ver más

Luchaba por su vida y asegura que una frase publicitaria le dio las fuerzas para salvarse

Lucio Rodríguez (42) padeció covid a fines de diciembre de 2021. Estuvo 21 días internado, de los cuales 15 permaneció en terapia intensiva. En esta nota, cuenta su historia y el incentivo que lo movilizó para no dejarse caer.

El espejo le devuelve la imagen de un hombre nuevo. Como si la vida, con un cachetazo rotundo le hubiese mostrado en tan solo unos días desesperantes, que el presente no regresa; que cada segundo que se deshilvana en este devenir, es un tesoro. Que los afectos, los vínculos y el amor, son en definitiva, semillas que despertarán en otras personas al de partir. Lucio Rodríguez asegura que descubrió esa esencia a sus 42 años, cuando enfermó de covid de manera repentina con un cuadro que casi lo lleva a la muerte. "Estás en la cornisa", le había dicho por lo bajo una enfermera al explicarle que la única forma de evitar que lo intubaran para luego aplicar el procedimiento de sedación, era no dejarse vencer y luchar por su vida con cada pequeño respiro que alimentara de oxígenos sus pulmones.

Cuenta Lucio que antes de comenzar a sentir los primeros síntomas de la enfermedad que se hizo una pandemia, sobre finales del 2021, podía jactarse de contar con una buena salud y de hecho, asegura que inclusive en los peores momentos del encierro obligado por el virus que tuvo al mundo en vilo, ni siquiera tuvo un resfriado. El 23 de diciembre, con los festejos de Nochebuena encima, sintió un fuerte dolor de cabeza y luego de garganta. Después apareció la fiebre de más de 39 grados. Fue en ese momento cuando se hizo el necesario test en forma privada cuyo resultado fue positivo. El pasar de los días le indicaron que en lugar de mejorar, los síntomas se empeoraban. Asegura que la fiebre le llegó a subir a 42 grados y después de haber consultado -y pasados los cinco días- el médico le indicó ir a la guardia más cercana.

Lucio vive en Capital Federal (Buenos Aires) junto a sus dos hijos, Agustín (10) e Isabella (7) y su esposa, Mariana Helguera (44). Hoy asegura sentir que la vida le dio una gran oportunidad para agradecer cada mañana. Apenas ingresó a la sala de la guardia de la Clínica Los Arcos (Palermo) el 27 de diciembre de 2022, recibió la noticia de que sus pulmones no estaban funcionando de la manera adecuada. Lucio estaba comenzando el proceso más complejo que puede desencadenar el virus Sars Cov-2, responsable de millones de muertes en todo el mundo: las radiografías comprobaron el diagnóstico de neumonía bilateral y de allí en más, su historia cambió para siempre. El oxígeno, poco a poco le resultaba cada vez más escaso pese a los tratamientos aplicados por los médicos para atender su emergencia.

Aferrado a la vida

Hoy, cuando Lucio asegura haber logrado superar con mucho esfuerzo las graves secuelas que el covid había dejado en su cuerpo gracias a las terapias de kinesiología y ejercicios diarios, mira por la mirilla de un largavista al pasado y encuentra a aquél hombre postrado en una cama de hospital, haciendo equilibrio entre la vida y la muerte. No hay un momento en el que haya olvidado los minutos vividos en esos 21 días de internación, de los cuales quince los pasó en el área de terapia intensiva. Cuenta que a medida que sentía que su cuerpo se apagaba poco a poco, su mente y su corazón solo se focalizaban en crear bellos y buenos pensamientos.

"Solo quería seguir respirando; seguir viviendo para acompañar a mis hijos en su crecimiento, a mi esposa y a mis padres. Era todo lo que se me pasaba por la cabeza; los afectos y todo lo que quería seguir compartiendo con ellos", asegura Lucio, al compartir ese tramo de vida que hoy ha preferido tomar como una gran enseñanza.

