Es la hora de la sociedad civil: ideas, valores y trabajo son las herramientas para vencer al populismo

Es la hora de la sociedad civil: ideas, valores y trabajo son las herramientas para vencer al populismo

Al populismo no se lo vence con una elección legislativa ni con un cambio de gobierno sino en una batalla cultural con buenas ideas y valores humanos fundamentales. EL primer paso debe ser un gran programa para salir del asistencialismo, recuperar la cultura del trabajo y, con esta, la economía.

Mariano Obarrio

El ser humano debe estar en el centro para impulsar la recuperación del la economía. Ningún modelo es viable si la mitad de la población no tiene trabajo, no genera riqueza, producción, y si no paga los mínimos impuestos. 

Es una fantasía adolescente que un país pueda ser inclusivo y justo si una tercera parte sostiene al resto de la población. Ese país no solo está condenado al déficit fiscal permanente, sino también a la pobreza, la desigualdad, la droga, la inseguridad, la disolución social, la violencia familiar y la degradación del valor de la vida. Está condenado a la cultura del descarte, que es la peor exclusión. 

Un cambio de gobierno no garantiza el cambio por si mismo. Mauricio Macri puede atestiguarlo. Creyó que su sola presencia como presidente garantizaba la recuperación, pero no advirtió la necesidad de un cambio cultural. Aumentó el gasto y las asignaciones sociales y nunca llegaron las inversiones que iban a salvar al país. Profundizó la recesión, la inflación, la pobreza y la deuda.

Para superar el desastre que hizo el populismo, es urgente cambiar el "buenismo" del distribucionismo bobo que empobrece, por la inclusión, la educación y la formación laboral masiva en oficios que recuperan el sentido de la vida, del ser humano, de su dignidad, y que generan riqueza y agrandan la torta para que entre todos se recupere la paz y la amistad social que es el principio y el fin de un programa económico.

La generación de riqueza es el motor de un capitalismo sano e inclusivo en el que los empresarios puedan dar trabajo sin temor a cerrar sus fábricas y los trabajadores puedan participar con justicia de las ganancias que genera su propio trabajo. El modelo es ganar-ganar y no la lucha de unos contra otros.

Por eso es urgente reconvertir al país en una gran escuela de oficios planificados según las competencias laborales que se demandarán en los próximos 30 años, la Cuarta Revolución Industrial, los trabajos que demanden el cuidado del planeta y los que impliquen una redistribución poblacional que ocupe con presencia productiva y económica todo el territorio con el criterio estratégico de garantizar nuestra soberanía. El equilibrio demográfico es crucial. Y todo se puede planificar al mismo tiempo, transformando la crisis en oportunidad y la necesidad en virtud.

Es urgente cambiar el "buenismo" del distribucionismo bobo que empobrece, por la inclusión, la educación y la formación laboral masiva en oficios que recuperan el sentido de la vida, del ser humano, de su dignidad, y que generan riqueza. 

Desde el Movimiento por los Valores de la Argentina comenzamos a desandar ese camino La sociedad civil debe empoderarse para llevar adelante esta batalla cultural de las buenas ideas y valores humanos. Los empresarios, los sindicatos, las instituciones, los credos, los educadores, las ONGs,  todos, deben recuperar el protagonismo y no delegarlo solo en la política. Deben ser el motor de un nuevo modelo en el cual retomen la iniciativa, tomen el toro por las astas y le marquen el camino a la política.

En la Argentina hay que planificar un nuevo modelo industrial pujante y vigoroso, dónde se funden nuevas fábricas con nuevos productos, alimentos, producción agropecuaria, construcción, telas, indumentaria, autos, tecnología, minería, cobre, litio, energía, convencional y renovable, economía digital, servicios, logística, infraestructura, forestación, medio ambiente, turismo y tantas otras.

Y en ese mismo sentido articular entre la sociedad civil, las empresas, los trabajadores y la política los instrumentos, espacios físicos, capacitadores y sistemas para recrear un gran proyecto se formación laboral que convierta al país en un territorio de enseñanza de esos oficios demandados a millones de personas con inserción laboral. 

Los empresarios incorporaran trabajadores si tienen condiciones de empleabilidad, formación actitudinal y técnica, además de esquemas tributarios que incentiven el trabajo y no lo desalienten. La cultura del trabajo fue lo que desarrollo Roosevelt en el New Deal y Europa en el Plan Marshall. Los recursos fueron canalizados a sistemas productivos con trabajo y no a engrosar planes sociales eternos. Para eso nació el FMI.

Por otra parte la resolución de los desequilibrios macroeconomicos se producirá automáticamente y ya no será necesario discutir "ajuste si o no", más allá de que hay que ordenar el Estado hoy inservible para estos objetivos y despojarlo de corrupcion.

También es imprescindible pasar trabajadores estatales al sector privado con el mismo criterio que a los beneficiarios de planes sociales. La enseñanza se nuevos oficios y habilidades. Ello aumentará el ingreso de la gente, porque la demanda de trabajando hará subir los salarios, mejorara la recaudación, reducirá la emisión y la inflación, el equilibrio fiscal, y se resolverán en el tiempo los problemas de la deuda. Es una misión casi imposible, pero inevitable, prioritaria e imprescindible.

Este es el plan que podría aceptar el FMI como sostenible en el tiempo porque es el sendero que eligieron los países desarrollados y no el populismo bobo. La Argentina saldría de su laberinto por arriba, cómo decía Leopoldo Marechal, y por fin los argentinos iríamos a las cosas y no nos detendriamos en grietas, suspicacias y recelos entre unos y otros, cómo lo avisaba en el 39 José Ortega y Gasset. La verdadera batalla para derrotar al populismo y a la pobreza no es política, sino cultural y por las ideas y los valores.

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