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Las históricas demandas de la sociedad a la UNCuyo

La UNCuyo elige a sus máximas autoridades este martes 23 de junio. El debate sobre las demandas que reclama la sociedad.


La Universidad Nacional de Cuyo- UNCuyo- ocupa desde su nacimiento un lugar central en Mendoza. No sólo por su peso académico, científico y cultural, sino también por ser una universidad pública, gratuita y masiva, a la que asisten alumnos de afuera de la provincia incluso. Junto al prestigio histórico que mantiene, crecen las preguntas sobre cuál es hoy su verdadera relación con la sociedad mendocina y cuáles son las demandas hacia la institución. Y mucho más ahora, que es mirada de cerca porque el próximo 23 de junio es el balotaje para elegir quién será la máxima autoridad de la alta casa de estudios.

La discusión no es nueva. De hecho, la propia universidad la puso sobre la mesa hace más de quince años cuando impulsó el estudio “Demanda social a la Universidad”, una investigación inédita en la provincia que buscó medir qué esperaba la sociedad mendocina de la UNCuyo y cuánto coincide esa expectativa con lo que efectivamente hace la institución. Allí se reconocía la necesidad de “superar el predominio de las comodidades internas” y escuchar más a la comunidad.

El trabajo volvió a reeditarse durante los años 2016 y 2017, cuyos resultados han permitido establecer varias tendencias sobre lo que la sociedad de Mendoza espera de la UNCuyo y también ha posibilitado medir y valorar nuevas dimensiones, enriqueciendo así el debate desde su dimensión social y laboral, fundamentalmente.

Las demandas que recibió la UNCuyo

En 2008, se consultó tanto a referentes de nuestra provincia (dirigentes, directivos o representantes de organizaciones e instituciones de diversos ámbitos sociales) y además, la UNCuyo encuestó a 1.200 casos en todo el territorio provincial.

En esta búsqueda de la mirada externa respecto de la comunidad universitaria, se identificaron múltiples demandas a la Universidad, entre ellas, en cuanto a su rol social. Se destacó la necesidad de una mayor participación e involucramiento de la casa de estudios, tanto en temáticas estratégicas para el desarrollo -medio ambiente, energía, minería, innovación productiva- como en temas de alto impacto social: justicia y seguridad, educación y salud.

En este sentido, las formas de intervención más requeridas por la sociedad son el trabajo junto a otras instituciones para la solución de problemas (66,6 %), identificación de problemas futuros (48,4 %), participación en la elaboración de políticas de Estado (46,7 %).

Entre las conclusiones, se consideró a la Universidad como una de las instituciones que aún conserva su prestigio social. "Se la percibe como un ámbito pertinente y estratégico para definir e instalar en la agenda pública los principales temas provinciales y regionales y también para promover encuentros intersectoriales que propicien el debate y la discusión sobre un proyecto de provincia y de país", dijo el estudio.

La UNCuyo se prepara para elegir a sus nuevas autoridades.

Las demandas que se repiten

Uno de los principales cuestionamientos hacia la UNCuyo tiene que ver con la distancia entre la producción académica y la realidad social. Aunque la universidad desarrolla programas de extensión, investigación y vinculación territorial, distintos sectores consideran que gran parte del conocimiento producido dentro de las facultades no logra traducirse en soluciones visibles para los problemas cotidianos de Mendoza.

Ese fue uno de los argumentos que usó la administración de Javier Milei cuando empezó su gestión e insistió con las "auditorías" a las universidades. Este conflicto fue escalando cuando la Nación decidió no cumplir con la ley de financiamiento.

La percepción de una universidad “encerrada en sí misma” aparece incluso entre estudiantes y egresados. Se cuestiona muchas veces la organización académica, los horarios incompatibles con quienes trabajan- que son el 58% del alumnado- y una estructura pensada para estudiantes con mejores condiciones económicas y sociales.

La democratización real del acceso sigue siendo otra deuda pendiente. Aunque el ingreso sea gratuito, sostener una carrera universitaria continúa siendo difícil para miles de personas. Transporte, alquileres, materiales de estudio y la necesidad de trabajar mientras se cursa siguen marcando enormes desigualdades. Con becas ínfimas por parte de la Nación, los estudiantes reciben cada vez menos ayuda para costear sus estudios.

La universidad pública argentina históricamente defendió el ingreso irrestricto como bandera de inclusión, pero cada vez son más frecuentes las voces que advierten que la permanencia y el egreso continúan siendo privilegios desigualmente distribuidos.

También hubo polémicas recientes vinculadas a decisiones institucionales. La construcción de un muro perimetral en el campus universitario para enfrentar problemas de frecuentes hechos delictivos despertó críticas por el elevado costo de la obra y por lo que algunos sectores interpretaron como una medida de aislamiento frente a los barrios cercanos, que en su mayoría son populares.

De la UNCuyo hacia el Estado

Sin embargo, la relación entre universidad y sociedad no puede analizarse en un solo sentido. Las autoridades vienen advirtiendo desde hace años sobre el deterioro presupuestario, la pérdida salarial docente y las dificultades para sostener investigación, becas y servicios estudiantiles, que se intensificó con el Gobierno de Milei.

La discusión de fondo parece ir más allá de la coyuntura presupuestaria o las disputas políticas. La pregunta central es cuál debe ser hoy el papel de una universidad pública en una provincia atravesada por desigualdades económicas, crisis laborales y transformaciones productivas.

La UNCuyo conserva prestigio, capacidad académica y legitimidad social. Pero la sociedad mendocina parece exigirle algo más que formación profesional: espera una institución más cercana, más abierta y más comprometida con los problemas reales de la comunidad.