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Cómo entender, afrontar y superar las crisis de pánico

Una radiografía detallada de cómo distinguirlo, por qué ocurre, cómo hoy son los tratamientos y cuándo un paciente empieza a superarlo.

Integra el grupo de los cinco trastornos de ansiedad, junto con el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada, los trastornos por estrés post traumático y la fobia social. Si bien es uno de los trastornos con mejor pronóstico, de no tratarse con el tiempo los ataques de pánico se hacen más complejos y generan un cuadro seriamente invalidante para la persona que lo sufre y su familia. Así lo entiende la licenciada en Psicología Solange García Bardot, del Centro de estudios del estrés y la ansiedad Hémera, de Buenos Aires.

Según la profesional, el comienzo del trastorno es una experiencia sumamente desagradable, ya que la persona sufre un aumento brusco y repentino de ansiedad que llega a su máximo nivel (el pánico) activando la respuesta física concomitante, en el que no se puede observar un motivo que dé cuenta de lo que le está ocurriendo a la persona.

Se lo puede plantear desde el siguiente ejemplo: ¿Qué es lo que sucedería si uno estuviera en un cine con la sala colmada de gente y de repente sonara la alarma de incendio y todos empezaran a agolparse en la puerta, desesperados por salir? 

En una situación así, el cuerpo se activaría para permitirnos enfrentar esta situación de vida o muerte. Esta respuesta del organismo frente al peligro se la conoce como reacción de ataque o huída y es una respuesta automática, normal y protectora del organismo. El cuerpo enciende su propia alarma de peligro, subiendo la ansiedad al máximo nivel posible hasta llegar al pánico, poniéndonos en alerta a acerca de una amenaza vital y real. Esto lleva a que físicamente, en cuestión de segundos, nuestro organismo responda descargando una enorme cantidad de hormonas y neurotransmisores que son funcionales a lo que está sucediendo.

Lo que ocurre en el ataque de pánico es exactamente esto mismo, pero sin que exista una amenaza real que active esta respuesta del organismo: el cuerpo dispara la alarma de peligro como si estuviera en una situación de vida o muerte cuando no la hay


Además, otros síntomas:

· En cuestión de segundos, el cuerpo de quien lo padece está en el estado de alarma más intenso en el que podría estar.

· El torrente sanguíneo segrega cantidades inusuales de adrenalina y noradrenalina entre otras, a los que no se está acostumbrado normalmente recibir con esa intensidad.

· Las pupilas se dilatan para tener un campo visual más amplio y poder ver de dónde viene la amenaza.

· El corazón bombea al máximo y la sangre se acumula en las extremidades, permitiéndo escapar, correr y/o golpear.

· Los esfínteres se relajan para alivianar el cuerpo y tener más libertad de movimiento.

· El cerebro tampoco piensa normalmente sus funciones más desarrolladas: se encuentran como apagadas, en un modo de acción, más básico. Todo es blanco o negro vida o muerte. Quien lo padece pierde perspectiva.

· La emoción es de pánico y desesperación.

Según la especialista, todo esto sería comprensible y tolerable si a un individuo le ocurre en un cine y suena la alarma de incendio. Pero ¿qué ocurre cuando esa situación en realidad no existe, no hay tal amenaza y un individuo se halla plácidamente sentado en el cine sin ninguna alarma, y su cuerpo se activara de esa forma -avisando que hay un peligro inminente de vida o muerte cuando en realidad no lo hay-. ¿Cómo se sentiría quien lo padece?, y si además le agregamos los intensísimos síntomas físicos. ¿Y si sumamos también que somos consientes de lo inapropiado que sería salir corriendo y escapar?

Cuándo ocurren los ataques de pánico

García Bardot explica que las crisis aparecen cuando estamos plácidamente sentados en un restaurante cenando con la familia o paseando al perro, e incluso viviendo algún momento especialmente feliz para nuestras vidas como un aniversario o el comienzo de un trabajo nuevo. Si toda la situación descripta alcanza su máxima expresión entre los 10 o 15 minutos de haber comenzado y luego comienza a desaparecer gradualmente, entonces estamos frente a un ataque de pánico.

