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Los docentes que buscan conducir la UNCuyo: "Está en juego el futuro de la universidad"

Manuel Cuervo y Damián Berridy están en la disputa por la conducción de la Universidad Nacional de Cuyo en el Frente ADN Universidad, del que forman parte diversas expresiones políticas opositoras.


La Universidad Nacional de Cuyo está en pleno proceso electoral para elegir la conducción. Antes del cierre de listas para las fórmulas del rectorado, hay posicionamientos y aparecen espacios que buscan dar pelea. Allí se consolidó el Frente ADN Universidad, un espacio político integrado por diversos agrupamientos entre los que está “Nexo al futuro, un espacio de docentes jóvenes que también se lanzan a ser parte de la fórmula que le dispute el poder al oficialismo universitario. Manuel Cuervo y Damián Berridy lideran ese espacio y en la entrevista analizan la realidad de la UNCuyo y cuál es su proyecto.

-Lanzaron en las redes la idea de que "no se puede conducir lo que no se comprende" ¿A qué se refieren?

-Manuel Cuervo. Venimos hace varios meses trabajando en un formato de talleres, desde donde hemos construido un análisis colectivo con diversos sectores de la comunidad, con profesoras e investigadoras de la universidad de trayectoria académica y política destacada, con estudiantes, acerca de los desafíos que enfrenta nuestra universidad. Este proceso, que ha sido de una riqueza enorme, nos permitió en principio ser un espacio catalizador de un malestar general muy profundo que no solo tiene que ver con las condiciones laborales y la necesidad de que se implemente la Ley de Financiamiento Universitario de manera urgente -como varias unidades académicas vienen manifestando con fuerza-, sino también, un espacio donde hemos puesto nuestras experiencias de docencia y de gestión sobre la mesa y nos hemos centrado primero en valorarlas; y segundo en hacer un diagnóstico, un análisis de situación, desde donde empecemos a pensar la universidad que necesita Mendoza y la región.

-Damián Berridy. En este trabajo conjunto, aparece como central de este diagnóstico que, si bien hay esfuerzos por modernizar algunos aspectos de la universidad -especialmente administrativos-, entendemos que el mundo cambió y que estamos en una inercia institucional con viejas formas de conducir que hay que resignificar: las transformaciones profundas que estamos viviendo, aquí en la provincia y en el mundo entero -aceleradas con la pandemia, hay que decirlo- impactan de manera directa sobre las formas de enseñar y de aprender. Y esto no puede ser algo secundario de la agenda electoral, básicamente porque el conocimiento es la razón de ser de la universidad. Entonces, cómo enseñamos y cómo aprendemos, las necesidades y las urgencias de los estudiantes, de la docencia y del personal de apoyo académico es central en la discusión de las próximas elecciones porque en las próximas elecciones se juega el futuro de la universidad y esto no es un concepto abstracto: se juega el futuro de personas que aprenden y enseñan y de personas que necesitan comprender las transformaciones que estamos transitando para poder gestionar con creatividad e innovación la UNCuyo.

-La gestión de una institución con la complejidad de la UNCUYO no suele dar tregua. ¿Cómo garantizan que tienen el "peso institucional" para ser parte de la fórmula de oposición y qué experiencias de gestión tienen?

-Damián Berridy: Bueno, yo trabajo en la Uncuyo desde 2008, primeramente en el Rectorado y luego en la docencia en las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y Ciencias Políticas y Sociales, y con ese recorrido de casi 20 años en la universidad he trabajado en áreas de Vinculación, Extensión, comunicando ciencia, haciendo investigación en interdisciplinariedad y, desde ya, en docencia universitaria, solo por nombrar algunas funciones que me ha tocado llevar adelante en el sistema de educación superior. Acá en Mendoza quizás no se sepa tanto, pero a nivel nacional hay una tendencia a que jóvenes docentes e investigadores - decir que tampoco somos tan jóvenes (se sonríe) porque pertenecemos a la generación que vamos camino a los 50 años-, decía que hay una tendencia de nuevas conducciones en diversas universidades nacionales del país como Salta o Villa Maria en su momento, algunas del conurbano bonaerense, por ejemplo el rector de UNPAZ asumió muy joven dicha función, en donde la supuesta juventud de las o los rectores no ha sido una limitante, sino todo lo contrario: un aliciente que permite que muchas de esas universidades se modernicen en su gestión, en su oferta académica de grado y posgrado, etc.

-Manuel Cuervo: En mi caso, fui consejero directivo ya en mis años de estudiante, allá a comienzos de los años 2000. Algunos años después me convocaron a trabajar en el Rectorado, en un área de prospectiva y planificación universitarias que habían creado, en tiempos de María Victoria Gómez de Erice, Arturo Somoza y Gustavo Kent. Fue una experiencia muy enriquecedora trabajar junto a ellos, produciendo informes y proyectos para la innovación académica. Luego, estuve algunos años en CONICET, haciendo un doctorado en ciencias sociales, lo que me permitió vincularme con la investigación desde otro lugar. En esos tiempos retorné a las aulas como docente, allá por el 2013, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Allí he tenido también oportunidad de trabajar en diversas actividades de gestión académica, vinculación científica y de planificación institucional desde el 2018. Creo que esa asociación que se hace de nuestra generación como “inexperta” responde a una estrategia electoral y, en parte, a una visión “edadista” de mundo que las juventudes, las verdaderas juventudes -no nosotros, que ya estamos grandes- hace rato vienen cuestionando. La universidad pública es un activo del pueblo argentino que todas y todos tenemos el deber de cuidar, preservar en sus valores centrales y proyectar hacia el futuro con políticas de innovación académica consistentes. Para esa labor hay que integrar diversas generaciones, experiencias y disciplinas científicas en equipos… y tenemos la fuerza, el coraje y la convicción para construir y liderar esos equipos.

candidatos jóvenes uncuyo

Manuel Cuervo, Damián Berridy y Oscar Alpa (ex presidente del CIN) en "Encrucijadas de la educación superior en el siglo XXI".

