El caso de una familia numerosa que la inseguridad la hizo emigrar
Decidir emigrar no es fácil. Nervios, dudas, temores son algunas de las sensaciones que deben ser manejadas, al mismo tiempo, cuando una persona se enfrenta ante un cambio tan drástico. Cuando se trata de una familia numerosa, todo se potencia.
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Hernán y Mariana, padres de cuatros hijos, de entre dos y siete años, están experimentando, en estos días, lo que se siente en esa situación.
Hace tan sólo dos semanas, llegaron a España para iniciar una nueva vida. Atrás dejaron su pasado en Santa Fe, sus trabajos, sus afectos.
Hoy se encuentran en Perellonet, un pueblo cercano a Valencia, ocupados en todo lo que implica el salto que acaban de dar. Desde encontrar una casa para instalarse, elegir el colegio de los chicos y la búsqueda de empleo.
“En agosto, todo el mundo está de vacaciones, así que primero vamos a instalarnos y, dentro de unas semanas, comenzaremos a ver qué vamos a hacer” dijo Hernán a MDZ, en la madrugada española, después de lograr hacer dormir a sus hijos. “Es el momento que tenemos para relajarnos y poder hablar tranquilos” acota Mariana.
Por el momento, vivirán de ahorros. Vendieron su casa, los dos autos y hasta algunos muebles, para financiar esta aventura.
“No estábamos en un mala situación económica. Yo soy docente, pasé por todos los cargos, y era director de un colegio privado. Mi mujer está a punto de recibirse de arquitecta. No nos faltaba la plata, pero tampoco nos sobraba. Una típica familia de clase media que andaba corriendo para pagar la tarjeta y demás gastos. La decisión no fue económica” explicó Hernán.
A los ingresos familiares, siempre había que sumarle algo de los distintos proyectos que encararon. Vender ropa, hacer pastelería y demás, todo para mantener un nivel de vida razonable. “Somos muy emprendedores”, agrega.
Pero hubo un hecho que fue determinante: la inseguridad. Si bien, desde hacía un poco más de dos años, el tema de probar suerte en otro lado les rondaba la cabeza, el asalto que sufrieron unos vecinos fue la gota final.
“Todo sumó. Una parte de lo económico y la falta de perspectiva. A eso, hay que agregarle lo mal que vivimos. Mi nena de cinco estaba pendiente de si ponía o no la alarma, si cerraba la puerta y de cualquier ruido que escuchaba. Llegó un momento en que dijimos basta, esto no da para más” señalo Hernán.
Con la cuarentena ya instalada, el estar todo el día en casa, les dio tiempo para pensar. Así fue que, hacia fin del año pasado, tomaron la decisión de emigrar. “Fue una conmoción para la familia”, coinciden.
En mayo vendieron la casa, en junio compraron los pasajes y, a mediados de agosto, subieron al avión.
“A los chicos los fuimos preparando. Lo hicimos participar de todo. Eso, obviamente, les generó ansiedad. Nos preguntaban todo el tiempo cuándo nos íbamos, así que tuvimos que parar un poco con contarles todos, hasta que pusimos la casa en venta y ya era un hecho” contó Mariana.
Hubo que explicarle al hijo de siete años y a los mellizos de cinco que, tal vez, iban a vivir en un lugar más chico, que no podían llevar todos los juguetes, que tampoco viajarían sus amigos, que harían nuevos y que, en los primeros cumpleaños, no iban a estar ni los abuelos, ni los primos, que se quedaron en la Argentina.
“No es una decisión fácil, pero todo los hacemos por ellos, por su futuro”, reconoce Hernán
En ese punto, la realidad argentina queda en primer plano: “no se puede pensar más allá de una semana. No se puede organizar nada. Siendo una familia numerosa, sabemos que la única forma de que funcione es con organización, planificación y rutinas. Al país le falta todo eso.”
La charla deja de lado lo personal y deriva en el contexto social, en el país.
“En la Argentina no sirve hacer las cosas bien. Nosotros intentamos hacer lo correcto pero nada se valora. Más allá de un Gobierno. Es un estado de cosas que hace todo más difícil”, dice Marina.
“No nos vamos enojados, nos vamos frustrados”, acota Hernán.
Ahora, dicen estar abiertos a lo que suceda. Con la ayuda de amigos y de algunos contactos, comenzarán a construir una nueva vida. La ciudadanía española de Mariana les servirá para empezar a radicarse.
“Sabemos que no venimos a un paraíso, vamos a tener que pelearla, pero todo lo hacemos por nuestros hijos” concluye Hernán. “Es por ellos”, repite Mariana.