El barrio donde una "laguna negra" obliga a cerrar puertas y ventanas
Si hay algo de lo que disfrutan los niños y niñas al llegar los días de sol, es salir a la canchita del barrio y pasar las tardes enteras jugando a la pelota, corriendo e imaginando mil mundos posibles de mano de la ilusión. Allí, en algunos metros cuadrados de tierra suelta, las risas de los pequeños y los gritos de "¡Gol!", son la conexión con todo lo bello que representa la infancia. En el barrio Urundel, ubicado al oeste de Godoy Cruz, los días pasan entre necesidades compartidas por decenas de familias. No solo es la pobreza estructural lo que se instaló en la barriada que se levantó hace al menos cuarenta años, a fuerza de pico y pala de sus propios habitantes.
Hace seis semanas, no solo el gas, la luz o el agua potable son los recursos que escasean en el lugar. El aire ahora se siente fétido y casi es imposible respirar como consecuencia de un derrame cloacal que por tercera vez emana las 24 horas día líquidos con material fecal entremezclada a otros compuestos contaminantes. La situación ha llegado a un punto tal de gravedad, que los vecinos decidieron no callar y de hecho aseguran, ya han presentado reclamos y notas ante la Municipalidad de Godoy Cruz para que la "laguna negra" desde donde drena el líquido contaminante sea saneada y reparada. Justamente, el volumen de agua servida proveniente de las cloacas del departamento se expande por estos días sobre la canchita donde los mismos pequeños solían encontrar su sitio de encuentro.
Lo que es peor aún: la latente amenaza de contraer enfermedades infecciosas es una realidad para las cientos de familias que allí viven. En muchos casos, aseguran los vecinos, ya se han reportado problemas complejos en la salud de los habitantes como consecuencia de esta situación que ya por tercera vez no tiene una solución concreta. El desborde se ubica, justamente, entre las calles más transitadas en el interior del barrio, Los Viñedos y Cartagena.
La paradoja de la doble realidad
Para ir en busca de una salida y obtener asesoramiento, los vecinos aseguran que presentaron sus reclamos al área de Hábitat de la Municipalidad de Godoy Cruz. En tanto que desde el municipio afirmaron que ese inconveniente debe ser resuelto por Aguas y Saneamiento Mendoza (Aysam) y que la comuna interviene para solicitar la agilización de la resolución del problema. Si bien desde la empresa estatal a cargo del servicio de agua potable y cloacas aún no brindan detalles de este caso puntual, todas las quejas de los vecinos apuntan a que en realidad, el barrio se ha transformado en un sitio vedado a la "vera de Dios". Entienden que ni una ni otra parte se hace eco de sus solicitudes urgentes.
Aquí, la paradoja, pues el departamento que comanda Tadeo García Zalazar se posiciona como un ejemplo en materia ambiental en el mapa nacional: redujo 76% gases los de efecto invernadero y quedó finalista con Mendoza y CABA en el marco del certamen internacional denominado "Desafío de Ciudades". En tanto que desde Aysam ya anunciaron los planes millonarios relacionados a obras de magnitud en la provincia; un anhelo que el propio Gobierno provincial asegura estar concretando.
Respirar y pisar líquidos nauseabundos
Waleska Díaz Rodríguez (57) vive muy cerca de la zona del desborde cloacal. Asegura que esta es la tercera vez que sucede la rotura del caño cloacal que atraviesa la barriada. En las casas desde hace dos semanas y media, destaca, es imposible abrir las ventanas. El olor fétido todo lo contamina, mientras que cada pisada de autos desparrama la contaminación que emana desde abajo de la calle.
"Nuestra salud está en un grave riesgo, esto es un caldo de cultivo para toda clase de infecciones. La materia fecal se huele y acá nadie hace nada por nosotros; se acuerdan de que existimos cuando necesitan un voto y cuando pasan estas cosas parece que no les importa ni nuestra salud, ni nuestros niños. Pedimos que las autoridades competentes nos den una solución urgente", reclamó la mujer, que tiene siete nietos. Con la llegada de la primavera, la inundación cloacal también genera la proliferación de larvas de toda clase. Cuentan los vecinos que ya ha habido niños con casos complicados de alergias e infecciones causados por las picaduras de mosquitos. "Nadie viene a desmalezar ni a sanear este barrio", transmite su reclamo Waleska.
A las seis y media de la tarde, cuando regresó de su jornada laboral, Carlos Serrano (46) pensó que podía sentarse unos minutos en la puerta de su casa y tomar unos mates junto a su esposa. Pero ni bien salió con el termo en mano, debió encerrarse de nuevo. "No se puede respirar; es terrible vivir en medio de este nivel de contaminación", expresa el hombre. Destaca que no es la primera vez que esto sucede en el lugar.
Dos veces anteriores, el caño cloacal explotó como consecuencia de la presión. "Lo que sabemos los vecinos es que cuando vinieron a reparar las pérdidas anteriores colocaron un caño más angosto de lo necesario y creemos que por eso vuelve a colapsar. Necesitamos que se de una solución urgente", recalcó el hombre que vive en el Urundel desde hace más de 40 años junto a su familia. Carlos transmite que el derrame cloacal no se detiene, pues "está de día y de noche, todo el tiempo y eso también se va todo a la canchita donde los niños van a jugar", expresa con preocupación.
El barrio "invisible"
Al igual que en aquellas épocas, las historias de las más de cien familias que allí lograron contar con un techo, están atravesadas por la pobreza. al punto que levantar la vista hacia la lejanía de los cerros cercanos al barrio, implica empaparse de ese mundo donde las carencias se cuentan por miles bajo estructuras de chapa, nylon y cartón. Hacia el oeste está el sector donde casi nadie desde afuera ingresa. Ni las ambulancias, ni la policía, dicen los vecinos. Los días para los mendocinos que se quedaron sin techo hace poco y se instalaron en esta zona, transcurren casi de manera invisible para el resto de Mendoza.
Waleska resume su sentimiento sobre estas problemáticas, que a través de los años ha visto complejizarse. "Es increíble que estamos apenas de unos minutos y a metros de barrios residenciales y del corredor del Oeste, donde el movimiento es constante. Nosotros estamos acá y es como si para el resto no existiéramos", reclama la mujer al llamar la atención.

