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Fiestas felices y familia: ¿Noche de paz, noche de amor?

Fin de año, Navidad, Año Nuevo, ya entramos en la cuenta regresiva, y estos últimos días de diciembre se nos escurren cada vez más rápido. No dejemos que la agitación se apodere de nosotros, intentemos vivir este tiempo con alegría que de eso se trata.

Sobrevuelan quejas por las reuniones familiares por las fiestas, la organización de los eventos, la logística de los regalos y protestamos también por las agendas estalladas. Parece que el 31 de diciembre se acabara el mundo. Tranquilos, solo empieza un nuevo año calendario. Hagamos una pausa.

En medio de las preocupaciones y corridas, a veces nos cuesta conectarnos con el verdadero sentido de las fiestas. La buena noticia es que todavía podemos hacerlo.

Para los creyentes, sin duda la clave será poner a Jesús en el centro de la Navidad, y recordar que en definitiva estamos celebrando su venida a este mundo en la sencillez de un pesebre. Ojalá podamos dejar que su presencia transforme nuestros corazones, y aprovechar para compartir con nuestros seres más queridos celebraciones y oraciones.

Cuando hay niños en la familia, tenemos el privilegio de ser testigos de la ilusión de los chicos esperando la Nochebuena. Cartitas a Papá Noel, regalos sorpresa. Miremos bien de cerca esas sonrisas y disfrutemos con ellos estos momentos imborrables en su historia.  

Fin de año nos trae a todos un balance, en el que a veces pesan más todas las dificultades que nos tocaron en el año que despedimos, que tiñen de desesperanza la expectativa de lo que viene. No es tan sencillo, pero vale la pena, intentar poner la mirada en lo positivo y pensar en qué aprendimos de lo vivido. Asimismo, nunca dejar de proyectar, tener sueños y propósitos. Lo mejor está por venir.

Las fiestas traen, en muchas familias, numerosos conflictos en cuanto a la organización: “Nos toca con mi familia”, “Yo a la casa de tu tía no voy ni loco”, “Quiero salir con mis amigos después de las 12”,  y tantas otras luchas que se vuelven batallas campales, y parecen no tener solución. Cuántas veces en los días previos nos invade un sentimiento que nos hace desear “quiero que pasen ya las fiestas, y que sea 2 de enero”. 

Marisa y Rodolfo llevan 10 años de casados. Ya en los últimos años de su noviazgo, establecieron la costumbre de alternar para las fiestas compartiendo con cada familia de origen una de las fechas: nochebuena/navidad con unos, y fin de año/primero con otros. Todo fluía a la perfección, y año tras año a principios de diciembre alguno encaraba la conversación repasando la pregunta ¿Con quién nos toca navidad este año?, y todos felices y contentos. Ambos son hermanos mayores en sus casas, y sus hermanos solteros se acoplaron siempre sin problemas a su alternancia, sumándose a sus celebraciones. Hace unos años, la cosa se empezó a complicar, los hermanos se fueron casando, y entonces cuñados y sus respectivas familias de origen entraron en escena. La sencilla pregunta de ¿con quién toca? ya no era tan fácil de responder, y el tratar de coincidir con padres, hermanos, sobrinos y sus parentelas políticas, se volvió una misión imposible.

Muchas de estas discusiones son inevitables y lamentablemente, no tenemos la receta mágica para que desaparezcan. Sin embargo, cada uno de nosotros puede elegir qué actitud tomar. La clave será estar dispuestos para hacer concesiones, y buscar acordar en las diferencias, corriéndonos del egoísmo para pensar en el otro: en nuestra pareja, en los más chiquitos de la familia, en las personas mayores. En estos tiempos en los que preocuparse por el otro es una costumbre olvidada, aprovechemos la oportunidad de las fiestas, para crecer en generosidad y empatía.

Una vez sobrellevadas las discusiones previas, y ya dispuestos a celebrar “con los que toca”; la melancolía y nostalgia por los que ya no están, o los que viven lejos, toca a nuestra puerta y se sienta sin invitación a nuestra mesa. En vez de renegar de su presencia, hagámosle un lugar, en medio de la alegría y el clima festivo, conectándonos también con ese sentimiento desde lo más profundo, sabiéndonos acompañados y compartiendo de un modo especial también con estos seres queridos, a pesar de que no estén físicamente entre nosotros.

Por otro lado, mientras estamos inmersos en la discusión sobre en qué casa nos reunimos o con quién, o deliberamos cuál va a ser el menú, a veces olvidamos que muchas personas están solas y que, tristemente, muchas familias de nuestro país no cuentan con los recursos materiales para compartir una comida. Si bien no tendríamos que esperar a ocasiones especiales para tender una mano a quién más lo necesita, lo cierto es que estos momentos pueden darnos el impulso para ser más solidarios. Existen infinidad de movidas y organizaciones, con distintos modos de colaborar.  Bienvenido sea el disparador, y a ponerse en acción grandes y chicos. Busquemos dentro de nuestras posibilidades un gesto concreto con el más necesitado.

Lamentablemente, para algunos, las fiestas tienen esa mala fama de ser el escenario de peleas familiares, discusiones, reproches, situaciones conflictivas. Cada uno de nosotros puede elegir resignarse a esto, o disponerse a sembrar la paz en sus hogares, propiciando un ambiente de respeto y buen trato, proponiendo temas positivos de conversación, y frenando la escalada de conflicto, antes de que siga creciendo.

Finalmente, muchas veces el bullicio se apodera de la reunión, más allá de la cantidad de comensales. Hagamos el esfuerzo de escucharnos unos a otros. Hasta podemos animarnos a proponer alguna dinámica sencilla para hacer en familia en el momento de la comida, como disparador.

Una familia nos compartía que ellos tenían la tradición de decir en voz alta en el momento del brindis un deseo especial para la persona que tenían sentada a su derecha. Otros nos contaban que escribían en un papelito un propósito para el año entrante, y que los guardaban en una cajita especial, que al año siguiente abrían y leían juntos. Bingo musical, villancicos, karaoke, juegos de preguntas y respuestas, dígalo con mímica, representaciones de los más chiquitos, y tantas otras ideas como familias hay, que vuelven estos encuentros un momento especial.

Generemos momentos que dejan huella, y que cada una de estas fiestas sea noche de paz y noche de amor, porque estamos felices y agradecidos de poder celebrar en familia.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra