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Exiliado trasandino pide justicia a Chile y Argentina

Francissco Alfaro realizó una protesta en la plaza Independencia, con flagelación de por medio, por su condición de "perseguido político".
Foto: Gentileza Francisco Alfaro
Foto: Gentileza Francisco Alfaro

Francisco Alfaro tiene una historia difícil, signada por el perseguimiento militar, la cárcel, el exilio y la falta de justicia que este hombre sufre desde hace más de 30 años. Por ello, este artesano nacido en Chile y que vive desde hace tiempo en Mendoza decidió realizar una protesta en la plaza Independencia (donde se gana la vida como artesano) el pasado martes.

Allí, en su puesto y con varios elementos de trabajo, Alfaro denunció a las autoridades de vecino país por no permitirle limpiar sus antecedentes y acusó a las aún existentes Juntas Militares de no querer facilitar dicha limpieza, que le permitiría poder acceder a las necesidades de cualquier ciudadano, como el derecho a un trabajo digno y en blanco.

Por otro lado, también pidió celeridad a las autoridades argentinas para que solucionen su situación legal en el país. Presente en Argentina desde 1993 (con un periodo de retorno a Chile entre 2005 y 2008), Alfaro tramita su pedido de refugio político, porque teme que su causa se reactive en el país vecino, con la posibilidad de que pidan su extradición. Más allá de ello, él y su familia poseen la residencia permanente en Mendoza, luego de años de una lucha que no termina.

Alfaro se presentó en la redacción de MDZ Online y contó con muchos detalles su historia, e incluso trajo un número abultado de documentos que comprueban sus palabras, ya que él asegura que “no tiene nada que esconder”. Dicha cronología, expuesta más abajo, está respaldada con documentación comprobable.

Cronología de vida de Francisco Alfaro

Inmediatamente después del Golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende, ocurrido el 11 de septiembre de 1973, Francisco Alfaro comenzó a colaborar con las fuerzas opositoras de manera clandestina, principalmente en tareas de espionaje.

Pero es en 1977 cuando el largo y tortuoso camino de Alfaro comienza a tomar forma. Ese año, las autoridades del hospital de Linares le piden su renuncia, a causa de su militancia política. Allí se desempeñaba tareas como administrativo.

A pesar de su despido, Alfaro continuó trabajando para la resistencia opositora al gobierno del dictador Pinochet y se niega a exiliarse. Sin embargo, el 8 de marzo de 1981 tanto él como su hermano Pedro Alfaro son detenidos por los militares y posteriormente juzgados por las Fiscalías Militares (julio de 1983) y la Corte Marcial (febrero de 1984).

Ambos hombres son condenados a prisión perpetua más 30 años de cárcel. En principio, Francisco Alfaro permaneció en el Centro de Readaptación Social de Linares hasta 1984, y luego fue trasladado al Centro de Readaptación Social de Chillán, donde permaneció hasta 1991.

Tras la caída del gobierno de Pinochet en 1990, en diciembre de ese mismo año, el gobierno democrático de la Concertación, a través del Ministerio de Justicia, concede a los Alfaro una reducción de sus penas, computándole una rebaja a 15 años de prisión desde su condena, es decir, debían permanecer en Chillán por cinco años más. En marzo de 1991, a Francisco se le concede el beneficio de libertad condicional, hasta que termine de cumplir su condena.

Pero, según palabras del propio Alfaro, el retorno de la democracia en Chile no le devolvió la tranquilidad ni a él ni a su familia. Su esposa e hijos sufrían acosos y amenazas de manera constante, mientras que a Francisco se le complicaba rearmar su vida.

Por ello, tomó una arriesgada decisión en 1993: decidió exiliarse de su país junto a su familia y radicarse en Mendoza. Para lograr su objetivo, Alfaro tuvo que violar su libertad condicional y cruzó la cordillera de manera clandestina. Unos meses más tarde, su esposa e hijos cruzaron a Argentina de manera legar por el paso Los Libertadores.

Ese mismo año, Alfaro se presentó ante el Comité de Elegibilidad para los Refugiados (CEPARE, actual CONARE) para solicitar refugio en nuestro país en calidad de perseguido político, cuyo caso quedó registrado en el Expediente 033.620-4/93. Mientras tanto, se le otorgó una residencia precaria, que debía renovar cada 30 días. Con dichas renovaciones permaneció en el país junto a su familia hasta el año 2005.

Durante el primer periodo en que Francisco Alfaro y su familia permanecieron en el país, el hombre sufrió mucho para poder sobrevivir. En esos años, habitaron una vivienda en el distrito de Bermejo, en Guaymallén, mientras Alfaro realizaba diversos trabajos precarios. También intentó trabajar como artesano en la Plaza Independencia pero, según palabras del propio Francisco, diversos funcionarios y otros comerciantes del espacio verde le impedían desarrollar su labor.

A causa de estos inconvenientes, Alfaro presentó dos denuncias por discriminación ante el INADI y luego recibió la habilitación correspondiente para trabajar como artesano.

