Cúneo Libarona: “Bento cree que mucha gente lo quiere”

Cúneo Libarona: “Bento cree que mucha gente lo quiere”

El defensor del juez sospechado de liderar una asociación ilícita en Tribunales redobló su tono picante en esta segunda parte de la charla exclusiva con MDZ. La semana pasada dijo que en algunos aspectos Mendoza es el Far West. Ahora vuelve con los cartuchos recargados.

Jorge Caloiro y Facundo García

La segunda parte de la charla va en velocidad crucero. En el caso de Mariano Cúneo Libarona, eso equivale a decir que la conversación adquiere el pulso frenético de una esgrima verbal sin concesiones. 

Libarona es, junto al abogado local Gustavo Gazali, el defensor del juez federal con competencia electoral Walter Bento, protagonista de uno de los escándalos de presunta corrupción más resonantes de los últimos años en Mendoza: el caso de las coimas en la Justicia.

Cúneo banca a Bento y sabe que al conversar con este diario está terciando mediáticamente. Una y otra vez, le enviará “mensajes” al fiscal Dante Vega desafiándolo, y acercará su voz a la grabación para que salga más nítida. “Escuchame, Vega…”, repetirá.

Así, desafía la teoría del enriquecimiento ilícito de Bento: “Vega, acordate -se le oye decir-: incremento patrimonial tiene que ser apreciable, de magnitud, considerable. No una cuentita de 5 mil pesos como la que hicieron, una cuenta de almacenero...”. 

Cuestiones familiares

En la saga que despunta Cúneo Libarona, Bento es un judicial de carrera que nace en Buenos Aires, viaja a Chile de vacaciones -donde conoce a su esposa Marta Boiza- y luego, los dos juntos, la empiezan a remar

“Él laburaba en una financiera y la señora no sé dónde. Se compraron su primer departamento en Rosario con unos mangos que tenían en un plazo fijo. Después vinieron para Mendoza y ahí lo nombran secretario a Walter. Entonces compran el segundo inmueble, y así”, enumera.

La versión no coincide con la del Ministerio Público Fiscal, que está analizando informes patrimoniales y que incluso ha dictado la inhibición general de bienes de Bento y su familia, una decisión que contó con las firmas de los dos fiscales de la PROCELAC (Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos de Origen Delictivo) que intervienen en el expediente junto a Vega,  María Laura Roteta y Mario Alberto Villar.

El abogado anda con el expediente a cuestas.

—A los inmuebles hay que añadir posibles emprendimientos que serían incompatibles con el puesto de juez. Es notable que toda la familia Bento trabaje en el Poder Judicial pero alguno de ellos figure como titular de sociedades comerciales. La Ley impide eso.
—No, pero no es cierto que tengan sociedades comerciales. 
—¿No? Nahuel Bento, el hijo del juez, tiene una Sociedad por Acciones Simplificada (S.A.S.).
—Sí, pero nunca funcionó.
—¿Y qué opina del hecho de que toda la familia Bento esté trabajando en el Poder Judicial?
—Siempre pasó eso. Hay familias judiciales. Por ejemplo los Malbrán: tenían un camarista, los hijos empleados. O los Cúneo Libarona: yo era secretario de instrucción, mis hermanos también eran judiciales, papá era fiscal de cámara. Eso es natural. Durante más de 40 años ha habido Cúneo Libaronas en la Justicia. Todos colocan a gente de su entorno. Es una tradición.
—¿Qué le ha dicho Bento sobre este caso? ¿Por qué cree que se desató este escándalo en la Justicia?
—Hay cosas que yo intuyo y que él no me dice. Creo que tiene una gran confusión y piensa que todo el mundo lo quiere. Yo me doy cuenta de que no es así. Que no tanta gente lo quiere. Algo feo de enfrentar, sobre todo cuando uno ya tiene cierta edad. Veo también que hay odios aquí en Mendoza, rencillas que me exceden. En un punto, Bento es un poco como Aliaga. Hay gente que recuerda cosas maravillosas -como los que se juntaban a jugar al truco con el ex aduanero- y otros que hablan pestes.

Gustavo Gazali (izquierda, saco marrón) y Mariano Cúneo Libarona son los defensores del juez Bento.

El departamento en Miami

El domingo pasado, MDZ publicó información acerca del departamento al que los Bento van a quedarse cada vez que van a Miami. Según los reportes, se alojan siempre en el mismo lugar, aunque en los papeles el domicilio no figura a nombre de la familia. Eso despertó sospechas sobre un posible testaferro y sobre inversiones fuera de la Argentina. 

