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Santiago Caputo y las ruinas de un imperio que nunca terminó de construir

El futuro de Santiago Caputo, su relación con Karina Milei y las dudas de su futuro. Qué pasó con el asesor estrella de Milei y su declive político.


Algo se rompió en la Casa Rosada. O tal vez ya estaba rota y esta semana salió a luz. Ese famoso "triangulo de hierro", compuesto por Javier Milei, Santiago Caputo y Karina Milei, ya no es inquebrantable, como alguna vez lo definió el propio presidente. Caputo quedó desplazado en esa mesa de decisiones, y empieza a mostrar las ruinas del imperio que nunca terminó de construir.

“Olvidate de la interna, eso ya terminó”, soltó, desde un despacho oficial, uno de los hombres que responde a Karina Milei. “Cuando el Presidente habló de un ‘triángulo de hierro’ en la toma de decisiones, le faltó aclarar que uno de los lados venía con el ángulo un poco más chico”, ironizó ese vocero.

El propio Caputo reconoció ante su entorno que Milei “ya no lo escucha como antes”. Incluso, trascendió la versión de que le había pedido a Daniel Parisini —conocido como “Gordo Dan” en redes— que fuera él quien hablara directamente con el Presidente para involucrarse en el armado de listas. “Debe contener a los suyos, que aún ocupan posiciones de peso en la estructura estatal”, analizó un funcionario con oficina en Balcarce 50.

Desde el arranque del Gobierno estaba claro que Caputo jugaría un rol clave en la gestión, mientras Karina se encargaría del armado político de La Libertad Avanza. En ese esquema, El Jefe convocó a Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem y Sebastián Pareja para que el partido lograra representación propia en todo el país y pudiera competir en las elecciones de este año sin depender de sellos prestados.

La dinámica funcionó durante el año pasado. Mientras Caputo impulsaba por decreto la reconversión de la SIDE y aumentaba los fondos reservados, Karina recorría el país junto a sus delegados para conseguir los avales necesarios y presentar listas propias. En paralelo, Caputo colocaba dirigentes de confianza en áreas clave: Sebastián Amerio en Justicia, Mario Lugones en Salud, Juan Pazo en ARCA, entre otros organismos con caja, poder y decisión sobre la vida cotidiana de miles de personas.

Así, Caputo alimentaba su imagen de "gran operador", el jefe de los espías, el dirigente que solo habla en off, el que se muestra fumando Marlboro con lentes negros, el monje negro en Twitter, el de los tatuajes y la bebida energizante, el que sin cargo oficial nada tiene que explicar y el que pone y saca funcionarios.

Sin embargo, pasado el primer año de Milei, el desgaste político y las tensiones por el armado electoral hicieron crujir el esquema. Quien se acercó demasiado a Milei y ganó volumen propio terminó cortado por la guillotina de Karina, tantas veces celebrada por el propio Caputo y su círculo digital. En esa lista ya figuran desde Carlos Maslatón, Victoria Villarruel, Carlos Kikuchi, Viviana Canosa hasta Yuyito González. Si algo se hace ruido, es El Jefe quien decide cómo y cuándo se rompe.

Caputo quedó fuera del armado electoral en la Ciudad de Buenos Aires. Casi no participó del cierre de listas ni de la campaña. Incluso había sido uno de los que promovía un acuerdo con el PRO. Su argumento —curioso viniendo del mismo que acuchilló un ejemplar del libro de Marcos Peña en redes, o que avaló la salida de Osvaldo Giordano por un voto de su esposa— era político: “Tenemos que acordar con el PRO y todas las fuerzas aliadas porque vamos a necesitar sus votos en el Congreso”.

Ese razonamiento también lo aplicó en provincias gobernadas por espacios no kirchneristas, donde veía margen para alianzas con sectores del PRO, el radicalismo o el peronismo no K. Pero El Jefe le prestó poca atención. En casi todos los distritos buscó competir con sello propio y, cuando hubo acuerdos, los estiró hasta el límite para que los otros partidos se sumaran a La Libertad Avanza, como ocurrió en la provincia de Buenos Aires.

“¿Ahora se acuerda de la importancia de negociar?”, se preguntó con sarcasmo un operador “karinista” en la Cámara baja, que responsabiliza a Caputo por haber dinamitado la relación con los gobernadores a fines del año pasado, cuando decidió no avanzar con el Presupuesto 2026.

Tras el cierre de listas en territorio bonaerense —donde ni siquiera participó Agustín Romo, jefe del bloque oficialista y uno de sus soldados más fieles—, Caputo apareció debilitado. Borró sus cuentas en redes sociales y, según reconstruyen quienes lo frecuentan, se mostró derrotado frente a sus operadores más cercanos.

Nada de eso cayó bien en el entorno presidencial. “La política de los llorones se terminó”, afirmaron desde otro despacho oficial. El futuro del asesor sin cargo formal está en duda, y poco a poco empiezan a quedar a la vista las ruinas de un imperio que nunca terminó de construir.