valva de molusco, un material muy valorado por los incas. Entre las ofrendas, también se descubrió la existencia de elementos provenientes de la zona de la selva ecuatoriana y tres mantas con aves bordadas. Para coronar la ceremonia, de acuerdo a los datos reconstruidos a partir del histórico hallazgo, el pueblo Inca inició el viaje del pequeño, según sus tradiciones, lleno de colores: una decoración con un penacho de plumas coloridas de guacamayo y tucán, con un manto de plumas rojas y amarillas cubrían la parte posterior de su cuerpo. En su cuello, el niño portaba dos collares; uno fabricado con piedras multicolores y otro de valvas.

El "Niño del Aconcagua" fue hallado en enero de 1985 por cinco andinistas. Hoy, la pieza se encuentra en conservación en el Incihusa.

De acuerdo a las conclusiones científicas, el pequeño habría integrado un grupo poblacional que que habitó tierra peruana hace más de 14 mil años. Lo cierto es que desde aquél verano del '85, el cuerpo momificado por el congelamiento, ha sido conservado y custodiado por los expertos en tierra mendocina. Hoy, la pieza arqueológica se encuentra en las instalaciones del Instituto de Ciencias Humanas Sociales y Ambientales (Incihusa) del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica  (Conicet), donde a lo largo de casi cuatro décadas se ha logrado mantenerlo bajo las adecuadas condiciones de frío, con bajos niveles de humedad, para evitar su degradación. Justamente, esta área fue declarada en 2015 como el reservorio arqueológico de la provincia de Mendoza. 

Cerro Pirámide, contrafuerte del Aconcagua, la flecha señala el lugar del descubrimiento. Fuente: culturademontania.org.ar

Voces que piden expresarse

Beatriz Bragoni es la directora de esta área científica y una de las investigadoras que hoy quiere dar a conocer su punto de vista a cerca de la necesidad de que se incluyan todas las voces y puntos de vista al momento de planificar el posible traslado del "Niño del  Aconcagua" a su sitio original. Hay que recordar, que días atrás, las autoridades del Gobierno Provincial dieron a conocer esta intención como un modo de responder a una demanda de reparación histórica que los descendientes de comunidades originarias han reclamado con antelación. "Necesitamos contar con servicios de energía eléctrica para garantizar la conservación. El espacio en sí va a depender de lo que dicen las comunidades, y, por otro lado, que no genere un impacto ambiental", manifestó este martes a MDZ Radio, Horacio Chiavazza, director de Patrimonio de la Provincia. De acuerdo a los dichos del funcionario, el objetivo es avanzar en la puesta en marcha de un plan para que la pieza sea trasladada el Parque Provincial Aconcagua. 

Según Chiavazza, el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica a través del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla) serán quienes tengan la palabra desde el punto de vista científico. En tanto que la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) tendrá la última palabra desde el punto de vista de la conservación. "La idea es que contenga una arquitectura envolvente, y que los visitantes puedan conocer sobre este fardo funerario como hecho ceremonial", expresó Chiavazza en la misma entrevista.

Apuntar al consenso

En realidad, lo que solicitan en concreto los representantes de los pueblos originarios, es una devolución desde el punto de vista histórico, cultural y simbólico. Por eso justamente, Bragoni destaca que el pasado 31 de agosto desde el Incihusa se organizó una reunión con integrantes de la comunidad científica y representantes de comunidades originarias en la provincia, de manera de comenzar a avanzar ese camino, pero sin descuidar los aspectos de valor arqueológico, patrimonial y científico que el "Niño del Aconcagua" reviste para toda la sociedad, con una llegada inclusive, internacional. 

En el marco de las consultas que está realizando el Gobierno Provincial para avanzar en el objetivo de retornar el cuerpo al Aconcagua, desde el área científica a cargo de Bragoni, hicieron explícito su desacuerdo con el hecho de no haber sido llamados para plantear sus aportes. Bragoni destaca en este sentido, que en realidad es el Conicet, concretamente el Incihusa, el área que desde los inicios de los hallazgos ha llevado adelante un trabajo pormenorizado y específico desde la ciencia para lograr conservar la pieza a lo largo de las años. De hecho, explica que cuando el mundo conoció el impactante hallazgo, desde este instituto se activaron todos los mecanismos necesarios para garantizar la adecuada conservación de la pieza.

La importancia de cuidar su conservación

"Cuando se hace el descubrimiento, el gran dilema fue lograr contar con las condiciones materiales para conservarlo en frío, En ese momento, desde un laboratorio se facilitó un freezer bajo la supervisión e los arqueólogos", indica Bragoni y detalla que luego la tarea de custodiar la pieza estuvo a cargo del reconocido arqueólogo radicado en Mendoza, Roberto Bárcena.

Lejos de buscar marcar un alejamiento de la ciencia respecto de la necesidad de abordar la temática sobre el futuro del "Niño del Aconcagua", Bragoni destaca que se trata de una necesidad legítima, pero que requiere de un abordaje profundo desde el conocimiento que puede aportar el área a cargo de su cuidado. "Se trata de un tema sensible para la comunidad mendocina, es una temática de interés nacional e internacional. Por eso consideramos que es fundamental que se convoque a todos los sectores para conocer los aportes diversos que cada uno pueda realizar", destaca la investigadora e historiadora de larga trayectoria.

En la misma dirección Bragoni destaca que el mundo científico no está negado a este debate, sino que promueve todo todo aquello que implique una reivindicación con los pueblos originarios, sin dejar de lado a la ciudadanía en general. "Sería bueno tener en cuenta además, que no existe una sola forma de restitución; la temática es mucho más abarcativa y compleja y no puede reducirse a tan solo algunos puntos de vista", aclara Bragoni.

Las Momias de Llullaillaco, el hallazgo de Salta

El "Niño del Aconcagua" constituye uno de los hallazgos científicos más importantes de la historia de la arqueología en el país y el mundo. Otras tres piezas arqueológicas, también dos niños y una niña, que fueron entregados como ofrenda a la naturaleza por el Imperio Inca, permanecen bajo estrictos estándares de conservación y cuidado en la provincia de Salta. Las momias conocidas como las Momias de Llullaillaco, (también llamadas Niños de Llullaillaco y Niños del volcán) fueron halladas en marzo de 1989 a una altura de 6.739 sobre el nivel de mar, cerca de la cima del volcán Llullaillaco, en el oeste de Salta. Actualmente se encuentran en exhibición en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.

La adolescente de quince años fue hallada en Salta. El hallazgo incluyó el descubrimiento de otro niño y una niña en las mismas condiciones de conservación. Los cuerpos están intactos. 

De acuerdo a las investigaciones realizadas por los científicos, el estado de conservación de "El Niño" (de seis años); la "Niña del Rayo" (con una edad estimada en seis años) y "La doncella" (una adolescente de quince años al momento de ser entregada como ofrenda), era tal al momento de ser hallados, que hasta hoy y bajo los estrictos cuidados, las piezas parecen estar durmiendo. Al momento de ser descubiertos, se encontraron al menos 46 objetos que componían el ajuar, que estaba compuesto por estatuillas con figuras humanas y animales en miniatura; utensilios y alimentos.