-Si la universidad del futuro es integradora, ¿cómo evitarán que la gestión de la que participen se convierta en un "gobierno de un sector", descuidando las demandas de los sectores con más años de permanencia en la universidad?

-Manuel Cuervo: Algo que ha surgido de los talleres tiene que ver con el respeto y el ejercicio permanente de resguardo de lo mejor de los valores y de la tradición universitaria, y de trabajar para mantenerlos vigentes en el presente, en este presente que cambió y cambia vertiginosamente. Justamente nuestra generación quizás sea la última expresión de la universidad moderna tal como la conocimos desde la Reforma del 18 al presente. Y también surge el hecho de pensarnos como una red de experiencias, diversa -en género y en experiencias-. La consolidación del Foro de Docentes Extraordinarios de la UNCuyo es un hito muy importante para nosotros, porque ahí están los profes que nos formaron y de quienes hemos aprendido que en la política no se pide permiso: se construye colectivamente y se avanza.

-Damián Berridy: La universidad del futuro está construyéndose ahora e indispensablemente incluye a personas trayectorias académicas y de gestión de varias décadas, pero entendemos que es indispensable construir un mundo en común con nuestras juventudes también para que la cosa sea potente.

-¿Cómo se hace para que la universidad del futuro no sea un privilegio de quienes tienen conectividad y tiempo de sobra, sino una red de contención real?

-Manuel Cuervo: Si hablamos de una universidad que no reproduzca desigualdades, el punto de partida es reconocer que las condiciones materiales de estudio son profundamente heterogéneas. No alcanza con incorporar plataformas o herramientas digitales si no se garantiza, de manera simultánea, el acceso efectivo a conectividad, dispositivos y, sobre todo, a tiempos reales de estudio. Esto implica repensar políticas integrales de bienestar universitario que no sean accesorias sino estructurales: becas, sistemas de acompañamiento académico, dispositivos de tutorías y estrategias pedagógicas que contemplen trayectorias diversas. La universidad del futuro, si pretende ser verdaderamente pública, tiene que ser capaz de alojar esas diferencias sin traducirlas en exclusión.

-Damián Berridy: En ese sentido, creemos que la universidad tiene que recuperar con fuerza su dimensión de comunidad. No puede ser solamente un espacio de certificación de saberes, sino una red de contención real donde los estudiantes encuentren acompañamiento, orientación y posibilidades concretas de permanencia y egreso. Esto supone también revisar nuestras prácticas docentes: cómo evaluamos, cómo enseñamos, cómo generamos vínculos. La inclusión no es solo un problema de acceso, sino de permanencia y de sentido de pertenencia. Y ahí hay una tarea que es tanto institucional como profundamente política. Y también, vamos a decirlo, si hablamos de inclusión es indispensable que pongamos sobre la mesa el asunto de la ciudadanía universitaria: hoy quienes ejercen la docencia en los colegios de la universidad no pueden votar, esto nos parece un reclamo urgente que hay que atender y que da cuenta que hay innovaciones administrativas que hacer, que no son solo burocráticas sino políticas.

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-En un escenario político tan fragmentado, ¿cómo creen que logra el frente ADN amalgamar tradiciones diversas bajo un concepto de identidad única sin perder la esencia de cada organización integrante?

-Manuel Cuervo: En escenarios fragmentados, lo que permite construir una identidad común no es la homogeneidad, sino la existencia de acuerdos programáticos claros. El frente ADN, en ese sentido, no es la negación de las trayectorias que lo componen, sino un espacio de articulación donde esas tradiciones dialogan a partir de un diagnóstico compartido sobre la universidad y de una voluntad de transformación. La clave está en construir síntesis sin anular diferencias, entendiendo que la diversidad puede ser una fortaleza si está orientada por objetivos estratégicos comunes.

-Damián Berridy: Además, hay algo generacional que atraviesa este proceso y que facilita esos acuerdos: la necesidad de salir de lógicas más cerradas o identitarias para pensar en clave de problemas. Cuando uno pone en el centro los desafíos concretos de la universidad —financiamiento, calidad académica, inclusión, innovación— las identidades políticas dejan de ser un obstáculo y pasan a ser insumos para construir soluciones más complejas y más robustas.

-¿Cuál es el aporte específico de ustedes en el frente ADN Universidad?

-Damián Berridy: Nuestro aporte específico tiene que ver con haber puesto en agenda una discusión que, en muchos casos, estaba postergada: la de las transformaciones en las formas de producir, enseñar y gestionar conocimiento en la universidad contemporánea. Venimos trabajando hace años en temas vinculados a la interdisciplinariedad, la innovación institucional y la vinculación con el medio, y creemos que esa experiencia puede contribuir a pensar una universidad más integrada con su entorno y más atenta a los cambios que atraviesan a la sociedad.

-Manuel Cuervo: A eso le sumamos una forma de construir política universitaria que pone el énfasis en lo colectivo y en la escucha activa. Los talleres que mencionamos no son solo una herramienta de diagnóstico, sino también una manera de hacer política distinta, más abierta y más participativa. Creemos que ese método de construcción es, en sí mismo, un aporte al frenteque se está construyendo y a la universidad que queremos.