El Plumerillo: crisis e incertidumbres por un cierre inevitable
El aeropuerto internacional El Plumerillo se convirtió en uno de los dolores de cabeza de este Gobierno. Con el drama del Zoológico ocupando la agenda mediática actual y otros temas, como el desfalco financiero heredado, la falta de inversiones privadas, los despidos en el Estado y el impacto de los inconvenientes nacionales, el cierre de la aeroestación pareciese ser un problema "menor" para las autoridades provinciales. Sin embargo, la situación dista de ser tranquila, ya que el sector turístico está sumamente preocupado por lo que consideran una crisis inminente que, hasta ahora, no cuenta con un plan de contingencias oficial.
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Los datos del informe de la Fundación Ieral, encargado por la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Mendoza (AEHGA), muestran un panorama preocupante: solo en los tres meses que durará el cierre del aeropuerto más casi un mes extra de "coletazo", el sector turístico perderá 324 millones de pesos, siendo los hoteles el grupo más afectado (-97 millones de pesos) junto a una caída del 80% de turistas extranjeros y un 50% de nacionales. Otras estimaciones, más pesimistas, hablan de entre 700 y 900 millones de pesos menos. A esto hay se sumarle una alicaída actividad que hay desde el año pasado y que, hasta ahora, no tiene vistas a mejorar.
Ante esta situación, los empresarios del sector esperan ser recibidos por las autoridades del gobierno provincial y esperan que la administración de Alfredo Cornejo pueda facilitarles un auxilio durante los meses que esté cerrado El Plumerillo, como exenciones impositivas y bonificaciones en las tasas de interés para préstamos financieros, aunque la ayuda más importante, para ellos, sería un alivio en las contribuciones patronales.
Propuestas existen, aunque pocas. En las últimas semanas surgieron algunas iniciativas legislativas, como la del diputado Jorge Tanús (FPV-PJ) para acelerar las gestiones ante el Gobierno nacional. O la del camporista Lucas Ilardo, más ambiciosa, que busca declarar la "emergencia turística" (con su correlato nacional en Anabel Fernández Sagasti). O la de la senadora valletana Patricia Fader, un tanto curiosa, para la construcción 'exprés' de un aeropuerto nuevo en el Valle de Uco. Incluso no falta quienes piden la construcción de una nueva pista paralela, como poseen el Aeroparque Metropolitano de Buenos Aires y el Aeropuerto de Córdoba. Todos proyectos que, en su intención, son paliativos, pero que no logran cumplir con las necesidades reales, algunos son más ejecutables a largo plazo y, en cierto modo, parecen no contar con una noción adecuada del problema.
Salvo la noticia sobre que los vuelos actuales del aeropuerto mendocino serán derivados a San Juan y, en menor medida, San Rafael y San Luis, no se conocen detalles de algún plan de contingencias previsto entre los meses de septiembre y diciembre de este año, imprescindible para mantener la conexión aérea de la provincia. El Gobierno ha mantenido algunos encuentros con los empresarios turísticos, pero no se han definido soluciones explícitas ni ha comentado sobre posibles auxilios económicos. "La incertidumbre domina por sobre las certezas", es el comentario generalizado en el sector. También se coordina con Aeropuertos Argentina 2000 (que posee la concesión del aeropuerto) y la Nación, que deberá hacerse cargo de ciertas cuestiones referentes a la logística.
Con poco más de tres meses por delante, el Gobierno, junto con otros actores públicos y privados, deberá planificar, comunicar y ejecutar un plan, que abarque desde la asistencia a los empresarios turísticas hasta las cuestiones operativas referidas al cierre propiamente dicho (como los traslados de los visitantes desde San Juan y San Rafael hasta la capital provincial), sin dejar de tener en cuenta que, hasta 2017, la provincia deberá soportar una debacle económica en uno de los sectores más importantes de su economía.
Un plan de logística para los pasajeros que deseen venir al Gran Mendoza vía aérea a pesar del cierre de El Plumerillo, mayor captación de turistas que utilicen transporte terrestre, paquetes turísticos atractivos en precios, asistencia económica básica a los hoteles, restaurantes y agencias de viaje para que puedan mantener una operatividad lo más normalizada posible e incentivos para fomentar el turismo interno serían algunas medidas que traerían cierto alivio. Esta experiencia debería servir para idear políticas a largo plazo, como la reactivación ferroviaria con la Pampa Húmeda y la necesidad de contar con mejores infraestructuras aéreas en las periferias del área metropolitana.
La crisis turística será inevitable, pero el gran desafío es poder aligerar el impacto y tratar salir indemne lo mejor posible para no provocar daños que después pueden ser muy difíciles de reparar.

