Cuando Mendoza era tierra de duelistas
Un inglés, un francés y un italiano, a las seis de la tarde, se baten a duelo en la Alameda. Desde las páginas del diario El Porvenir, López de Gomara desafía a duelo a toda la redacción del diario Los Andes. Un médico se niega a saludar con la mano en público a un alto funcionario de la magistratura, por eso este lo desafía a un duelo. Por la publicación de algunos desmanejos en sueldos, el entonces inspector nacional de Escuelas en Mendoza reata a duelo al director del diario que hace pública la información, Adolfo Calle.
Paisajes y nombres conocidos para una historia de la que poco sabemos: la de los duelos en tierras mendocinas.
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Visto desde esta época, en la que la defensa del honor no pasa necesariamente por la agresión física y mucho menos por la necesidad de matar al otro, el duelo aparece casi hasta pintoresco. Y puede llegar a sorprender la cobertura periodística con que contaban los duelos. Las reproducciones de fotos y de recortes periodísticos con que Oviedo acompaña el texto dan muestras de una sociedad en la que batirse a golpes de puño, con espadas o armas de fuego era algo cotidiano y, si se permite el término, normal.
Oviedo acompaña esta información con una breve historia de los duelos y el registro de duelos en el entonces Virreinato del Río de la Plata, además de un detalle de las reglas del duelo (que incluye hasta recomendaciones sobre la vestimenta apropiada), textos que se oponen a esta forma de resolver conflictos, la visión de la Justicia sobre el tema y hasta una síntesis del trabajo de Américo Calí sobre el Derecho Penal y los delitos cometidos por el gaucho Martín Fierro en la ficción.
Los duelos en Mendoza, de Jorge Oviedo, saca a la luz un aspecto bastante virulento de nuestra historia provincial.