Llegar al límite

"A veces no nos damos cuenta de todo lo que tenemos a nuestro alrededor; necesitamos llegar al límite para valorar lo más importante, que son los afectos, los vínculos", reflexiona Lucio que siempre había contado con buena salud y había recibido en el tiempo debido las dos dosis de la vacuna de fabricación china, Sinopharm. Cada día, al amanecer, agradece a la vida, disfruta de tomar unos mates con Mariana y con alegría sale a trabajar para dar lo mejor de sí. Confiesa Lucio que si bien en su labor diaria como coach no suele comentar lo que le sucedió justo cuando el mundo estaba recibiendo al 2022, en plenas Fiestas de Fin de Año, en el fondo de su alma siente que su prioridad es dar lo más genuino de sí en cada desafío que emprende.

Una fecha le quedó grabada a fuego. Fue el 29 de diciembre, justo cuando el virus había avanzado de manera casi indefectible, cuando le informaron que si todo seguía de ese modo, no habría otra opción que intubarlo. "No podía hablar, pero como pude y muy despacito, pregunté mientras me cambiaban: ¿qué necesitan para no tener que intubarme? que respires de a poquito, que logres hacer llegar a tus pulmones el oxígeno", asegura que le respondieron. Consciente en todo momento, Lucio sabia que se enfrentaba sin querer, al desafío más grande de su vida. Cada pequeña ventilación que lograba -siempre con la bigotera de oxígeno y el suero aferrados a su cuerpo- era una mínima esperanza que habría paso a una nueva motivación.

Minuto a minuto

Fue en esos instantes críticos, cuando al mirar por una ventana que estaba abierta, alcanzó a leer una inscripción publicitaria que decía la frase: "Cada vez más fuertes". Solo cuatro palabras, que cada día al abrir los ojos, Lucio tuvo a mano para no olvidar que cada vez que inhalaba, su esperanza para mejorar crecía.

"Una de las enfermeras me llegó a decir que sentía que estaban frente a dos hombres diferentes en uno mismo; uno era el que aparecía en base a los estudios y otro el que seguía luchando para respirar y mejorar. No se explicaban cómo yo lograba muy poco a poco depender cada vez menos de la asistencia respiratoria", relata Lucio.

En realidad, su explicación reside en las imágenes que eligió conservar en su cabeza para esforzarse al extremo y seguir luchando por su vida. La expresión de sus hijos al reír, las manos de su mamá, alguna caricia de Mariana, Todo el amor se le venía encima como un "shock" de vida. Y al abrir los ojos, nuevamente, la frase. "Cada vez más fuertes", volvía una y otra vez al leer el cartel de MDZ, que estaba ubicado sobre calle Juan B. Justo de Capital Federal.

El día en el que a Lucio le dieron el alta en el hospital, se sacó una foto antes de regresar a su hogar, para enviar a sus familiares

Poco a poco, el milagro se fue abriendo paso: la saturación de Lucio cada poco a poco iba aumentando, aunque aún quedaba un largo camino para llegar a la recuperación. Dormía muy pocas horas y casi no podía comer. Porque no sentía apetito pero además, porque su debilitamiento era tal que no tenía fuerzas para masticar y el hecho de comer le implicaba no poder respirar. Una situación que con perseverancia y gracias a la dedicación del equipo médico, pudo superar.

Lucio se reencontró con su hijo y fue fotografiado como prueba de un momento único. 

El 19 de enero, llegó la noticia más esperada por Lucio y su familia. Tenía el alta en mano, pero no podía caminar ni mantenerse sentado como consecuencia del debilitamiento provocado por el virus. A partir de allí, Lucio comenzó su camino para sanar al 100%. "Todos los días iba un kinesiólogo a la casa para ayudarme a mejorar y recuperar el movimiento de las piernas y la fuerza de las piernas. Fue un día a día en el que no quería quedarme sin poder seguir intentando. "Había bajado mucho de peso y no podía caminar", recuerda y cuenta que al menos le llevó cuatro meses comenzar a sentirse en mejor estado de salud. Su espíritu, lejos de opacarse, se siguió iluminado . "Creo que fue la fuerza del amor y de todas las personas que me ayudaron lo que me salvó. Ahora lo que quiero, es seguir dando lo mejor de mí, que eso es lo que en definitiva importa", reflexiona Lucio.