“Bento no tiene bienes en EE.UU -retruca Cúneo-. Usa uno u otros que le prestan. Mirá, yo mismo inventé Miami. Ahora me fastidia la cantidad de Argentinos que van. Y yo tengo un departamento ahí desde 1997. ¿Y sabés qué? Lo presto. Aparte, la presión laboral hace que a veces vaya para allá por cuatro o cinco días. Desconecto. Es lo que hacía Bento. Además, si se iba por un mes lo putean, si se iba por cinco días también lo putean, no entiendo... 
—¿Quién le presta el departamento?
—Un amigo entrañable que él tiene, un ciudadano que nunca enfrentó una causa judicial. Yo voy a probar esto con documentos. Esta persona no es de la política ni es de Mendoza.
—Usted dice que los viajes de Bento se explican, en gran parte, porque en calidad de juez fue invitado a distintos lugares. Visitas oficiales, digamos. Pero la esposa registra igual o mayor cantidad de viajes y no es jueza…
—Cuando vine a Mendoza, mi primera reunión fue con los contadores. Me junté con declaraciones juradas y un montón de profesionales. Empecé a ver papeles, ingresos. Pregunta fundamental: ¿dan los números? Con la información que tenemos, dan. Listo. El informe que estoy preparando incluye la explicación de todo, hasta el origen de los bienes de los hijos. 

Ajedrez de contactos

—¿Por qué cree que prácticamente ningún medio de Mendoza nombró a Bento hasta el momento de las imputaciones? ¿Movió algún tipo de fichas en ese sentido?
—Lo aludían claramente. Vamos, uno más uno es dos. Los periodistas a veces se hacen las víctimas…
—A ver si lo estamos entendiendo: usted dice que una parte de la prensa está en contra de Bento...
—Sí, porque hacerlo vende.
—...Y que desde hace años varios tipos se habían puesto de acuerdo para decir que conocían al juez y cobrar coimas “vendiendo humo”. Y usted sostiene, además, que Bento nunca supo nada de esto a pesar de los rumores. 
—Ay...¿Escucharon al arrepentido (Matías) Aramayo? Es mundial. Jura que conoce personalmente a Bento porque lo vio una vez. Fue en una casa, y supuestamente, al llegar, el juez le dijo ‘bienvenido a la organización’. ¡Pero dejate de joder! Bento ni lo conoce a este tipo. Mostrame vos que le dieron plata, que sabía lo que estaba ocurriendo, no que Bento dijo una boludez así. 
—Para usted, entonces, Luciano Ortego y Diego Aliaga afirmaban ser amigos de Bento. Con esa excusa, y con ayuda de subordinados, apretaban presos y les cobraban dinero prometiéndoles beneficios que nunca llegaban. Pero hay un detalle: Diego Aliaga no era un desconocido para Bento. Mantenía algún tipo de vínculo. De lo contrario no se explicarían los numerosos llamados entre los teléfonos de ambos.
—En su momento contaremos qué tipo de relación tenía Bento con Aliaga. Por ahora no lo vamos a decir. Yo voy a presentar un escrito sobre esto, y me voy a guardar la explicación para el tribunal. Dejame algo para sorprenderlos, che.
—¿Y Bento nunca se enteró de que había varios tipos que decían conocerlo y cobraban plata a partir de ese supuesto contacto?
—No se lo he preguntado. Pero si no supo nada, o si supo y no actuó, sin duda fue un error. Igual hay detalles que sugieren que él no tenía ni idea. El teléfono de Bardinella Donoso (nota del r.: se trata del celular que disparó toda la causa, ya que guardaba conversaciones sobre negociados)- llegó a Bento y él no ordenó devolverlo ni destruirlo. Dejó que eso siguiera adelante. Si el juez hubiese estado en la joda, declaraba nula esa actuación y listo.  
—¿Está bien que Bento siga en funciones como juez?
—Yo no tengo la menor sospecha sobre cómo trabaja él. El tipo es una máquina: la memoria que tiene y lo que estudia de la causa te impresionarían. No me parece que deba pedirse licencia. Las veces que nos hemos juntado, siempre llegó un poco tarde porque se había quedado trabajando. 
—Y dentro de ese cronograma, ¿hay posibilidad de que acordemos una entrevista con él?
—No. Porque este abogado, que algo de medios sabe, va a dejar ese encuentro para el final. Con ustedes, con los peores, hablará al final. 
—¿Y cómo será el final?
—Si aparece un tribunal justo, ganaremos. Si aparece la política, ganará Vega. 
—Más allá de este caso puntual, ¿qué es más importante para usted, ganar o que se haga justicia?
—Si gano cometiendo una injusticia no me siento bien. Una vez hice zafar a un personaje en una causa y me convencí durante el juicio que él era el autor del delito. Terminó el proceso y festejaban todos. Él me vino a dar un abrazo y yo le dije “pará, mantengamos distancia”. No me sentí contento. En cambio con Bento eso no me pasa. Hasta donde lo he llegado a conocer, le he tomado aprecio. Este hombre necesitaba un abogado técnico que a la vez pudiera hablar con ustedes, con la prensa. Al aceptar el trabajo, no sabía que me estaba metiendo en este quilombo. En todo caso, yo no soy el que tiene que hacer justicia. Yo puedo contribuir. Pero te digo: cuando yo me encuentro con un proceso irregular, sea culpable o inocente el acusado, me inclino por la absolución.

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  • Fotos: Alfredo Ponce. Contenido para redes: Delfina Suárez.
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