La casa que quedará bajo el agua en El Carrizal
Julio Ceferino Vila tiene 40 años y es puestero. Cría y faena ganado para asegurar su supervivencia. Vive en El Carrizal Bajo desde que nació. Y hace 22 años construyó su casa en tierras fiscales que su abuelo habitó y trabajó hasta el último día de su vida.
Julio habla pausado y jamás pierde la calma, ni siquiera cuando ingenieros de Irrigación le dicen que tiene que abandonar su hogar y no le ofrecen alternativa habitacional alguna.
Julio no se enoja porque "no quiere tener problemas con nadie" pero la tristeza y congoja inundan su rostro al pensar que va a quedar en la calle junto a su esposa -embarazada de cuatro meses- y su pequeña hija de cuatro años.
"Me dijeron el viernes que si quería me mandaban un camión para cargar mis cosas. Pero no tengo a dónde ir, viví toda mi vida acá y construí esta casa con mucho esfuerzo. No entiendo por qué ayudan a los campings y a nosotros no", se lamenta el puestero.
Las obras que se están realizando para subir la cota un metro y medio y estirar la vida útil del dique tuvieron la inesperada consecuencia de acotar la vida útil del hogar de Julio, expulsándolo con crueldad hacia la incertidumbre.
Mientras estamos entrevistando a Julio, aparecen ingenieros de Irrigación. Alguien les avisó de nuestra presencia o tal vez la intuyeron. Nos aconsejan no publicar la nota porque podríamos "perjudicar a Julio". ¿Más perjuicio que perder todo por lo que trabajó en la vida? Difícil que difundir su historia pueda empeorar la situación.
El agua avanza sin pausa -a las obras del dique se suman las intensas lluvias de los últimos días- y se posa amenazante a escasos 70 metros de la casa de Julio. La humedad ya ha comenzado a deteriorar las paredes y se estima que en 15 o 20 días invadirá con toda su fuerza el hogar del humilde puestero.
Los campings cercanos a la propiedad de Julio -Punta Verde, por ejemplo- también sufrirán el avance del agua. "Les van a construir un terraplén para ayudarlos. Solicitamos que hagan lo mismo en nuestra propiedad pero nos dicen que es inviable", explica Vila.
Si bien Julio no cuenta con un título de propiedad debería estar protegido por la ley de arraigo y la ley de colonización de tierras, ya que su familia habita esos terrenos desde hace 50 años.
Primero fue su abuelo Faustino quien trabajó las tierras con un permiso de explotación de parte del Gobierno. Luego fue el tío de Julio, Pedro, quien además consiguió dotar de electricidad al lugar. Y desde hace 20 años, es el turno de Julio de continuar la actividad de pastoreo en el margen oeste del embalse, a tres kilómetros del club San Martín.
El permiso de explotación de las tierras que le dio el Gobierno al abuelo de Julio en 1983.
Inicialmente, desde Irrigación sólo le informaron que debía retirarse porque su casa se encontraba dentro del "polígono de expropiación" que contemplan las obras que están realizando.
Pero en las últimas horas reconsideraron la situación y se comprometieron a encontrar una solución que podría incluir el traslado de Julio y su familia a otro lugar, elevar la construcción de alguna manera o colocar un terraplén o algún otro tipo de defensa que pueda frenar el avance incesante del agua.
Esperamos que no se trate de promesas vacías ante la presencia de un medio de comunicación y que se cumpla lo prometido. Y que a las palabras no se las lleve el viento, o en este caso, el agua.