Causa Bento: la obsesión por el celular donde están todos los secretos

Causa Bento: la obsesión por el celular donde están todos los secretos

El caso que sacude a Mendoza comenzó con el hallazgo de un teléfono que guardaba las amables conversaciones entre un narco y varios miembros de la banda que operaba en Tribunales. Aquí, las intrigas de los sospechosos para recuperar el aparato y la tarea de quienes intentaron proteger la evidencia.

Jorge Caloiro y Facundo García

Uno de los engranajes fundamentales de la causa de las coimas en la Justicia Federal de Mendoza es un teléfono donde hay conversaciones entre delincuentes y reputados personajes de Tribunales. Durante meses, ese aparato fue como uno de los anillos de Tolkien: todos lo deseaban, porque tenerlo significaba conservar poder, acumular influencias. Y perderlo, la desgracia.

Aquel 6 de marzo de 2020, Walter Bardinella Donoso era uno de los 10 hombres más buscados de la Argentina. Sin embargo iba como cualquier vecino por las calles de Guaymallén. Tal vez por eso, por la confianza que le daba sentirse impune, cargaba el celular que luego se volvería famoso entre los que siguen de cerca el expediente.

Bardinella fue detenido y los mensajes que tenía ese teléfono comenzaron a ser periciados. Hoy la investigación del fiscal Dante Vega resalta pruebas de que la organización criminal que presuntamente lideraba el juez federal Walter Bento hizo todo tipo de maniobras para recuperar esa pieza clave.

Una síntesis de los intentos por recuperar el teléfono.

Estrategia 1: “El dulce arte de negociar”

Diego Aliaga fue asesinado a mediados del año pasado. Primero se apuntó que era un “empresario”, luego se habló de sus tareas como corredor de aduana. Hoy se sabe que era el “informante 59” de la Policía de Mendoza, en una lista secreta que confecciona el Ministerio de Seguridad provincial.

La acusación dice que a ese rol le sumaba el de “mano derecha” del juez Bento dentro del organigrama delictivo de las coimas. La tesis del Ministerio Público es que cobraba sobornos a cambio de beneficios para los delincuentes.

Y por conocer los gajes del oficio es que, al enterarse de que Bardinella había sido detenido y su teléfono capturado, Aliaga movió fichas para ver si recobraba el artefacto. Sabía que en esa memoria había evidencia que podía ser usada en su contra.

"Es amigo nuestro y queremos rescatar su teléfono..."

Aún no había transcurrido marzo del 2020 y Aliaga solicitó una reunión con su enlace en la Policía. Le pidió, a cara rota, que le devolvieran el teléfono de Bardinella. Durante la conversación -que se produjo en un restaurante del barrio Palmares-, el operador judicial expresó: “yo no sé qué tiene el detenido ahí adentro. Es amigo nuestro, queremos rescatar ese teléfono. Si hay que cambiarlo, lo reponemos por otro igual”.

El efectivo que se había reunido con él le respondió que no podía hacer eso. Aliaga contó: “yo ya le pedí esto al Moncho, pero este pelotudo no sé...”.

El Moncho es uno de los imputados que cayó ayer: nada menos que el comisario José Gabriel Moschetti, quien por entonces era Jefe del Departamento de Lucha contra el Narcotráfico de Valle de Uco.

Estrategia 2: “De policía a policía”

Otra embestida de la organización para recuperar el celular fue, a los ojos del Ministerio Público, una visita que hizo el propio “Moncho” Moschetti a la División Medios Técnicos de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, donde se presentó enarbolando su rol jerárquico.

Fue 3 días después de la detención de Bardinella. La banda estaba preocupada.

Ya en la dependencia policial, el comisario “Moncho” se encontró con una colega a la que su chamuyo le despertó sospechas. Es más, esa oficial principal manifestó luego que le había llamado la atención que un comisario de otra zona llegara hasta su oficina preguntándole por el ya célebre telefonito.

