Lou Reed, un artista para caminar por el lado salvaje
Años más tarde su hijo Lou les dedicaría un tema poco sutil llamado “Kill your sons” (“Mata a tus hijos”) en el que ya al comienzo vomita la siguiente frase: "Todos tus psiquiatras de dos bits le están dando electroshock. Ellos dijeron que te dejaron vivo en casa con mamá y papá, en vez de dejarte en hospitales psiquiátricos. Pero cada vez que trataba de leer un libro no podía llegar a la página diecisiete".
En esa preadolescencia traumática me parece que nace este artista que, para los que lo hemos escuchado, quedó en la historia como uno de los más outsiders y mejores cronistas de la música y de la ciudad de Nueva York. Alguien que vivió toda su vida en guerra contra lo establecido, y murió ya habiendo encontrado la paz, mientras miraba los árboles y hacía la postura 21 del Tai Chi, según contó su mujer y cantante, Laurie Anderson.
Nadie puede contarte una historia de una manera tan simple y desgarradora como Lou Reed. Nada de metáforas y poesía: narración pura de la vida, lo bueno y lo malo, lo que nunca te atreverías a contar, ni siquiera a escuchar. Un cronista de historias duras y reales con miles de personajes, y otras autobiográficas, relacionadas con el dolor, el amor, las drogas, los travestis, los suicidios, el sadomasoquismo, el sexo y todo lo demás también. Tiene una voz única y, más que cantar, cuenta. Un camaleón de la vida: era tan hetero como homosexual, tan rockero como punk, y tan glam como tecno.
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Su primera banda creada en Nueva York, The Velvet Underground, fue algo diferente en esa época de paz y amor, y en su momento no vendió discos pero con el tiempo se fueron convirtiendo en un capítulo clave de la contracultura, influenciando además a miles de bandas. Hay una frase que lo dice todo: De su primer álbum apenas vendieron 30.000 copias; pero de cada comprador nació un nuevo grupo musical.
Lou Reed es la razón de todo lo que hago, confesó en su momento el neoyorkino Julian Casablancas, actual líder de los Strokes, uno de los tantos influenciados.
La Velvet fue la antítesis de toda la movida hippie que Lou tanto odiaba. Fueron los primeros en vestir enteramente de negro en una época donde la moda eran los colores bien vivos. Mientras los Beatles le cantaban al sol, ellos componían “Who Loves the sun?” (“¿Quien quiere al sol?”). Algunas bandas se la jugaban hablando metafóricamente de la marihuana o del sexo, mientras el joven-viejo Lou cantó explícitamente acerca de la heroína durante ocho minutos, o del dealer que le vendía la droga, o de sesiones de sadomasoquismo.
Tuvieron de padrino musical a Andy Warhol, que les hizo la famosa tapa de la banana para su primer disco. Una portada que al inicio era una banana que se podía pelar y en el interior era color carne: más fálica, echale agua. Hoy la remera de la banana vende tanto como la cara del Che.
Cuando lanzó su carrera solista, su amigo David Bowie le dio una mano produciéndole el disco Transformer, una obra clave que tiene tres canciones históricas: “Walk on the wild side”, “Perfect Day” y “Satellite of Love”.
Sacó 22 discos, y te voy a confesar que no escuché todos con profundidad. Lou es como Spinetta, Bowie o Dylan: grabaron tanto, que una vida no es suficiente para descubrir todo lo que hicieron.
Yo te quiero recomendar estas tres obras de arte para arrancar a ver qué te pasa con él.
- The Velvet Underground: su debut fue con este hoy famoso disco de la banana diseñada por Andy Warhol. Tiene casi todos temas buenos y entradores, y resume todo lo que era Lou en esa época de experimentación en New York.
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New York: a este disco te recomiendo escucharlo leyendo las letras, como si fuese un audiolibro, porque está lleno de historias de Nueva York. Fue lanzado a fines de los ’80, en la misma época de Nadie Sale Vivo de aquí, de Andrés Calamaro, que se inspiró tanto que compuso “Dos Romeos” y “Con la soga al cuello”, dos grandes temas que parecen versiones argentas de este disco.
Leyenda - Set the twilight reeling: discazo de los ’90. Me acuerdo que Mario Pergolini lo pasó casi entero en su programa de radio ¿Cuál es?, mientras yo andaba cadeteando por la calle Florida. Me gustó tanto que cuando llegó la tanda radial entré en una disquería a pedirlo, y me encontré con una edición súper original, ya que la tapa del cd era azul oscuro y al abrir el folio era amarillo. Tiene un sonido que te transporta al estudio, como si lo estuvieras escuchando en vivo, sin nada de postproducción.
A partir de este disco empecé a empaparme de Lou Reed. Ese mismo año, vi en el cine la película Transpotting, que me voló la cabeza, tanto por la crudeza de las imágenes como por su música, en especial la parte donde suena “Perfect Day”, un tema más viejo pero que resucitó a Lou. Ahí comencé a comprarme sus discos anteriores. Años más tarde, cuando viajé a Nueva York y ya venía obsesionado con Lennon, también agregué a la mochila los discos de Lou Reed y de Bob Dylan. Tres artistas claves de esa ciudad.
