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Sexo en el trabajo: ¿En tu office, o en la mía?

En Mendoza, los lugares de trabajo se han convertido en ámbitos que decididamente se prestan a la seducción, los juegos, el histeriqueo... y la infidelidad. ¿Existen los jugueteos en la oficina? ¿Hay un momento de quiebre en el cual el flirteo -sano, divertido, picarón- desemboca en los temidos y definitivos cuernos? MDZ Cool te propone que leas y opines. Dejá tu comentario, y participá de las tres encuestas, al final de la nota.

“Mi esposa y yo nos conocimos en el laburo. Éramos compañeros de oficina, empezamos con piropitos y miraditas. La atracción física fue creciendo y se hizo tan fuerte, que después de la primera vez que tuvimos sexo, lo hacíamos donde podíamos: abajo del escritorio mientras los demás se iban a almorzar, en el baño, en el ascensor -oportunamente frenado-... ¡Estaba buenísimo!”. Germán. Todavía trabaja en el banco de calle San Martín, donde conoció a su esposa.

“Un día descubrí que cada mañana me arreglaba para el `che pibe´ de las fotocopias. Me daba cuenta que me miraba, que era súper atento conmigo... imaginate, yo 36, el 20. ¡Te juro que tiene el poto más sensual que he visto! La cosa es que no pude resistirme y me lo bajé. Nos encerramos en el cubículo ese donde trabaja, y él puso un cartel que informaba que había salido a comer. Te puedo asegurar que jamás había notado la altura que tiene una fotocopiadora! Jajajajaja”. Sofía, admnistrativa de una universidad privada.

“Yo estoy casada y re feliz. Estoy en los 30 y adoro a mi marido y mis hijos. Pero es cierto, en la redacción una vive jugueteando con el doble sentido, histeriqueando y escribiéndose cositas por messenger con los compañeros. Es inocente, chistoso. Lo tomo con un estímulo que alegra la jornada y hasta me ayuda a trabajar mejor. ¿A quién no le gusta que le digan que está linda, o hasta recibir por ahí alguna que otra guarangada? Está bueno para tu autoestima”. Paola, periodista.

La seducción y la tensión sexual en el trabajo es un tema que verdaderamente despierta muchos ratones. ¿Existe el histeriqueo en las oficinas? ¿Se llega a veces a concretar? La respuesta a ambas preguntas es: Definitivamente sí. El lugar de trabajo es, casi, el espacio por excelencia en el que la mayoría se anima a seducir, a “tirar los galgos”.

¿Qué es un flirteo?

Es, sencillamente, un jugueteo que se siente bien.

Pasamos mucho tiempo en el trabajo, eso es una realidad; y es casi inevitable compartir inquietudes, problemas y satisfacciones con quienes tenemos más cerca en ese momento.

Tantas horas de compañía generan intimidad creciente y cada vez más profunda. El Centro de Investigaciones Sociológicas de España ha demostrado, en ese país, que hay más chances de comenzar una relación amorosa con alguien conocido en el ámbito laboral que en el boliche. Ahora bien: es interesante que, en general, las personas encuestadas definieron la frase “relación amorosa” como una relación corta o esporádica entre dos personas que se sienten atraídas y tienen relaciones sexuales.

Lo cierto es que las oficinas se vuelven dominios del deseo, de lo prohibido, de las “travesuras”, justamente porque son lugares a los que las parejas no tienen acceso.



¿Por qué hay compañer@s de trabajo que nos ponen loc@s?

La sensualidad es compañera de lo incierto, de lo que no se puede anticipar. Se desboca muchas veces en el trabajo porque es allí donde hombres y mujeres sacan a relucir sus mejores plumajes, ya sea para generar una imagen atractiva, eficiente; para ganarse el beneplácito del jefe o para llegar al corazón -o a la ropa interior- de quien más les atrae. Los ratones, el erotismo, el ánimo y la autoestima vuelan.

La calentura es un sentimiento que crece en forma directamente proporcional al peligro, y que sazona increíblemente bien el plato de todos los días: la rutina, lo estable, lo seguro.

Seamos realistas: tu marido, tu mujer, tu novi@ son lo estable, y corren el riesgo de caer en la trampa de la seguridad comprada. Pueden perder uno de los ingredientes claves para mantener viva la seducción en la pareja.

Cuando esto se va perdiendo, comenzamos a buscar ese cosquilleo, ese sabor perdido en otras partes que, generalmente, desembocan en el trabajo. ¡Y no es por casualidad!

En general –porque conozco verdaderas excepciones a la regla- cuando uno se va a trabajar se arregla. Se maquilla, se empilcha, se perfuma. Se va a un lugar en donde “todos están solteros”. Nadie tiene al lado a su media naranja, y todos quieren –en mayor o menor medida- ser admirados, reconocidos, tenidos en cuenta.

Y cuando llegamos a casa nos calzamos el jogging. Arribamos al lugar de siempre, al lugar seguro… que de seguir así, no lo será por mucho tiempo.



El top five de los mejores lugares

La tensión sexual en el trabajo pasa muchas veces del flirteo a la acción, y las historias al respecto son incontables. “En todos lados se cuecen habas”, dice la gente.

Los siguientes son datos aportados por tres bancarios, seis empleados de diferentes municipios del Gran Mendoza, otros seis del gobierno provincial y cuatro de empresas privadas. Se refieren a los sitios en donde se producen los mejores (“y más recordados”, acotan algunos) encontronazos sexuales:

La oficina. Abajo del escritorio, arriba de él, en el piso, cabalgando la silla, en la sala de reuniones, e incluso una de “paraditos” mientras ella (o él) se sostiene firmemente de buró.

El ascensor. Frenarlo en un entrepiso y tener allí una increíble sesión de sexo es una de las fantasías más deseadas. “Lo más divertido es cuando hay varias llamadas y entonces se debe frenar la cosa. Allí sube un tercero y hay que disimular. Ella toda despeinada. Yo, con la camisa afuera. Los dos, con cara de póker”.

El estacionamiento. sabemos que hacerlo en el auto tiene un gustito especial. El espacio reducido, el calor y los nervios calientan los ánimos. “Es barato, está oscurito… ideal para el rapidito”.

Las escaleras. Se frecuentan poco, porque todo el mundo opta por el ascensor. Es un lugar copado para los exhibicionistas, porque generalmente están llenas de cámaras de seguridad. El “paradito” es lo máximo, y el correteo, también.

Hotel alojamiento. La clásica. Es la más segura y común de todas las opciones. El modus operandi es el siguiente: se sale separados, generalmente al mediodía. Hay una variante: el hotel lujoso, para cuando la situación es extraordinaria y se quiere un “touch and go” memorable.

Federico Croce en Twitter: @federicocroce