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Éxito (Mike Amigorena, paso a paso)

El actor mendocino es protagonista de uno de los programas de TV más vistos en el país. Obliga a pensar en el éxito, sus mieles, sus caprichos y su atipicidad.

Del latín exĭtus, "salida".

1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etcétera.

2. Buena aceptación que tiene alguien o algo.

3. Fin o terminación de un negocio o asunto.


El sexto programa con mayor rating hoy en la televisión argentina, según Kantar Ibope Media, está protagonizado por un mendocino. Se trata del seriado "Quiero vivir a tu lado", en el cual, de lunes a viernes, por Canal 13, el comprovinciano Mike Amigorena da vida a un tipo envuelto en el eterno problema del "amor pospuesto". Con 8,68 puntos, la tira de Pol-ka deja ver algunas situaciones interesantes para analizar.

A decir verdad he visto los capítulos desde la mitad de la historia hasta ahora (su comienzo remonta a fines de enero). Dicen que ya entró en la recta final de emisión. Me perdí el principio y, según lo que leo acerca de este proyecto, soy uno de esos televidentes que "redescubrieron" esta tira, ya que sus productores pensaron en sacarla del aire en distintas ocasiones, por sus bajas mediciones. Bajas para el negocio de la tele, no tan magras si se mide en personas.

Lo primero que me sorprendió de esta comedia "blanca" fueron tres personajes: Amigorena, en una perfomance familiar ABC1 muy convincente, fresca, como si no existiera en el medio aquello de la actuación. Y luego el rol de dos actores secundarios: uno, que hace de sanjuanino (y es insuperable su argot de "sanjua" típico), y otro, que hace de mendocino. Ambos conviven en el mismo ambiente laboral y se llevan mal, casi como nutriente del mito de enfrentamiento entre cuyanos. Resulta divertido y hasta folklórico, cada uno en su rol e incluso en la interacción.

No me provoca risa la comedia o lo que se suele autodefinir con esa categoría. Pero no es el caso de esta producción de Pol-ka.


El ojo de Gaby Herbstein para retratar a uno de los nuestros.

¿Cómo piensa este trabajo su protagonista? 

"Es un personaje que se siente tentado de cambiar su destino y casualmente me toca a mí, que soy un tipo que trata de respetar lo genuino, que toda la vida hizo lo que quiso; eso me mantiene liviano, no me debo nada. Mi sensación es que podría morir mañana y moriría feliz".

Amigorena se piensa como Tomás Justo, el tipo que en la ficción está casado (con Florencia Peña), pero que ama a su vecina, quien, a su vez, está casada con su mejor amigo, el de toda la vida.

El crítico Martín Fernández Cruz, de La Nación, ha  dicho que esta serie "se mueve hacia otro terreno en Pol-ka, con recursos narrativos más modernos y una trama de amores cruzados que se complican por un entorno familiar algo absorbente. El reto es entonces expandir el universo de estas dos familias, sacarle provecho al desfile de personajes y no abandonar recursos tan ilimitados, como el de hablarle a cámara. Y mientras más cerca de su premisa original se mantenga, más cerca estará de haber logrado su cometido".

Amigorena, a los 44 años, más allá de esta tira (o a propósito de ella) nos muestra un sendero de éxito. Por eso importa resaltar lo que configura su estructura de pensamiento, ya que quizá hasta sea contagiante o inspirador por estas tierras. A fines de enero, cuando se lanzó la serie, le dijo a Télam: 

"Hay que envidiarle a las producciones extranjeras. Argentina tiene que envidiar el orden y la disciplina de los demás. Acá no hay orden. Hay que aprender de los otros países para después poder emplearlo acá. No hablo del guión, acá es perfecto, hay muy buenos guionistas, pero este fenómeno con las producciones extranjeras se genera porque somos indisciplinados".

En otro tramo de su charla fue más íntimo, al referirse a su rol en la tira: "Es un personaje que se siente tentado de cambiar su destino y casualmente me toca a mí. que soy un tipo que trata de respetar lo genuino, que toda la vida hizo lo que quiso; eso me mantiene liviano, no me debo nada". 

"Mi sensación es que podría morir mañana y moriría feliz", sostiene Mike Amigorena.

Me cuesta encontrar relatos de mendocinos en estos términos. Relatos que no hagan agua entre lo que se dice, se piensa, pero, fundamentalmente, en lo que se hace.

Enero de 2012. El entonces jefe y vicejefa de Gobierno porteño, Macri y Vidal, saludan a Mike Amigorena, líder de la banda Ambulancia, en la inauguración de recitales organizados por el Ministerio de Cultura en Parque Roca.

En "Quiero vivir a tu lado", todas las noches Amigorena aparece como un fugitivo apesadumbrado por una realidad que no le interesa y de la cual es víctima. Está a punto de patear al tablero pero nunca su movimiento alcanza a desbarajustar del todo su ecosistema. Y en estas fugas surge el comediante prolijo, correcto, clase media alta argentina, que provoca complicidades, empatía y hasta solidaridad. Es en la idea del paraíso perdido que el drama da paso a una ironía finita aunque popular, de amplio espectro.

Mike Amigorena no es el Martín Pells de hace algunos años, sino un actor más consolidado, nunca previsible y ajustadísimo a su rol de comediante leve. 


Quizá nos topamos con un rol atípico, el menos pensado y, sin embargo, el mendocino (o maipucino) ha pasado una nueva prueba en esta maratón de desafíos que se impuso desde que decidió irse de Mendoza, en busca de desarrollar trabajos que aquí, lamentablemente, no existen. Y que sería justo y democrático que sí fueran parte de nuestra industria cultural.

Este es el tramo que me atrae: el de un flaco que da vuelta la bocha de su vida hasta encontrarle el agujero al mate, sin resignar la esencia de una vocación que suele ser pródiga y exitosa en fracasos. En su caso, Amigorena ha dibujado un sendero que convoca a la aventura, a la incertidumbre de la apuesta, al riesgo artístico, a la intuición y, no menos importante, a la esperanza.

Son éstos valores los que no están muy en alza en la actual Mendoza. Y tal vez también esta atmósfera soporífera es la que nos niega la trascendencia de otros Mike Amigorena, no sólo en el teatro, la tele o la música, sino en terrenos como la ciencia, la economía, la academia, los medios y, claro, la política. 

¿Son tan nuevos, los que vienen, o más antiguos que los viejos?

"Estoy re contento con lo que se generó y con el elenco que nos permite divertirnos y al mismo tiempo revela una realidad que tiene que ver con cuánto hacemos de lo que queremos y cuánto hacemos de lo que nos piden o de lo que rige la contemporaneidad", declaró, el actor, al presentar este trabajo.

Y ahí me quedo pausado. Me retumba eso de "lo que queremos y lo que hacemos". Y lo traslado al aquí, a Mendoza, al día a día. 

Y es inevitable pensar cuánto tiempo y energía perdemos en lo que producimos, a veces bajo condiciones cavernícolas, en un orden que, si es por resultados, tampoco nos ha transformado como sociedad, en sentido positivo o de progreso, ni hablar de prosperidad.

También pienso que mientras sigamos así nos deberemos conformar con ver a los próximos Mike Amigorena por televisión, aunque nazcan a tres cuadras de donde vivimos. 

Insistimos en el fracaso o apelamos a crear nuevas condiciones, más relacionadas con el tiempo que nos ha sido asignado en este desierto, a veces demasiado desierto. Lo de Amigorena es un atajo. Y es lo que se celebra.