ver más

Juan Manuel, el viaje sin fin y otra historia de amor

De pronto, tenías todo el tinglado más o menos bien puesto. Tomaste las previsiones para pasar el invierno acurrucado y sin mayores dramas. Sin embargo, de pronto, desaparece tu hijo de 21 años en Colombia y el mundo se te viene abajo. Con los destrozos en las manos, elegís el dolor a la locura y que no te mate, sino que te alimente.

Digámoslo ya mismo: esta es una historia con final feliz. Quitemos todo misterio al respecto: una madre, Mariana, pierde contacto con Juan Manuel, su hijo que viaja por Colombia. Casi un mes ha pasado y la familia y los amigos –aún conociendo al muchacho, un verdadero espíritu libre– comienzan a dejarse ganar por la angustia y los malos presagios. Finalmente, el chico aparece.

- Ha sido el aprendizaje más grande de mi vida, dice su madre, todavía tiritando.

¿Fin de la historia, historia sin fin o comienzo de otra historia? Está claro que uno, ante el tránsito del dolor, recibe conocimiento, pero lo que no deja des sorprender al malherido son los testimonios de ayuda, de asistencia, de gentes de todo pelaje. Fue lo que le sucedió a Mariana.

Todo se cayó y, después, cuando tu hijo aparece, respirás, abrazás, llorás de emoción, pero resulta que vos ya no sos el mismo, la misma: el dolor te ha enseñado a vivir y hasta es posible que seas mejor persona que antes de todo este fenomenal quilombo. Nos enredamos mal. Empecemos de nuevo.



Viajero, no turista



Hace unos días, Mariana Leyes –editora de la revista Caminos del Pedemonte– se comunicó con este que escribe para hacer pública su desesperación: su hijo Juan Manuel Fernández Leyes, de 21 años, llevaba 22 días en algún lugar de Colombia sin dar señales de vida. Publicada la nota en MDZ, toda una red de contactos y acciones se puso en marcha en Colombia y también en Mendoza, con varios cientos de personas involucradas.

Naturalmente, Mariana sintió que el mundo se le caía encima: “Uno nunca quiere tener cerca la idea de lo peor, de que le pase algo malo a alguien que amás. Y cuando te pasa algo malo, te das cuenta de que todo lo que parece eterno se puede venir abajo en un segundo”, dice ahora, buscando paz, a pesar de la buena noticia.

Finalmente, el sábado, Juan Manuel apareció. Y bien vale que aclaremos algo ya mismo: el muchacho es de esa clase de gente que anda por el mundo sin miedo a vivir. Es, para empezar, un viajero, jamás un turista. Esto explicará –a quien se disponga a oír, con piadosa escucha– las razones de su ausencia.

Sucedió así, según nos cuenta Mariana: “Durante el último mes, Juan Manuel atravesó una zona bellísima, pero salvaje, que de Cabo de la Vela a Río Hacha. Allí, estuvo viviendo y compartiendo con indígenas del lugar y no tuvo forma de comunicarse con nadie y tampoco dimensionó lo que se generaría”.

Lo sabrá seguramente el lector: hay lugares, espacios, tan definitivos y hondos que, en ellos, el tiempo no existe. Pues bien, un buen día, recordó que existe y encontró la manera de comunicarse.

“Cuando nos llamó, a todos nos volvió el alma al cuerpo. Él sabía que no tenía cómo comunicarte y ahora se está dando cuenta de todo. Y nosotros no salimos del asombro que nos provoca sabe que tanta, pero tanta gente se puso a buscarlo, cada uno a su manera. Después de la nota en MDZ, ha sido impresionante ver la cantidad de cartas, mensajes y colaboraciones que me llegaron y las cosas que fue haciendo mucha gente para dar con él. Nuestro agradecimiento es enorme y para todos”, completa Mariana.

Madre al fin, sabe que uno se acostumbra a “tener lejos a los fantasmas de la muerte de un ser querido y de pronto, la posibilidad te atraviesa y ves que todo se te está cayendo. Por eso, nuestra familia agradece tanto a los que nos ayudaron y contuvieron”, sigue Mariana. Y formula, de entre cientos, una lista especial: “Sharon Ruiz, Mara Carrión, Oscar Perfer, Gabriel Conte. Luis Emil Sanabria Durán, toda la Embajada Argentina en Colombia, José Eduardo Botero y familia, a los amigos, familia, desconocidos, todos”.

 

Relato de viaje



- Mariana, ¿cómo lo contamos, entonces?

- Diciendo que Juan es un viajero de alma, un espíritu libre, un místico despojado de muchas cosas. El no es un turista: duerme en la selva o al lado de un río, bajo las estrellas, apartado de todo… Y a veces le pasa que no se comunica…

- Bienvenida al mundo, otra vez…

- Estoy bajando al mundo, sí, con una gran enseñanza aprendida y muchas ganas de agradecer.