Tanta insistencia, claro, generó inquietud entre los investigadores. Al revisar los contactos que había en el aparato secuestrado, apareció el número del comisario Moschetti. Bingo. Entonces se decidió que el teléfono fuera periciado fuera del ámbito policial.

Se cree que esta era la estructura básica de la banda.

Interludio: “Desesperados”

Al tiempo que sucedía todo eso, las discusiones al interior del grupo de sospechosos subían de temperatura. Desde hacía varios meses, MDZ había estado abordando aristas del caso; advirtiendo, además, que existían indicios de que algo muy grueso se tejía por debajo de ese teléfono y del presunto secuestro de Diego Aliaga.

En el expediente consta una grabación que aportó un testigo y en la que se oye a otro de los recientes imputados, Jaime Alba -abogado e íntimo amigo de Aliaga- hacer algunas consideraciones.

En la charla pueden escucharse tres voces conversando sobre el fallido intento de Moschetti para recuperar el celular de Bardinella. Una de esas voces sería la de Alba.

Voz 3: Pero ¿qué pasa? Han hecho cagar a un comisario y han hecho cagar un suncho en la investigación.

Alba: ¿Por qué, che?

Voz 3: Por la causa que estamos por el teléfono.

Alba: ¿Pero qué lo ha hecho cagar?

Voz 2: Este no me cree, pará... ya va a saltar.

Alba: ¿Cómo?

Voz 3: Y ahora lo sacaron cagando me dice. Todavía no lo hacen bosta judicialmente.

Alba: Ah. O sea: ¿porque han hecho algo con teléfonos?

Voz 2: No, no, no. Le han ofrecido mucha plata para que borre uno de los teléfonos. Porque si no ahí adentro se le suman veinte causas más.

Voz 3: El comisario se lo quiso chorear.

Voz 3: Fue (no se interpreta) entregado. El vago había estado ahí, manoteando.

Alba: (…) El tema es que… no han hecho un informe (no se interpreta).

Voz 3: No sé qué decir, estos están cagados, re culiado. Acá van a ver cinco, diez, mil ojos huevón ahora.

Alba: Fa. Qué atención culiado. Desgraciadamente no voy a poder ni probar.

Estrategia 3: “Que alguien borre los audios”

En las semanas recientes ocurrió un último intento. La opinión pública y la Justicia ya habían posado la vista sobre el asunto. A más de un año de la detención de Bardinella, el teléfono clave -el anillo de Tolkien-, estaba custodiado, al menos en teoría.

Y si no se lo podía recuperar completo, a lo mejor era factible borrar el material más comprometedor. En ese tramo del expediente vuelve a aparecer el testigo anteriormente mencionado, que grabó otra conversación con Alba. Lo que buscaba por todos los medios, afirma la fiscalía, es que se eliminara un audio del juez Bento.

En la grabación que aportó el testigo, de acuerdo con la acusación de la fiscalía, se escucha a Alba decir lo siguiente:

“Decile que saque, el loco tiene que sacar un audio, tiene que sacar un audio, un audio completo (...). Un audio completo quiero, no todos los audios. Un audio completo y que lo borres, después tiene que desaparecer; borrarlo del teléfono a la mierda (...) El teléfono me calienta tres huevos, mientras se borre, que no se pueda encontrar, los mensajes no me calientan”.

"Yo a esta causa la hago desaparecer igual, por poder político"

¿Qué contenía ese audio a borrar? Es otro de los detalles que seguramente dará que hablar en el futuro. Lo concreto es que el deseo de eliminarlo tenía que ver con “ganar tranquilidad”. En los registros que oyó la fiscalía, Alba continúa analizando la situación:

“(Él) me dice que si existieran los audios, igual me chupan la pija, porque esta causa la hago desaparecer igual, por poder político. Pero que no existan me genera mucha más tranquilidad”.

  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com

 

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