Sin Cristina Fernández de Kirchner, una pregunta sobrevuela en el peronismo: "¿Y ahora qué pasa?"
Cristina Fernández de Kirchner seguirá marcando el pulso del peronismo. La construcción de nuevos dirigentes y los riesgos de perderlo todo.
Una encuesta muestra la opinión de los argentinos sobre la condena a Cristina.
EFE"¿Y ahora qué pasa?", es la pregunta que por estas horas sobrevuela San José 1111, donde dirigentes y militantes peronistas acompañan a Cristina Fernández de Kirchner en sus últimas horas antes de ir a prisión. La sucesión del poder en el peronismo rara vez es prolija y ordenada, como quisieran muchos ajenos al partido.
Nadie puede asegurar que Cristina Fernández de Kirchner se quede en prisión sin influir en el armado político-electoral del peronismo. Más bien todo lo contrario. La expresidenta busca cumplir los seis años de condena en su domicilio. Quienes la conocen saben que seguirá marcando el pulso de la conducción y teniendo un rol activo como lo hizo toda su vida.
La imposibilidad de presentarse a cargos públicos la deja fuera de las listas, especialmente en la tercera sección electoral bonaerense, donde había manifestado su intención de competir. Tampoco podrá ser candidata a presidenta en 2027, ni a vice, como lo fue en 2019 para ganarle a Mauricio Macri, a quien llamó un “fracasado que no pudo ser reelecto”.
En este escenario, Cristina Fernández de Kirchner busca acelerar una tarea que nunca terminó de encarar —o que, según algunos, se encargó de obstaculizar—: entregar el bastón de mariscal. En 18 años de poder no logró formar un equipo de dirigentes capaz de sucederla. Cuando eligió, salió mal (Alberto Fernández). Cuando respaldó, perdieron (Daniel Scioli). Y a Sergio Massa no lo reconoce como su candidato en 2023.
Cristina Fernández de Kirchner y su pendiente en el peronismo
Ahora, con el reloj electoral en marcha y el riesgo de un papelón en las urnas, Cristina retoma esa tarea pendiente. Cree que su detención busca desarticular al principal espacio opositor frente a un modelo económico que, según ella, "tiene fecha de vencimiento". Por eso insiste cada vez que puede: hay que "militar y organizarse" para construir una alternativa. "La vocación de un dirigente político es ver más allá del presente", sostiene.
Conducir el peronismo implica confrontar al que tiene el control del partido. Lo hizo Menem con Cafiero en 1989; Duhalde con Menem en 1999; Kirchner con Duhalde en 2005; Massa con Cristina en 2013 (aunque ella no fue candidata); y en 2017 fue ella quien compitió y sacó más votos que los otros peronistas que buscaban jubilarla. En el peronismo es así: para conducir, hay que confrontar.
O al menos era así, cuando la principal figura del movimiento no estaba proscripta. Ahora que Cristina Fernández de Kirchner no puede competir, la discusión interna se abre.
Cómo sigue la interna con Axel Kicillof en el peronismo
No está claro si la tensión con Axel Kicillof se limita a un grupo de dirigentes de ambos lados —como dejaron ver los cruces entre Anabel Fernández Sagasti y Carlos Bianco, o los cánticos que recibió el gobernador en el PJ— o si la detención de Cristina reordena esa interna.
El lunes, cuando Kicillof llegó cerca de las 18 a la sede del PJ, fue recibido con afecto por varios dirigentes cercanos a la expresidenta. “Hiciste bien, Axel. Es acá donde tenés que estar”, le dijo uno de ellos al oído, con un abrazo. Hasta hace poco, lo acusaban de “jugar contra Cristina”. En el acto, le guardaron un lugar en primera fila y valoraron su presencia.
La columna de su organización, impulsada por intendentes propios, copó la calle Matheu en señal de apoyo a la expresidenta. Jorge Ferraresi, uno de los más cuestionados por La Cámpora, fue de los primeros en convocar a una movilización cuando se conoció la sentencia.
Este principio de acercamiento, sin embargo, puede desarmarse en cualquier momento. Cristina Kirchner seguirá siendo el centro de atención. Desde su casa mantendrá reuniones políticas, dará indicaciones a la militancia y buscará formar un nuevo frente opositor. Nadie duda de su centralidad. La pregunta es quiénes están dispuestos a aceptarla. Porque esta vez, no estará en la boleta para ganarle a nadie con los votos.