Cuatro años después de haberlo escuchado en la radio, me enteré de que venía a Buenos Aires. Era el 2000, y aún no había explotado el país por los aires. Dio un inolvidable show en el Gran Rex presentando su disco ¨Ectasy¨, vestido de negro, incluidas unas gafas que no se las sacó durante esas dos horas que tocó sin parar. Un verdadero rockero de 58 años y muchas batallas ganadas y perdidas.
Además de esa visita, tiene varias conexiones con músicos argentinos:
- En canciones de Calamaro, como “Dos Romeos”, “Lou Bizarro”, “Alta Suciedad” o “No se puede vivir del amor”. Esos temas conocidos tienen su sello.
- Luca Prodan era fanático de Lou. Grabó su cover de “Billy”, que está en uno de sus discos post mortem. También hizo un tema propio llamado “Heroine”, donde el título homenajea a su “Heroine”. Y según su hermano Andrea, lo último que escuchó en vida antes de convertirse en mito fue un cassette grabado por el mismo Andrea, que le mandó de Londres, con los dos últimos discos de Lou Reed, que seguramente en esa época no se conseguían en Buenos Aires.
- "Los mejores amigos”, de La Portuaria, es un choreo a mano armada de un tema desconocido y muy lindo llamado “Nobody But You”, compuesto por Lou y John Cale, que es parte de un disco homenaje a Warhol que sacaron en los ’90. Cale era de la Velvet también.
- Los Guasones y La Mancha de Rolando tienen un estilo musical y una manera de cantar, en especial el cantante de Guasones, muy Lou Reed. El tema “Calavera”, de la Mancha, es medio choreo de “Dirty Boulevard”. Lo mismo el tema “Down”, de Guasones.
En la Playlist vas a escuchar estas similitudes.
Lou murió en el 2014, a los 71 años, limpio y seguramente en paz.
Como él mismo dijo una vez, si se juntaran todos sus discos se podría escribir una gran novela americana. Si esa novela que nunca se escribió tuviera capítulos, me gustaría recomendarte al menos los 10 que yo no dejaría afuera, y que van en orden de salida:
Capítulo 1: “Sunday Morning”, una canción pacífica de amor, pero con frases acerca de la paranoia y la autodestrucción. Es el tema que abre el disco de la banana.
Capítulo 2: “I’m waiting for my man”, gran relato de un posible Lou con veintiséis dólares en su bolsillo, en la calle Lexington y la 125, esperando a su contacto que le vende las drogas. Un dealer que nunca llega a tiempo, de ahí el título de la canción. Un sonido que sería una marca registrada en varios temas posteriores.
Capítulo 3: “Heroine”, un relato de más de siete minutos y bien específico acerca de chutarte con heroína. El tema comienza tranquilo y, de a poco, va cambiando hasta ponerse muy denso, como si la droga le hubiese pegado en la parte final de la canción.
Capítulo 4: “Sweet Jane”, un temazo bien rollinga que se te pega desde su primera escucha. Me juego a que esta canción influenció a miles de bandas que vinieron después.
Capítulo 5: “Stephanie says”, una de las canciones más lindas para un oído, acerca de una chica llamada Stephanie a la que le dicen Alaska y tiene bastantes problemas con sus paranoias.
Capítulo 6: “Walk on the wild side”, es quizás su canción más conocida, que podría estar sonando en un auto en alguna fm mientras manejás con tus hijos. Lo que nunca vas a imaginarte es que su letra roza lo pornográfico. Relata la historia bien detallada de sus amigos de “la Fábrica” de Andy Warhol, que solían caminar por el lado salvaje, tal cual dice el título: el travesti Holly, la prostituta Candy, el chulo Joe, la bailarina Sugar Plum Fairy y la drogadicta Jackie.
Capítulo 7: “Perfect day”, grabada en los ’70, se hizo popular veinte años más tarde en la escena más desoladora de la película Transpotting. Una canción de amor a lo Lou Reed. Musicalmente y por el título, parece ser ideal para poner en la entrada de tu casamiento, pero la letra tiene su costado oscuro relacionado a sus propios problemas de autodestrucción, en especial cuando dice que ese amor lo hizo sentirse otra persona, una buena persona.
Capítulo 8: “Street Hassle”, un enorme tema de casi once minutos que comienza con violines y que contiene 3 canciones diferentes dentro del mismo tema, y cuya letra es pura sexualidad entre dos perdedores hermosos de la ciudad. Pertenece a un disco que tiene el mismo nombre, y los violines son el nexo entre las tres partes.
Capítulo 9: “Dirty Boulevard”, el hitazo de su obra de arte New York. La canción es bien arriba, pero una vez más la letra es desoladora. Narra la historia de un joven llamado Pedro, un latino que vive en un sucio bulevar en el medio de la ciudad, y lo único que quiere es volar de ahí.
Capítulo 10: “Hooky wookie”, un tema para terminar bailando, ponele. Pegadizo y bien citadino. No sé lo que significa el nombre de la canción pero, según su estribillo, I wanna hooky wookie with you es una manera de decirle a alguien que querés tener sexo.
Ojalá que te guste esta playlist que te armé del viejo y entrañable Lou, que arranca en estos diez temas y luego van algunos favoritos más y al final algunos argentinos bien influenciados.
Dale Play y pasate al lado salvaje por un rato:
*Diego Villanueva es autor de "Casi 30 artistas para antes de dormir"