Los vecinos de Guaymallén pidieron justicia por el asesinato de un joven
Carlos Passetti murió violentamente, cuando entregaba uno de sus pedidos en Villa Nueva. Unos mil vecinos, indignados, irrumpieron en la Comisaría 9a, y reclamaron más seguridad.
Carlos Passetti tenía 29 años y trabajaba como repartidor de pizzas, remedios y diarios. El miércoles a la medianoche fue asesinado de un escopetazo por la espalda cuando estaba a punto de entregar uno de sus pedidos. Su crimen revolucionó a todos los vecinos de Guaymallén, que de inmediató salieron a las calles para exigir justicia.
Las mismas personas a quienes Carlos les brindaba sus servicios se agolparon ayer a la mañana en la Comisaría Novena de ese departamento para pedir que detuvieran a los asesinos. Fue una pueblada de más de cien personas, en la que también participaron los sacerdotes del Colegio Murialdo y de la parroquia Sagrada Familia.
Las mismas personas a quienes Carlos les brindaba sus servicios se agolparon ayer a la mañana en la Comisaría Novena de ese departamento para pedir que detuvieran a los asesinos. Fue una pueblada de más de cien personas, en la que también participaron los sacerdotes del Colegio Murialdo y de la parroquia Sagrada Familia.
Carlitos, como todos los llamaban, padecía un pequeño retraso mental. Por las mañanas trabajaba como cadete de la farmacia Murialdo desde hacía 15 años. En la noche repartía pizzas y los fines de semana, el diario. Hacía dos meses que le habían robado su bicicleta, por lo que compró una moto que iba pagando mensualmente.
Fue asesinado a balazos por dos delincuentes que al parecer quisieron robarle la moto en la esquina de Murialdo y Benavente, en Guaymallén. Sólo alcanzó a tocar el timbre de una casa y fue alcanzado por las balas. Quedó tendido en el piso y la moto quedó al lado con las luces prendidas. Los delincuentes no se la llevaron porque en la casa donde Carlos tocó el timbre la mujer se asomó por la ventana.
La bronca se apoderó de los vecinos de Villa Nueva, quienes se reunieron espontáneamente en la Comisaría Novena, desde donde, según dijeron ellos, salió una información de que la muerte de Carlos era por un ajuste de cuentas. Los vecinos, molestos por esta versión, acusaron al Ministerio de Seguridad de hacer correr esta versión. El ayudante fiscal, Sergio Serrano, señaló luego que el móvil de la muerte fue un robo. También se hicieron presentes el subsecretario de Relaciones con la Comunidad, Juan Montilla, y el director de Participación Comunitaria, Néstor Majul.
Los vecinos apuntaron contra el gobernador y el ministro de Seguridad, Alfredo Cornejo, a quienes les pidieron que “se dejen de ocupar de las campañas políticas y se pongan a trabajar por la gente de Mendoza”, al tiempo que reclamaron su presencia.
Más repercusiones:
La furia desatada se repitió en otros dos departamentos neurálgicos del Gran Mendoza: Las Heras y Godoy Cruz, donde también hubo marchas multitudinarias a raíz de otros hechos delictivos. Con bronca y sin miedo, salieron a reclamar por una vida segura.
En total, unas mil personas de Las Heras, Godoy Cruz y Guaymallén se movilizaron para “que se haga justicia” por las muertes de Carlos Pacenti y Matías Vasallo y, también, por cómo unos asaltantes golpearon y humillaron a Fernanda Vera (35).
El común denominador fue el hartazgo. Algunos hasta confesaron que andaban con revólveres en los bolsos para defenderse. Los vecinos marcharon por las calles con velas, gritos de ira y aplausos, exigiendo protección, compromiso por parte de los funcionarios y leyes más duras para los delincuentes.
Más repercusiones:
La furia desatada se repitió en otros dos departamentos neurálgicos del Gran Mendoza: Las Heras y Godoy Cruz, donde también hubo marchas multitudinarias a raíz de otros hechos delictivos. Con bronca y sin miedo, salieron a reclamar por una vida segura.
En total, unas mil personas de Las Heras, Godoy Cruz y Guaymallén se movilizaron para “que se haga justicia” por las muertes de Carlos Pacenti y Matías Vasallo y, también, por cómo unos asaltantes golpearon y humillaron a Fernanda Vera (35).
El común denominador fue el hartazgo. Algunos hasta confesaron que andaban con revólveres en los bolsos para defenderse. Los vecinos marcharon por las calles con velas, gritos de ira y aplausos, exigiendo protección, compromiso por parte de los funcionarios y leyes más duras para los delincuentes.


