El que espera, ¿desespera? La importancia de educar en la paciencia

El que espera, ¿desespera? La importancia de educar en la paciencia

Se dice que la verdadera paciencia es la habilidad de mantener una buena actitud durante la espera. Se torna un poco difícil transmitir este valor en estos tiempos donde pareciera que lo ideal es la inmediatez, y conseguir todo está a un click de distancia.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Ya casi no esperamos el horario de nuestro programa favorito, lo seleccionamos en el menú cuando queremos. Ni esperamos que pasen aquella canción en la radio, y así tantos otros ejemplos.

Vemos las salas de espera abarrotadas de niños que manotean celulares y tablets que parecen ser el único entretenimiento posible. Impacientes, inquietos.

¿Por qué nuestros chicos no saben esperar? ¿Será que nosotros tampoco? ¿Quién no rezonga cuando entra a un banco, negocio, oficina, y tiene varias personas adelante? Es común presenciar algún que otro altercado entre adultos protestando, quizás hasta con agresión desmedida porque “están tardando mucho en atenderme”, “yo estaba antes que la señora”, “¿por qué lo atienden a él primero?”.

Compenetrados en hacer que nuestro tiempo valga, en más de una oportunidad nos perdemos en esos momentos ver los ojitos de nuestros hijos que nos miraban azorados. ¿Qué tiene de terrible esperar un rato?, se estarán preguntando, y al tiempo, se impacientan con nosotros.

A veces podemos sin querer, no poner tantas energías en entrenar a los chicos en la paciencia y la capacidad de espera, quizás porque no lo vemos tan necesario. Sin embargo, todos coincidimos en que las cosas más importantes de nuestra vida requieren esfuerzo y tiempo para lograrse.

Aprender a tocar un instrumento, andar en bicicleta, conocer un nuevo idioma, los logros en el estudio y en el trabajo, cultivar nuestros vínculos de amistad y familia.   

¿Cómo podemos ayudarlos a entrenar su paciencia? Un primer paso podemos darlo en las cosas de todos los días, corriéndonos del lugar de satisfacer sus necesidades en forma inmediata, con nula espera. ¡Tengo sed! ¡Tengo hambre! (nadie va a morir deshidratado o de hambre por esperar unos minutos) ¡Quiero esto ahoraaa!, ¡Necesito que me compres aquello!, y ahí estamos como un delivery inmediato.

Un pequeño ejercicio para hacer con los más chiquitos puede ser decirles por ejemplo: Enseguida te sirvo agua, termino de mandar este mail y voy. Y ante la insistencia, animarnos a un “yo sé que vos podés esperar”. Y lo mismo con los pedidos de los más grandes. Claro que a veces nos cuesta, porque también nosotros nos vamos acostumbrando a querer todo ya mismo.

Vieron que hasta los servicios de moto incluyen ahora un servicio premium sin espera, casi que quisiéramos tener la lámpara de Aladino para que frotándola aparezca nuestro pedido de manera inmediata en nuestra mesa.

Vivimos corriendo y sentimos que el tiempo no nos alcanza, lo cual es cierto, y la vorágine del ritmo laboral y familiar va aumentando su velocidad, pero paradógicamente, cuando tenemos esta constante actitud de apuro, la ansiedad hace que se nos escurran aún más rápido los minutos. Aquel famoso “Vístete despacio si estás apurado”.

Sin duda, la gran herramienta que representa la tecnología, retroalimenta nuestra sensación de que todo lo podemos tener aquí y ahora. No nos bancamos esperar la respuesta a un mensaje que el destinatario ya leyó, como nos indican los tildes azules. O que alguien guarde silencio mientras “está en línea”. Chicos y grandes padecemos esta inquietud, que está a pasitos de convertirse en ansiedad.

Lo ocurrido esta semana con la caída de Whatsapp, Instagram y Facebook por unas horas, no hace más que corroborar esta dependencia que tenemos de la inmediatez que nos presentan las redes. Es como que se anulara nuestra capacidad de pensar. “¿Cómo voy a hacer para avisarle a mi mamá que llegué bien si no funciona whatsapp?”, nos decía desesperada una adolescente cuando cayeron las redes. ¿Y si la llamás por teléfono?.

Sin quererlo, olvidamos que las aplicaciones y las redes son instrumentos, y nos dejamos atrapar.

Estoy disfrutando una rica comida con mis amigos, y en ese preciso momento necesito publicar la foto para que todos lo vean. No me importa que se me enfríe el plato mientras busco los filtros y pienso el mejor ángulo para la placa. No puedo esperar.

Escucho una noticia en la televisión, y de inmediato la comparto con todos mis grupos de whatsapp, aunque todavía no haya oído hasta el final, cuando el conductor dice “Esto todavía no está confirmado”. No puedo esperar.

Envío un correo electrónico a mis compañeros de trabajo y les mando un mensaje por whatsapp avisándoles que se los mandé, exigiendo su respuesta. No puedo esperar.

Necesidades y urgencias que no son tales.

La otra semana reflexionábamos acerca del trabajo, y sin duda el valor del esfuerzo está íntimamente ligado a él. En esto, la tolerancia a la frustración es clave para entender los errores como oportunidades, con la consciencia de que un verdadero aprendizaje tiene sus tiempos.  

Respetar los tiempos, esperar los procesos.

Otras ideas para educar en la paciencia en la familia:

  • Cocinar juntos:

Mas allá que no seamos grandes chefs, podemos igual hacer el intento, gracias a la cantidad de recetas en línea y tutoriales, seguramente haremos un rico plato. Lo interesante, es ver cómo en la cocina determinados procesos llevan su tiempo: Dejar levar la masa, reposar la mezcla, hornearse a baja temperatura, dejar enfriar para desmoldar. Estas pequeñas esperas son fundamentales para el éxito de nuestro plato.

  • Juegos de mesa:

Desde los más chiquitos hasta los más grandes, disfrutan de un buen juego de mesa. Ya en el jardín de infantes en la ronda, la maestra va entrenándolos en la capacidad de esperar su turno para hablar o jugar. Replicar estas dinámicas en casa, es una gran oportunidad para forjar este hábito.

  • Huerta/Jardinería:

No hace falta tener un gran jardín, en una pequeña ventana o balcón podemos encontrar el espacio, o bien disponernos a observar algún árbol o planta del exterior. Los tiempos de crecimiento, y los procesos de la naturaleza en flores, árboles, etc., también nos enseñan mucho acerca de la importancia de la espera.

  • Acompañar los aprendizajes:

Aprender es adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio, el ejercicio o la experiencia. Más allá de lo estrictamente académico y escolar, donde solemos poner el énfasis, es interesante que como padres, también acompañemos a los chicos a transitar el aprendizaje de sus actividades extra: instrumento musical, deporte, idioma, baile, canto, arte, etc. Es cierto que la infancia es la etapa para explorar intereses y que en este recorrido los chicos pueden ir cambiando de actividad. Y nosotros como adultos los apoyaremos en estos descubrimientos. Sin embargo, a veces el “dejar” tal o cual actividad, tiene que ver con no tolerar el proceso propio del aprendizaje, que como decíamos requiere estudio, ejercicio o experiencia, en definitiva, tiempo.  

Creemos firmemente que la educación de la capacidad de espera y la paciencia, es fundamental para el desarrollo de niños y adolescentes, ayer, hoy y mañana.

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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