Cuando aparece la primera crisis de pánico la persona no entiende absolutamente nada de lo que le pasa, no sabe qué pensar y mucho menos cómo explicar lo que está viviendo y elije ocultar lo que siente. Puede creer que se está por morir o que se está volviendo loco o perdiendo todo tipo de control. La invade una desesperación que nunca antes había sentido y una necesidad imperiosa de escapar del lugar donde se encuentra. Es una de las experiencias más desorganizantes por la que una persona puede pasar. Habitualmente recurre a una guardia para ser revisada por un médico.

Así es como comienza el trastorno de pánico, en forma repentina, sin motivo aparente se desarrolla durante los primeros 10 o 15 minutos llegando al pánico. Comprende una respuesta automática tanto física como la que describimos, como psicológica, y una acción la de escapar de la situación. Luego de una experiencia así el cuerpo queda exhausto y la persona se siente angustiada. Con un miedo acuciante a que le vuelva a ocurrir lo mismo. Intenta controlar la situación tratando de evitar lo que siente, siendo esto imposible ya que es una respuesta automática del cuerpo; esto deja a la persona con una devastadora sensación de impotencia frente a lo que le sucede.

Cómo afecta el ataque de pánico a la vida cotidiana del paciente

Tras la experiencia del ataque del pánico, la profesional advierte que quien lo padece queda de alguna manera obsesionada con lo que le ocurrió permanentemente: intenta evitar que le vuelva a suceder, dejando de ir al lugar donde padeció la crisis y/o lugares parecidos, y también a aquellos lugares donde la salida puede ser complicada o donde recibir ayuda sea difícil.

Hay personas que han dejado de ir al trabajo, de frecuentar amigos, algunos quedan confinados en sus hogares o a una vida muy reducida. Con el detrimento en la calidad de vida que esto conlleva y los sentimientos depresivos que en el transcurso del tiempo la impotencia genera. Esta conducta evitativa es la que completa el trastorno ya que permite que el miedo se instale y crezca con el tiempo.

Es altamente probable que luego de tener una crisis la persona quede con un serio miedo a volver a padecerla. Con lo que no solo comienza a evitar situaciones y lugares sino que su atención está centrada en su cuerpo y los síntomas o sensaciones que normalmente este tiene.

El miedo a que otra crisis ocurra, en cualquier momento y lugar, es al que los profesionales llamamos ansiedad anticipatoria o miedo al miedo. 

La combinación entre el miedo a tener otra crisis y la evitación de situaciones forman el dúo perfecto para sostener y mantener los ataques de pánico desarrollando así un trastorno

Se comienza un círculo vicioso que comienza con el miedo, continúa con la evitación para aliviarlo, pero esto genera más miedo y por ende más evitación.

El miedo debe ser afrontado para que se diluya o desaparezca. De lo contrario la evitación genera fantasmas acerca de lo que podría haber ocurrido y acerca de la imposibilidad de resolver la situación, fantasmas que al no ser realistas son generan ansiedad, dejando a la persona con más miedo del que tenía. 

Cómo se puede tratar el ataque de pánico

Solange García Bardot afirma que al paciente hay que enseñarle a afrontar los miedos que le ha tomado a ciertos lugares y/o situaciones, a las sensaciones y síntomas físicos del pánico. La cura del trastorno de pánico es cuando el paciente deja de temer por las posibles crisis por venir y en consecuencia deja de evitar situaciones y de auto limitarse retomando su vida normal y no porque deje de tener las crisis.

 Se avanza mucho en la mejoría del trastorno cuando se conoce cómo funciona y qué actitud hay que tomar frente al pánico. Es importante informarse acerca de que hay un tratamiento específico que tiene una eficacia mayor al 75%, por lo que la mejoría es altamente frecuente y bastante rápida.

Prensa Hémera