El 5 de abril de 1995, el CEPARE rechazó el pedido de solicitud de refugio político para Francisco Alfaro y su familia, considerando que no son elegibles debido a que no contaban con las condiciones necesarias para acceder al beneficio. Alfaro apeló la decisión ante el Ministerio del Interior.

Sin respuestas durante varios años, y con intentos fallidos de por medio, Alfaro logró un importante respaldo de la entonces Subsecretaría de Derechos Humanos de la Nación a fines del año 2000. En un dictamen emitido el 12 de diciembre de ese año, dicha área consideró que el Ministerio del Interior debería otorgarle el reconocimiento de refugiado político a Alfaro.

Pero la Resolución nº 0068 del 4 de junio del 2002 del mismo ministerio rechazó la apelación, alegando que los antecedentes de Alfaro “no reúnen las condiciones para que los causantes sean incluidos dentro de las normas de la Convención de 1951 de las Naciones Unidas”, que exige el Estatuto de Refugiados del organismo multilateral.

El 8 de julio de ese año, Alfaro presentó un recurso de revisión a la Resolución 0068, para que se reconsidere su pedido de refugiado político. Sin embargo, Alfaro aseguró que nunca obtuvo respuesta.

Una noticia positiva le llegó desde Chile: en agosto, el Consulado chileno en Mendoza le informó que desde el vecino país habían comunicado que “ya no existen impedimentos de carácter legar para retornar a Chile”, gracias a que prescribió su causa.  

De todas formas, a causa de lo resulto en junio, el 23 de agosto la Dirección Nacional de Migraciones intimó a Francisco Alfaro a regularizar su situación migratoria en nuestro país, en un plazo de 90 días.

Por ello, Alfaro inició un trámite de radicación permanente por vía del vínculo, a causa de que una de sus hijas y dos nietos de su hija mayor habían nacido en Argentina. Dicho trámite quedó asentado en el expediente 530.738/03 del 20 de junio del 2003. Pero pasó el tiempo y nunca obtuvo una contestación.

Debido a la falta de respuestas y a su situación económica, Francisco Alfaro decide retornar a Chile con su familia en el año 2005, con la documentación que aseguraba su libertad. Sin embargo, apenas arribó a la aduana trasandina Los Libertadores, agentes Carabineros lo detuvieron por sus antecedentes y fue trasladado a Los Andes. A los dos días fue liberado.

Una vez asentado en Linares, Alfaro comenzó a realizar los trámites correspondientes ante los organismos estatales penitenciarios para eliminar sus antecedentes prontuarios, paso necesario para poder trabajar en blanco y acceder a varios servicios. Sin embargo, Alfaro se encontró con la traba del Tercer Juzgado Militar de Valdivia, quienes no facilitaron la documentación necesaria para finalizar el trámite, aduciendo “falta de antecedentes”.

Francisco Alfaro aseguró que era víctima de un constante hostigamiento por parte de las Fiscalías Militares, cuyas negaciones a facilitar información impedían el normal establecimiento de él y su familia en el país.

Pero una nueva buena noticia le llegó, pero esta vez desde nuestra provincia: en enero del 2008, la Dirección Nacional de Migraciones le otorgó a Alfaro y su familia la residencia permanente en el país. Dicha decisión se basó, entre otras cosas, en varios documentos expuestos anteriormente, además de ser progenitor de una argentina (su hija).

Ante la situación incierta en Chile, Alfaro y su familia deciden retornar a Mendoza (“un nuevo exilio”, según palabras de Francisco). Pero mayúscula fue la sorpresa cuando el hombre revisó la disposición de Migraciones: aparecía como delito cometido un “homicidio agravado”, cuyo crimen no aparecía en los documentos chilenos.

En base a los antecedentes por escrito que presentó Alfaro, en Buenos Aires se le otorgó al hombre, su esposa y uno de sus hijos, un certificado de Peticionante de Refugio. Pero dicho trámite es rechazado en diciembre del 2011, aduciendo que su hija menor es de nacionalidad argentina.   

A los pocos días de la negación, Alfaro volvió a presentar ante la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE) una solicitud de refugio para él, mientras que para su esposa e hijo se realizaron los trámites correspondientes en noviembre del año pasado. Los tres pedidos todavía se encuentran en revisión, sin ninguna respuesta.

Cuando Alfaro regresó a Mendoza, se vio envuelto en nuevas dificultades económicas, por lo que debió vender muchas de sus pertenencias. Un informe de la Secretaría de Acción Social de Las Heras, remitido el 7 de julio del 2009 a Migraciones, indicó que Alfaro “refiere obtener ingresos inestables, situación que coloca a su hogar en situación de extrema vulnerabilidad y riesgo social”.

Por otro lado, Francisco debió nuevamente luchar para conseguir un puesto para vender sus artesanías en la Plaza Independencia y poder obtener otro ingreso monetario. A pesar de haberlo conseguido, Alfaro sostuvo que su situación “no ha mejorado demasiado en éstos años”.